"EL PALIACATE" #7, ERPI E L P A L I A C A T E Volumen 1, Número 7, 2o trimestre de 2003 A ESCALAR NUESTRA SOLIDARIDAD REVOLUCIONARIA - ¿Qué hacemos las organizaciones insurgentes ante las agresiones de USA? - ¿Cómo debe de ser nuestro espíritu militante? - ¿Cómo ir más allá del Día Internacional de la Mujer y lograr un verdadero proceso liberador? - Entrevista a compañeros sobrevivientes del PDLP - ¿Cuáles son las diferencias entre la cultura popular y la cultura comercial? Dirección Nacional ERPI Consejo Editorial: Ciro, Ramón, Ramiro, Maíz Equipo Técnico y Gráfico: Dionisio, Marisol, Diana, Elena, Tom, Jerry, Grillo, Piolín, Maíz Consejo de Inspiración Política: Capitán Insurgente José, Ricardo Flores Magón, Gamal Nasser. Estética: René Villanueva, José Guadalupe Posada, Badir Shákir al-Sayyab. ¡CON EL PODER POPULAR, EL PUEBLO UNIDO VENCERÁ! Página: http://tierra.ucsd.edu/erpi Correo Electrónico: erpi@tierra.ucsd.edu NOTA: La inclusión de todos los artículos de esta publicación es exclusiva decisión del Consejo Editorial. El criterio para la publicación es la afinidad de nuestros pensamientos y no necesariamente algún compromiso político de los autores. IMPORTANTE: Esta revista está dirigida a todos los ciudadanos de nuestro país, quienes tenemos derecho a la información, a la libre expresión y a ejercer nuestra libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia (derechos plasmados en los Artículos 6 y 7 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos), y del mundo. Advertimos: La lectura y/o posesión de esta revista no significa militancia en nuestra organización. Por lo tanto, cualquier medida represiva es estricta responsabilidad del gobierno. POR EL MÉXICO QUE SIEMPRE SOÑARON NUESTROS HERMANOS PATRIOTAS CAÍDOS EN AGUAS BLANCAS Y EL CHARCO, PRESTOS A SEGUIR LUCHANDO ========================================================= ÍNDICE EDITORIAL La mujer en México y en el movimiento revolucionario en tiempos de la dictadura universal CÓMO LA VES DESDE 'AI El Imperio se expande a garrotazos y el pueblo organizado se defiende DETRÁS DEL PALIACATE Comunicado #29 Comunicado #5 - Comité Estatal de Guerrero NUESTRO PENSAR El espíritu militante Los campos de desacuerdo nacional HACIENDO CAMINO El Control Militar del planeta Samir Amín El 11 de Septiembre, ¿Fue un trabajo interno? Entrevista a Ralph Shoenman Contra la desesperanza Un compa internacionalista TELESCOPIO La Batalla por América del Sur Heinz Dieterich Steffan CONOCIENDO A... El Baaz en perspectiva PINCELADAS Carta a un guerrillero No es sino Irak Hombres de niebla René Villanueva y la cultura popular Comunsentimina Comunsentimina Fortificada I PASEOS POR EL TIEMPO Entrevista a compañeros sobrevivientes del PDLP MEGÁFONO La carta que quise escribir a nuestro Comandante Lucio Cabañas Barrientos Frenando a la soberbia ========================================================= EDITORIAL La mujer en México y en el movimiento revolucionario en tiempos de la dictadura universal Mujeres y niñas brutalmente asesinadas en el desierto. Gobiernos cómplices e ineptos. Impunidad reinante para los perpetradores de este crimen de lesa humanidad. Voces oficiales que hablan de vacías ayudas humanitarias y jurídicas para resolver el problema. Son situaciones que se viven no solamente en Irak sino que padece aquí mismo en nuestro territorio mitad de la población mexicana. Mientras que el imperio desmenuza a mujeres iraquíes en este último capítulo de su guerra permanente, en México el neoliberalismo y los oscuros intereses que beneficia arremete implacablemente contra los más básicos derechos humanos y sociales de la mujer, especialmente las trabajadoras y campesinas. En los últimos diez años 300 mujeres han sido asesinadas y 3000 desaparecidas en Ciudad Juárez. Muchos de sus cuerpos han sido arrojados en las mismas zonas desérticas luego del mismo y sencillo modus operandi criminal. Pero aun así las ‘investigaciones’ son ‘infructíferas’. Todo apunta a la autoría de las mafias, sean el narco, los traficantes de órganos y/o los productores y distribuidores de los video snuff (videograbaciones de la tortura, violación y muerte de mujeres). Por consecuencia, la mano de la mafia protectora mayor, el Estado, no se puede negar. Ante esta realidad, el gobierno se queda inmóvil insistiendo en viabilizar la perpetuación de este femenicidio. Desacatando las recomendaciones de la CIDH, Fox se niega a tratarlo como asunto de jurisdicción federal, encubriendo así a los criminales que muy probablemente tienen relación con el consentido cártel del Golfo. Su desubicada esposa, la mitad más verbosa de la ‘pareja presidencial’, ni toca el tema pese a su hueco discurso del empoderamiento de ‘sus hermanas’. En el Día Internacional de la Mujer, día que conmemora los sacrificios de mujeres obreras y comunistas a quienes les daría nausea sus palabras, Marta Sahagún, con la ilustración que se ha llegado a esperar de ella, habló de “defender lo que con tanto trabajo hemos logrado en ser y el hacer... No nos confundamos, equidad de género es lograr ese gran acompañamiento entre hombres y mujeres a favor del trabajo digno, del respeto mutuo, del reconocimiento mutuo, del reconocimiento sincero a nuestro proyecto de vida, de caminar de manera conjunta.” Como Cantinflas (cuyas películas bien reflejan la visión de ‘equidad’ de género del gobierno) Sahagún deambula verbalmente para no decir, criticar o proponer nada que pudiera beneficiar a las mujeres. Amonestar el papel activo y los vacuos pronunciamientos de Marta Sahagún no es machismo criollo como lo sugiere su vocero Vicente Fox. Este recurso, que también inescrupulosamente emplean las deshonestas dirigentes partidistas como Amalia García, Rosario Robles, Dulce María Sauri y Beatriz Paredes, entre otras, pretende desviar la atención a la verdadera misoginia que caracteriza la política social del PAN y los efectos del neoliberalismo. Además de desempeñar un papel peligrosamente anticonstitucional en la vida política del país, Sahagún encabeza una ofensiva del oscurantismo contra el estado laico y las protecciones legales que garantizan los derechos laborales, reproductivos, domésticos y civiles de las mujeres. No hay que ir más allá de la actuación de las autoridades panistas en Guanajuato, semillero de los neocristeros, que ilegalmente le negaron a una mujer de diez años mentales el derecho a abortar el producto de un ultrajo. Castigan así a la indefensa víctima sin capacidades intelectuales para el embarazo y la maternidad y, sin embargo, no actúan en contra del agresor que por el solo hecho de tener relaciones con una mujer de diez años es culpable de violación. Igualmente sancionable es la elaboración y difusión de las Guías de Padres que la paraestatal Vamos México está logrando en colusión con la SNTE y TVAzteca. El magisterio y los medios, que deberían defender la educación laica y progresista y el derecho a la información objetiva para el bien común, respectivamente, se esfuerzan en participar en la reaccionaria embestida ideológica que en último término busca debilitar a la ciudadanía y desmantelar los deberes sociales del estado. El retroceso que representan los textos en cuanto a educación sexual, prevención del SIDA y la democratización de las relaciones familiares (predicando la abstinencia, ignorando el uso del condón y represivamente tratando a las jóvenes como borregos en vez de plenos agentes sociales) no son otra cosa que los primeros pasos de regreso a la barbarie. En este esquema, la mujer es la primera que sufre al ser despojada de lo que ha logrado con sus luchas como el “trabajo digno y el respeto mutuo”. El ‘acompañamiento’ aludido por Sahagún se reduce a la subordinación bíblica ante el hombre que manda. Esta barbarie de los legionarios y el Opus Dei cuaja naturalmente con el capitalismo salvaje que el estado impulsa apoyándose justamente en los medios monopólicos y los sindicatos sistémicos. No hay que olvidar la responsabilidad de las mismas maquilas desreguladas en los homicidios de Juárez. Con el ultraconservador Abascal como titular de la STPS, los trabajadores se encuentran en un mercado de trabajo totalmente flexibilizado que permite a las ensambladoras desentenderse de las mínimas prestaciones sociales. Así, las administraciones de las maquiladoras, con el pretexto de bajar costos para elevar la competitividad, han podido eliminar servicios de transporte para las obreras y acentuar su vulnerabilidad. Si el proyecto neoliberal avanza aun más con la entrada en vigor del ALCA, los resultados para las mujeres, al no contar con protección laboral alguna y al desaparecer apoyos mínimos estatales (en lo que a cuidado de niños, salud, educación y alimentación se refiere), serán desastrosos. Es evidente que el capitalismo, que por la miopía de los magnates que demandan ganancias inmediatas siempre se revierte a la crisis del salvajismo, ni es capaz de mantener la paz mundial ni puede garantizar los más mínimos derechos liberales. La mujer, por lo tanto, solo gozará sus plenos derechos cuando se trascienda esta forma de organizar la producción y las relaciones políticas. Pero si la transformación profunda es necesaria para alcanzar esta igualdad, no es suficiente. Tampoco es correcto esperar hasta entonces para intentar de efectuarla. Por estas razones la lucha revolucionaria debe 1) tener una visión estratégica y táctica que conlleve a la paridad en todos los aspectos de la vida, y 2) empezar desde ahora y desde abajo a generar relaciones de género horizontales en los gérmenes del poder popular y dentro de las organizaciones. Está claro a su vez que esto no sucederá sin la participación directa y rectora de las mujeres. Dada la insuficiente presencia femenina en nuestra organización (que sí existe pero no en las cantidades y cualidades deseadas), surgen algunas tareas fundamentales para lograr que más compañeras participen plenamente. Por un lado, se hace necesario encontrar y facilitar los mecanismos para que las compañeras asuman un proceso «liberador», conducente hacia un constante desarrollo y más allá. Por otro, los compañeros tendrían que superar lo que algunos denominan el «machismo-leninismo». También habría que reconocer y reforzar, sin agredir su autonomía y su sujetividad, los esfuerzos liderados por mujeres como las agrupaciones Ni una muerta más y Casa Amiga en Juárez. En estas tareas, las mismas mujeres, siguiendo los ejemplos de auténticas luchadoras como Rosario Ibarra, Aurora, Digna Ochoa, Erika Zamora y todas las demás que se construyen día con día el nuevo mundo, las compas tienen la palabra y a ellas les toca la iniciativa. Cambiando de tema, la situación que se presenta actualmente en el escenario internacional es preocupante ante la abierta amenaza del imperialismo norteamericano a otros pueblos, especialmente en nuestro continente en contra del pueblo cubano y colombiano, lo cual obliga a la izquierda latinoamericana a definir su postura y decidir QUÉ HACER Y NO SOLO QUÉ DECIR O ESCRIBIR. En el caso de nuestra organización, ya hemos decidido qué hacer: escalaremos nuestro nivel de solidaridad con los pueblos del mundo y algunas organizaciones en base al caracter político, ético y revolucionario de sus planes, y estaremos en entera disposición de ir más allá en el caso de ser agredidos militarmente la nación cubana y el pueblo colombiano en lucha con sus organizaciones revolucionarias, mas claro ni el agua. La solidaridad no se regatea ni se pronuncia tímidamente, ni se enfrasca en discusiones que escuden el miedo a ser señalados por el imperio. Señores y organizaciones de izquierda, es momento de definiciones y ACCIONES, NO SOLO PALABRAS. ========================================================= CÓMO LA VES DESDE 'AI El Imperio se expande a garrotazos y el pueblo organizado se defiende Actualmente se corren grandes peligros. Al iniciar el siglo XXI, no solamente está en entredicho el progreso de la humanidad; más alarmante aun es la amenaza que a los amos del mundo se les ha ocurrido extender contra la misma existencia de la humanidad. El imperio vuelve a golpear. Esta vez el golpe que está dirigido a un pueblo, desgraciado pero resistente, tiene un blanco mucho más amplio: con la invasión y conquista de Irak, los Estados Unidos pretende imponer un dominio absoluto del planeta para apuntalar su economía que flaquea y su crecientemente cuestionada hegemonía... EEUU, comandado por un mediocre alcohólico y fanático religioso que asegura conversar con un dios que le patrocina sus visiones racistas, militaristas y expansionistas, pretende, como se ha dicho sin exageración, imponer la dictadura universal. Al ya no poder asegurar su dominio por medios políticos y económicos, el imperio apela a la inédita noción de la guerra preventiva—lo que resulta en realidad en una guerra permanente. De este modo, cuando el Consenso de Washington comienza a perder fuerza, se propone quebrar las instancias multilaterales que mínimamente han defendido la legalidad internacional y atajado el poderío de las superpotencias (principalmente la ONU), y desatar una serie de intervenciones militares que reconfiguren el mapa del mundo en beneficio de los grandes cárteles corporativos. El plan imperial consiste en deshacerse de las restricciones a su expansión, acabar con las soberanías de los países en sus miras y apoderarse de sus riquezas para así reoxigenar su economía y al mismo tiempo frenar y/o dividir a potenciales bloques rivales. La guerra ‘preventiva’ contra Irak se libra en nombre de la democracia y de los derechos humanos y en respuesta al ataque del 11 de septiembre. Pero su perpetrador es justamente el mayor estado terrorista en la historia cuyo gobierno actual se tomó el poder, al más puro estilo bananero, por medio de un golpe de estado con la ayuda de una mafia contrarrevolucionaria y narcotraficante. Es el estado que por más de una década, según expertos como Ramsey Clark (ex funcionario de gobierno) y Scott Ritter (ex inspector de la ONU y declarado conservador republicano) ha instrumentado un verdadero genocidio, justificándolo con el argumento de armas de destrucción masiva que llanamente no existen. Es además el estado que más armas vende al mundo, el que surte de armamento nuclear y químico-biológico y apoya incondicionalmente al estado más peligroso de la región, y el estado que envenena a sus víctimas (y a sus propias tropas) con residuos tóxicos como el uranio empobrecido. En esta guerra, se ha empecinado en quebrantar cuanto convenio internacional ha podido. Los peores casos son los deliberados ataques a la población civil (con mísiles tomahawk y bombas de racimo—armamento expresamente prohibido por las normas bélicas). ¿Pero cuáles, entonces, son las verdaderas razones? El modelo neoliberal ha conducido la economía mundial cerca del precipicio: las economías del Sur son desmanteladas (algunas hasta sufren implosiones) mientras que el motor yanqui se encuentra en una crisis de estancamiento productivo. Solo hay que voltearse hacia Argentina para apreciar los dramáticos estragos de este modelo desarticulador. La economía gringa tampoco se ha librado. A pesar de las milagrosas tasas de crecimiento de los 90 ingeniadas por Clinton y el gurú de su banco central Greenspan (alquimia financiera finalmente alcanzada por la imperdonable realidad), la salud de su sistema productivo no está nada de bien. Actualmente EEUU presenta un doble déficit, comercial por 500 mil millones y fiscal por un billón y medio de dólares. Sencillamente, la burbuja financiera, que promovía un supuesto crecimiento sin fundamentos concretos e insostenible, tronó, dejando al descubierto los agujeros del ‘milagro’ de los noventa. Un dólar debilitado frente al euro, el colapso de la nueva economía basada en tecnologías como el internet y los escándalos de las gigantes enérgicos y de comunicaciones (como Enron y Worldcom—las gaseras y eléctricas deben casi 500 mil millones de dólares) son sólo algunos de los resultados de haberle apostado a la especulación financiera en detrimento del crecimiento productivo real. Para obviar la crisis (es decir para prolongar la etapa de colapso o más bien de decadencia imperialista), EEUU se propone desatar una abiertamente militar intervención permanente contra muchos países, posesionándose así de sus recursos e intentando artificialmente restablecer su hegemonía. Esta campaña contiene señales claras del neo-mercantilismo imperial. La primera agresión contra Afganistán fue bastante demostrativa y no debe sorprendernos su relación con la pútrida Enron. Esta empresa, una de las mayores contribuyentes tanto al partido Republicano como al igualmente imperialista Demócrata, es la quintaesencia de la piratería del capitalismo salvaje gringo. Además de presionar por y provocar el derrumbe del sector eléctrico de California (inventando escasez para justificar absurdos aumentos de tarifa—nos suena ¿no?), desfalcó, con asistencia de los grandes bancos y contadoras, a sus trabajadores y accionistas para enriquecer a sus parasitarios ejecutivos. Encontrándose en serios apuros (con repercusiones catastróficas para la economía gringa, debido a las dimensiones del robo), se apoyó en la presión de su (el elemento posesivo es literal) gobierno para ganarse un multimillonario contrato para una planta generadora en la India. El combustible para la generación de luz sería gas natural del Cáucaso. Pero Enron, para que se materializara su rescate, necesitaba mover el gas de la región del Caspio hasta su destino final—es decir, requería un gaseoducto que atravesará Afganistán y Pakistán. Entra en escena la infame e igualmente influyente petroconstructora Halliburton (cuyo jefe efectivo sigue siendo el vicemperador Cheney y cuya filial, Kellogg, Brown and Root, se ha ‘ganado’ lucrativos contratos para la reconstrucción de Irak). Para Halliburton, el proyecto enfrentaba un solo obstáculo—el gobierno afgano ‘anti Occidental’ de lo Talibanes que los yanquis habían apoyado por años. La primera táctica empleada por los gringos fue la de intentar continuar con la amistad (convertirlos en ‘sus’ hijos de perra); en el 1997, cuando los Talibanes tomaron pleno control de Afganistán, lo primero que hizo la Secretaría de Comercio gringa fue invitar a una delegación a Houston, sede de Enron, Halliburton y los Bush, para endulzar a los nuevos dirigentes fundamentalistas con mujeres, vinos y hoteles lujosos. Para el 2001, sin embargo, era claro que no se obtendría la aprobación para el megaducto salvador de Enron. Se sabe que en agosto de ese año, un mes antes del 11 de septiembre, la administración Bush amenazaba con atacar la empobrecida nación para conseguir el permiso. Se optaba por el recurso de los tanques Abrams y los helicópteros Apaches para conseguir lo que no pudieron con prostitutas, prebendas y préstamos. Fue el estreno de la nueva guerra permanente por medio de la cual el imperio utiliza groseramente su fuerza para resguardar los intereses de las grandes empresas energéticas y armamentistas y para realzar su posición hegemónica al detrimento de las soberanías de los pueblos y de sus rivales. La actual agresión es contra Irak que tiene la segunda (y hasta la primera piensan algunos especialistas) reserva de petróleo del mundo. La conquista de Irak representa una renta para las petroleras angloestadunidenses, las mayores fuentes de financiamiento del binomio republicano/demócrata. Hablamos sobre todo de BP Amoco, Exxon Mobil y Chevron Texaco. El hecho de que esta última empresa es la patrona de Condeleeza Rica (Consejera de Seguridad Nacional de EEUU y una de las artífices de la actual guerra) y que haya suspendido sus operaciones en Irak, con todo y armas de destrucción masiva y tiranía baazista, sólo un par de semanas antes de la invasión exhibe los verdaderos intereses de Washington y la intimidad que existe entre los halcones del Pentágono y las multinacionales. Asimismo, el hecho de que el Ministerio de Petróleo Iraquí haya sido el único que se libró de los bombardeos y los saqueos es una cruda y negra señal del planeado pillaje. En todo caso, la invasión tiene designios más amplios. Despojando y privatizando el petróleo iraquí, el imperio dominará las reservas y el mercado mundial de crudo. De paso revienta a la OPEP, impidiendo el evidente ascenso comercial del euro frente al dólar e inflando artificialmente la incontestablemente insalubre economía gringa con nuevas rentas petroleras. Además, la guerra implanta al imperio más sólidamente en las regiones medioriental, cáucasa y pérsica, ricas todas en cruciales materias primas. Aprovechan para asestarle un golpe mortal al nacionalismo árabe (mensaje con dedicatoria especial al pueblo palestino), reafirmando definitivamente al sionismo y a Israel como estado policial de la región. El golpe mortal a Irak soberano también doblegó a sus principales estados rivales, Rusia, la UE y China. Finalmente, fue una exhibición de su capacidad asesina a los pueblos que aun resisten y de su decisión sin recato de emplearla. Es un escaparate del nuevo armamento de alta tecnología aterrorizando al pueblo iraquí le enseñó al mundo entero lo que tendrá que enfrentar en este nuevo capítulo de agresión permanente imperialista.. En suma, la invasión de Irak es la segunda (después de Afganistán) en una serie de agresiones, de ahora en adelante constantes, contra los pueblos del mundo por parte de un imperialismo en decadencia pero altamente destructor que impone su hegemonía con fuerza cruda. Al tiempo que la recolonización de la región le entrega el control de los recursos (petróleo, agua, recursos genéticos, etcétera) a manos de trasnacionales con casa matriz en el norte, la guerra posiciona a EEUU como amo del mundo. Tal como el ‘libre’ comercio neoliberal es una guerra económica, esta guerra es la continuación lógica de la política colonizadora neoliberal. Por lo mismo, no sorprende que un mes después de ‘concluida’ la ‘guerra’, Bush anunciará su plan paralelo para la región: crear un área de libre comercio para Medio Oriente. El plan neocolonizador no es nuevo. Hace doce años, inmediatamente después de primera guerra del golfo, los zionistas neonazis Lewis Libby (jefe del Gabinete de la vicepresidencia gringa) y Paul Wolfowitz (corrupto jefe de los asesores del Pentágono), concibieron la “balcanización del Medio Oriente a partir de la fragmentación de Irak con los fines antes expuestos. Al mismo tiempo, la guerra será larga; es la guerra permanente. O como lo dijo el mismo Bush “la guerra contra el terrorismo será eterna”[1] Pero sus oscuros planes de continuas guerras ‘preventivas’ contiene en su seno el germen de su propio fracaso. Como se ha dicho, la locura yanqui es de hecho la inexorable dinámica de la fuga hacia delante. Primero, las guerras no son financiables. De entrada, se calculó el costo de esta campaña en 200 mil millones de dólares. A esto hay que agregarle los 75 mil millones adicionales que Bush le robará al pueblo estadounidense y los adicionales costos de una problemática administración colonial. Estos gastos adicionales coinciden con reducciones del impuesto a la renta y otros aumentos fiscales. El resultado es el crecimiento del déficit y un dólar más debilitado aun. Tomando en cuenta la fragilidad de la economía gringa y la recesión que la misma guerra generará, el estado fiscal de EEUU sencillamente no soportará las invasiones. Segundo, la búsqueda de rentas conquistadas en lugar de la creación de más infraestructura productiva que genere crecimiento verdadero sólo profundiza el espiral hacia abajo. Así, el imperio, bajo el pretexto de la amenaza terrorista, se ve obligado a planear más invasiones; vendrán otros ataques contra Siría, Irán, Corea del Norte y otros estados canallas. Por último, y como consecuencia, la desbocada estrategia militarista sólo produce una creciente oposición, es decir que un creciente cuestionamiento y hasta enfrentamiento a la bruta imposición de la hegemonía imperialista. Ante el devastador terror desatado por el nuevo fascismo (dirigido por dementes, multiplicando así el peligro que representa) que subordina a todos y que pone en juego la mismo supervivencia de la tierra, es interesante estudiar las reacciones de los gobiernos y de sus pueblos. Lo que algunos vieron como una oposición de otros gobiernos poderosos y la base para una alternativa al imperialismo yanqui terminó siendo un oportunismo cómplice y una voluntaria subordinación. La verdadera oposición vino de una rebelión popular y cívica, en ascenso desde abajo. Las esperanzas derivadas de la oposición de Francia, Rusia y China a una resolución hispano-anglo-gringa en el Consejo de Seguridad de la ONU que autorizara una intervención resultaron falsas. Se vislumbraba que esta posición (apoyada también por Alemania) manase, en el peor de los casos, del juicio geoestratégico del jaque a su desarrollo que la maniobra imperialista implicaba, y en el mejor de los casos, de una visión alternativa y más civilizada de las relaciones internacionales. Era lógico que Rusia, China y el bloque europeo comprendieran que el expansionismo belicista de EEUU minara sus proyectos histórico-nacionales, bloqueándoles recursos esenciales y sometiéndolos dentro de la reconfigurada jerarquía mundial, y que plantearan un nuevo orden multipolar, una alternativa al neoliberalismo imperante que le permitiera a los países pobres espacios independientes. (Con el control yanqui de sus clientes de Europa Oriental, de la región pérsica, de las ex-repúblicas cáucasas y de Pakistán, Rusia, por ejemplo, se queda sin posibilidad de desarrollo autónomo. Asimismo, China tiene que entender que una próxima agresión a Corea es más que nada un ataque contra ella misma.) Sin embargo, como era de esperarse de países controlados por mafias neoliberales, no se produjo tal lúcida oposición. Las tímidas reservas y luego las cómplices congratulaciones que le siguieron a la invasión, demostraron que a las élites europeas y rusas les preocupaba más las posibles ‘violaciones’ a sus contratos de exploración y transportación del crudo iraquí que las violaciones a los derechos humanos. La invasión anglo-yanqui y la reorganización del país amenazaban la vigencia de estos contratos. Afortunadamente para (el falso eje que optimistas esperaban que se materializara) Francia-Alemania-Rusia, la resistencia iraquí le abrió una oportunidad. Temiendo enfrascarse en un nuevo Vietnam, EEUU accedió a un arreglo mediado especialmente por el gobierno ruso. Sencillamente se dio la orden de levantar la resistencia (testimonios de incrédulos soldados iraquíes dan cuenta de que las brigadas de la Guardia Republicana fueron enviadas a casa justo antes de enfrentarse a los marines quienes entraron sin problemas a Bagdad), de permitir que Hussein se esfumara (recordemos que la captura de este ¿ex? aliado jamás fue un objetivo real) y de no desmantelar el reciclable aparato burocrático del Baaz a cambio de unas tajaditas del botín para los ‘pacifistas’ Europeos. Si bien los ocupantes se han adjudicado la mayoría y lo sustancioso de los contratos petroleros y de reconstrucción, no ha de sorprender que anuncien subcontratos para firmas europeas, que los contratos preexistentes con Rusia se respetarán y que por ejemplo Alemania esté pidiendo, junto a EEUU, el levantamiento del bloqueo contra lo que era Irak. Es crítico examinar el papel en todo este embrollo del gobierno de México, estratégico país petrolero que tiene justo encima unas bototas tejanas cuyas pisadas obedecen a los capitales de Wall Street. Recordemos que después de 70 años de estabilidad antipopular priista, el modelo neoliberal diseñado por los businessmen del norte y sus amigos de Fox (que son aun más cuates de Cargill, Monsanto, Dupont, Coca Cola, PepsiCo., Nestlé, Enrón, Boeing, Exxon, Texaco, Halliburton, etc.) optaron por romper los esquemas. Llegó el gobierno del cambio y cambió... de retórica: abiertamente nos advirtió que ahora se gobernaba para y por los capitalistas aliados a las transnacionales a las que había que abrir terminalmente nuestra economía para que saqueen sin barreras. Y no se conformaron con arrasar con nuestros recursos y destruir nuestra cultura (fines que generalmente van de la mano—véase sino el saqueo del patrimonio histórico de la antigua Babilonia). También pervirtieron nuestras tradiciones en asuntos internacionales. El primer paso fue buscar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Desde allí se podía proyectar nuevas actitudes injerencistas y medidas anti-pacifistas en el ámbito mundial. Y esto siempre con tal de lubricarle el camino a la maquinaria imperialista. Al parecer, el deseo de ocupar tal asiento no era sólo afán castañedista de protagonizar; obedecía a la necesidad de EEUU de tener su lugarteniente en esta entidad previendo las pruebas diplomáticas que sus planes de dominio generarían. Más que los intentos de contrarreformar el sector energético (entregar nuestros recursos naturales a las petroleras gringas), el código laboral (desnudar al trabajador ante la maquila), el presupuesto (garantizar el pago de la perniciosa deuda y el fraude bancario), y del Plan Puebla Panamá (terminar de convertirnos en patio trasero de EEUU), la política exterior actual de Fox es la más irrefutable evidencia de la sumisión ante el imperio. El mismo papel de Fox en el preludio a la invasión se caracterizó por el cambio. Se permutan principios y posturas de la forma más cobarde y prostituyente. En febrero y desde Europa ‘nuestro’ pusilánime presidente no pudo más que compartir las posiciones más razonables y ‘multilaterales’ de sus anfitriones. No se atrevió a expresar su servilismo proyanqui. Además aprovechaba para no echarse encima la firmemente antibelicista opinión pública que ya le reclamaba lo del TLC, el Amigate y tantas reivindicaciones más. Por la crucial tarea que le había asignado Bush (reiterado posteriormente por el Tío Tom Colin Powell del ghetto negro en el Bronx, siervo del Tío Sam de la casa Blanca en Washington; Tony el coco—café por fuera y blanco por dentro—Garza; el terrorista Otto ‘Tercer’ Reich y Bush padre, antes jefe de la CIA y por tanto de Bin Laden y Hussein y todavía jefe de empresas petroleras) tenía que contener la tormenta civil en casa. No tardó mucho, sin embargo, en matizar lo de la promoción de la paz; la paz se garantizaría eliminando ‘la amenaza a la paz mundial’ que ese señor tirano Hussein representa, nos dijo. Así de fácil y así de desfachatado, el vuelco estaba dado. Si bien Fox se salvó de tener que votar en el Consejo de Seguridad y aprovechó la declaración de conquista unilateral para presumir de una postura multilateral y ‘por la paz’, su sumisión a EEUU quedó manifiesta. Hay que decir que jamás denunció la agresión y que ligerito se disciplinó, convirtiendo a PEMEX en el primer proveedor gringo durante la invasión, entregando a Washington la vigilancia y eventual defensa de la frontera y puertos y abocarse al suministro de ayuda humanitaria (que de hecho fue utilizada como arma chantajista por los invasores). Resulta importante mencionar que esta vigilancia draconiana se viene intensificando desde el 11S. Últimamente, el gobierno mexicano ha estado aumentando sus operativos antiinmigrantes contra indocumentados en su paso hacia EEUU. De por sí, ya dentro de la estrategia de los gringos para protegerse de futuros ataques en su territorio, se violan los derechos humanos de cientos de miles de ciudadanos mexicanos, centroamericanos, asiáticos y especialmente aquellos de procedencia árabe. El gobierno derechista foxista pone de su parte, cumpliendo con la tarea de velador de patio a los gringos de la forma más inhumana y zalamera posible. De esta manera, la diplomacia antijuarista se subordina a la política xenófoba de seguridad interna de EEUU. En el caso de Irak, la verdad es que el gobierno contribuyó al programa imperial y prueba de ello fue la obediencia ante el decreto emitido por el embajador sin ambages Negroponte de que los demás países ya no tenían nada que hacer salvo tareas humanitarias, avaladoras de la agresión. Más disciplinado aun fue el patético papel en el Consejo de Seguridad de Aguilar Zinser quien se encargó de que la invasión no sólo no fuera condenada sino que ni si quiera fuera puesta a discusión. Así, con una calcomanía de una nube-hongo en la frente, Fox ahora se jacta de haber embarrado por siempre nuestra selectivamente honorable tradición diplomática, sumiendo la patria en el descrédito. Si los Chirac y Schroeder tuvieran ellos mismos vergüenza, se asombrarían ante este patético charlatán. Para las autoridades faltaba lo más difícil (aunque lo más prescindible para los insospechosos de arriba que cuentan con el yugo de la pantalla de CNN y localmente con las de Televisa y TVAzteca): convencer a la gente de a pie. Los argumentos proferidos por Fox, (junto a los huecos votos de trabajar por nuestra esperanza de su Martita—la pareja presidencial pretende lavar cerebros además de lana), demuestran su desdén por nuestra capacidad intelectual. Como siempre, humildes ante el extranjero pero soberbios con el pueblo. Fijémonos. Primero, por medio de Canales, el gobierno intentó utilizar el argumento con el que Castañeda ya quiso humillar al país: hay que aliarse con los gringos porque son nuestros principales socios y la ética no tiene cabida en los negocios. Es decir, trataron de justificar tan grave sumisión con la reedición del axioma dicharachero que invoca a votar por el ricachón por la chamba y las prebendas que otorga. Y qué más repugnante cobardía que la declaración conjunta con el delegado chileno a la ONU: que los permanentes patrones se pongan de acuerdo, no nos presionen a nosotros para que nos pronunciemos, revirtieron aventando la papa caliente de su responsabilidad diplomática. Ya que en México no somos más que unos chiquillos de la liga menor, pareció decir Derbez, dejen que los adultos de la liga mayor decidan. Lo que muchos aceptaron como resistencia a los países poderosos no fue más que la admisión de la subordinación de países tercermundistas que debieron de ejercer el ideal de la igualdad entre naciones. Más deshonroso todavía fue el último argumento de Fox antes de que lo salvara la campana azoriana: el ataque es inminente; al oponernos no detendremos la guerra y sobre todo no ganamos nada. Si nos disciplinamos, en cambio, allí sí que ganamos algo. ¡Y cómo ganaremos! Si hasta más recursos para el campo derrochará el alza del precio del crudo. ¡Vaya estadista que, peor que en la Merced, hace cuentas alegres y nos oferta canjear migajas por vidas de infantes y soberanías de naciones! ¡Guárdese, Mr. Fox... sus morbosas gangas! Y es que un grandilocuente Fox encaramado en un nopal no es lo mismo que un zorrillo postrado ante un Bush. Tal vez piensa el zorro que parapetándose detrás de un expansionista arbusto se asegura la vida y un abundante porvenir. Pero le recordamos que con esa actitud de entrega, no se garantiza nada. Al contrario, todo se pierde, desde nuestras riquezas hasta nuestra soberanía, pasando por nuestra dignidad. El estúpido y amnésico oportunismo de Fox que busca espurios beneficios inmediatos no hace más que anclarnos en una secular y patológica dependencia. Tarde o temprano, el imperio, por las buenas o por la fuerza, vendrá por lo suyo. Cuando dijo Bush “He hablado con Vicente Fox... para tener petróleo que enviar a Estados Unidos [y] así no dependemos del petróleo extranjero”, no se trataba de sus típicos tropiezos semánticos. Era más bien la admisión de un componente del proyecto de dominación mundial. Ahora Bush se esfuerza por conquistar la segunda reserva mundial de petróleo, por dominar la rica región del Asia Central, por dividir a Europa y cercar a China para así cimentar la supremacía de EEUU. Pero el proyecto imperial no se limita a estas locuras belicistas que de paso truenan muy premeditadamente a la ONU. La intervención imperialista en Venezuela es evidente. También lo es el plan por desatar una crisis, que lleve a un camino sin retorno, con Cuba. Las intenciones de anexar a México fueron expresadas por los congresistas gringos al exigir el trueque de PEMEX por un acuerdo migratorio.[2] Es imperativo comprender que este chantaje, que oportunistamente denunciaron Fox, Martens, Derbez, Creel y toda la clase política mexicana, no es solo una ocurrencia de las perversas mentes gringas. Va entablada dentro del proyecto compartido por la oligarquía mexicana y sus representantes. Como nos recuerda Saxe-Fernández, lo que quieren los capitales de EEUU no es necesariamente apropiarse de todo PEMEX; buscan acceso a inversiones y además asegurar la riqueza de nuestro subsuelo, lo mismo que pretende Fox. Además, recordemos que la Comisión de Relaciones Exteriores de donde salió la denigrante propuesta es camada de amigos de Mr. Castañeda. Lo que se pretendía (tanto allá y acá) era sacar el tema de la manera más burda para después abordarlo más ‘razonable, sutil e inocentemente’ como lo hizo de inmediato el ministro Martens quien recordó que sí efectivamente requerimos de inversiones privadas en PEMEX. Mientras que Fox le abre paso a la invasión norteamericana de Irak, aquí en México le abre la puerta a sus capitales para que se apoderen de nuestros mercados, nuestra mano de obra, nuestros recursos naturales y nuestras sistemas productivos. Y en la medida que desmantelan nuestra economía, van desmantelando nuestra democracia. Porque, como advierte Arudhati Roy, el imperialismo, “para llevar a buen término los negocios de más cercanos a su corazón, para corporatizar los cultivos que cultivamos, el agua que tomamos, el aire que respiramos, los sueños que soñamos... requiere de una confederación internacional de gobiernos leales, corruptos, autoritarios en países más pobres, para que pongan en práctica reformas antipopulares y sofoquen los motines.” Ese precisamente es el papel de Fox que lleva la delantera en esa confederación de subordinados. Es difícil pensar en un gobierno más leal al de EEUU, más corrupto, que se empeñe en implantar o resguardar más ‘reformas’ antipopulares y que presida un país más empobrecido. Y para sofocar motines, no se encuentra en el mundo quien lo haga con más delicadeza. Las guerras imperialistas de conquista son primas hermanas del neoliberalismo que hoy nos estrangula. Ambos monstruos amenazan la existencia del planeta. Como en Irak, en México los daños colaterales se multiplican. Así, mientras que en la ONU el gobierno cambia de bando para demostrar su lealtad al imperio, en el México de cada día, se da el cambio para que la Fundación Vamos México, a cargo de la otra sonsa mitad de la pareja presidencial, despedace poco a poco la educación laica y pública y convierta las obligaciones sociales del Estado en limosnas caritativas. Para que el Big Brother y las guías de (poca) madre y padre terminen con nuestro pensamiento independiente y crítico. Se da el cambio para que la negociación con los campesinos para reestructurar las relaciones agrarias no sea más que un intento de desinflar lo que podría convertirse en una gran fuerza autónoma por el cambio y terminar de una vez de entregar nuestro sistema alimentario a los consorcios agroindustriales y biotecnológicos de EEUU. Se da el cambio para que, deteniendo a una pieza clave en el desfalco más escandaloso de la historia, se consagre y legalice la piratería sepulturera del capital financiero en el IPAB. Se da el cambio para que se siga militarizando al país y desprotegiendo los derechos de los pueblos indígenas para proteger los suculentos megaproyectos para los inversores del norte. En fin, se da el cambio para que el gobierno le repague a las transnacionales lo que les debe por financiar su campaña: nuestra soberanía. Sumamente preocupante es el hecho de que todas las estructuras del estado y la clase política enterita colabora, por omisión o comisión, en esta subordinación. Un ejemplo, ya mencionado, es la integración del país a la visión de seguridad nacional y ‘antiterrorista’ de EEUU. Nuestros puertos, aduanas, hospitales, etc. se organizan para caber dentro de este plan imperialista. Además, se vuelcan las fuerzas represivas al ataque de los luchadores sociales y las organizaciones populares y rebeldes, insertando la política contrainsurgente en la estrategia antiterrorista mundial. Es decir, de ahora en adelante, las luchas populares se equipararán a los atentados de Al Qaeda que por definición involucran al policía mundial. La nueva embestida de los aparatos represivos tendrá detrás de sí la fuerza de la guerra permanente imperialista. Entonces, detrás del manto de la apertura, la negociación y las elecciones libres, hay que saber leer las nuevas amenazas. Cuando Creel, después de firmado el acuerdo agrario, declaro que “ya nadie tendrá justificación para quebrantar la ley”, en realidad decía que quien se inconformara y protestara no es más que un terrorista cuyas acciones serán duramente castigadas. La venta del padrón electoral a Choicepoint es parte de lo mismo. Esta firma, que fue instrumental en el fraude electoral de Bush en la Florida, es un rama privada de la inteligencia norteamericana cuyas operaciones son sancionadas por la nueva Ley de Seguridad Interna (Homeland Security Act). Que el padrón haya terminado en las manos de la empresa que le conduce legalmente el espionaje interno al estado yanqui no es coincidencia. El padrón fue entregado con la anuencia del gobierno mexicano para facilitar la vigilancia, gran parte electrónica, de nuestra ciudadanía por parte de la inteligencia gringa que va integrando sus monstruosas bases de datos con información de todos los individuos del mundo. No solamente es el gobierno incapaz de asegurar nuestros derechos y privacidad, los entrega a los nuevos esquemas orwellianos de control directo. El cada vez más abierto y comprensivo trabajo del FBI y la CIA en asuntos de inteligencia y seguridad es una inobjetable violación a nuestra soberanía avalada por el estado contrainsurgente. Es claro y evidente que no hay documentos gubernamentales a los que las corporaciones de inteligencia gringas no tengan acceso a pesar de las leyes que debieran proteger la información. Se han dado varios casos, ya denunciados por compañeros que han sido interrogados bajo tortura, donde les han mostrado las fotos del padrón electoral para que identifiquen y delaten a otros compañeros. Los señores del IFE, los guardianes de esta información en teoría, tendrán nuevamente que darnos una respuesta: ¿quién les dio a los torturadores esta información que debiera ser confidencial? Frente a estos hechos, la clase política no hace nada. Mientras que se congratulan por la nueva imparcialidad e independencia del IFE, los partidos políticos no retan de modo alguno el proceso de extranjerización que se lleva a cabo en las áreas económica, diplomáticas y de seguridad. Los partidos de oposición ya no ocultan su naturaleza sistémica. El PRI sigue siendo pilar fundamental del modelo que en los hechos cogobierna. Juega el papel de interlocutor siempre dispuesto a negociar y cooptar. Sus organizaciones campesinas, el SNTE (con Gordillo a su cabeza) y el CT controlan a las bases para que el gobierno pueda profundizar el neoliberalismo excluyente a cambio de puestos e impunidad. Con el PRI siempre está presente la posibilidad de un pacto legislativo que autorice las reformas laborales y energéticas. El PRD no se queda atrás. Su alejamiento de las bases ya concluyó; no es más que un partido que se busca un mejor posicionamiento parlamentario con el cual no cuestiona en lo más mínimo las reglas del juego. En vez de salir a las calles a estimular la lucha de masas, se contenta en aplaudir las simulaciones nacionalistas de Fox y en excluir su base militante de los procesos de elecciones internas. El resultado es el previsible. Cada día, los mexicanos creemos menos en las luchas parlamentarias e institucionales. Las elecciones del estado de México es una radiografía de este fenómeno. Mientras que la correlación de las fuerzas electorales casi no cambió (no importa, porque no hay nada de fondo en juego), la gente sencillamente no acudió a las urnas. El abstencionismo fue de 60%, una mayoría aplastante. Y el PRI y PRD festejaban sus reconquistadores triunfos; es natural, porque las fuerzas sistémicas ganan cuando el pueblo se desanima, se desactiva y se desarticula, dejándoles el manejo político del país. Se prevé lo mismo para las elecciones de julio y las presidenciales del 2006. Es revelador que el PRD finca sus esperanzas en la popularidad de dos pisos de López Obrador, reduciendo su ‘programa’ a lemas simplones y cancioncitas pegajosas. La gente se va dando cuenta (¿cómo ignorarlo?) que la lucha parlamentaria e institucional, condicionada ineludiblemente por el neoliberalismo/imperialismo, no ofrece soluciones. Las multitudes que renuncian a estas formas crecerán progresivamente con cada bofetada que les propine el modelo—los próximos en indignarse serán los campesinos honestos que creyeron en la palabra del ejecutivo y de sus dirigentes). A este pueblo utilizado, desmovilizado, desilusionado y denigrado hay que ofrecerle un espacio de participación y un programa coherente y viable. No se trata de conducirlo desde arriba sino de acompañarlo, desde sus realidades, con ideas, tácticas y métodos democráticos y horizontales. Hay que procurar que las energías populares no desemboquen en pequeñas guerras fratricidas, de ejidatarios contra comuneros, de oaxaqueños contra chiapanecos, de antorchistas contra larcistas, etc. Hay que liberarlos de la influencia de sus dirigentes (instrumentos del ‘divide y vencerás’) y canalizar sus anhelos por la justicia. La experiencia se reproduce por doquier. El caso Brasileño (junto al Ecuatoriano) es paradigmático. En ambos casos, políticos de ‘izquierda’ y ‘populistas’ ganaron fácilmente las elecciones presidenciales en que la gente se pronunciaba por cambios profundos que se tradujeran en el fin del modelo neoliberal. En ambos casos, sin embargo, los nuevos gobiernos pactaron con los organismos financieros internacionales y con Washington, redujeron el gasto social para garantizar el pago de la deuda a cuesta del sacrificio popular y persiguieron/silenciaron/enajenaron los elementos más críticos de sus partidos o coaliciones. Lula, por ejemplo, al estilo más autoritario (al que su predecesor ultraneoliberal, Cardoso, jamás llegó), reprime a los sin tierra que exigen que cumpla con la prometida reforma agraria y purga al PT de los militantes críticos. Entre su elección y su inauguración, los personeros de Lula le aseguraron al EEUU que negociaría dentro del ALCA; poco después, el representante de asuntos comerciales Peter Allgeier asentó: “podremos trabajar con la nueva administración...” Aun antes, durante su campaña, Lula repudió el referéndum que el MST organizó y en el que 95% rechazo el tratado, llamando a negociar un perfeccionamiento del ACLA. El PT firmó un acuerdo de ajuste estructural con el FMI al punto que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en su reunión conjunta de abril volvieron a elogiar a Brasil, a Lula y a su gobierno por su política económica y a exigir que lo antes posible el país reforme el sistema de seguridad social y otorgue independencia al Banco Central (siendo su presidente, nombrado por Lula, nada menos que el ex ejecutivo en jefe del transnacional Bank of Boston). Una gran diferencia entre esas dos experiencias y otras es que los impulsores más importantes de los presidentes fueron movimientos populares y radicales (la CONAIE en Ecuador y el MST en Brasil) que lejos de desactivarse (o dejarse desactivar) siguen, masivamente, en pie de lucha. La polarización entre las cúpulas partidistas y las bases movilizadas se acentúa y los resultados serán aleccionadores. También hay que estudiar la experiencia argentina. A un año y medio de que el pueblo en las calles y desde las asambleas depusiera enfáticamente al entonces presidente De la Rua, se sabe que Kirchner, correligionario de Menem, será el presidente. Si bien es acérrimo enemigo de este último, fue una pieza clave del sistema político que llevó al país a la ruina socioeconómica. Es justicialista ‘progresista’ pero no piensa modificar las reglas del modelo. Por muchas razones, las fuerzas populares no pudieron conducir el proceso, abdicando, en cierto sentido, a la iniciativa que les perteneció en su momento. Sobre todo, hubo falta de unidad. Los grupos (grupúsculos algunos) de la izquierda revolucionaria se adueñaron de las discusiones y deliberaciones de los piqueteros y los colonos. Al perder su floreciente protagonismo ante los estériles debates de las vanguardias, la gente se fue a sus casas. Como programa que aglutinara y avanzara, no se pudo ofrecer, entonces, nada. De esta forma, el sano y combativo “¡que se vayan todos!” no se pudo suplir con un proyecto de cambio que viniera desde abajo y que respetara las iniciativas autónomas del pueblo (que por cierto, aun existen, como la autogestión productiva de los trabajadores que se tomaron muchas fábricas, y jugarán un papel fundamental en el desenlace de la crisis). Se puede volver a Irak para ilustrar la importancia de un proyecto de poder popular que no esté supeditado a las dinámicas parlamentarias y cupulares. El desplome de la resistencia iraquí, que sí fue heroica y antiimperialista, demuestra la debilidad que producen en los pueblos los regímenes o partidos vanguardistas y totalitarios. El impulso de defender al país no pudo sostenerse independientemente cuando el régimen pactó con el agresor. Era tanto el odio a Hussein y/o la falta de autonomía de la ciudadanía que ésta no pudo, por sus propias fuerzas, mantener su resistencia ante el agresor. Es interesante que donde más efectiva fue la resistencia fue en las áreas chiítas, ahí donde más endeble era el dominio del Baaz. Si bien es cierto que la oposición chiíta está muy vinculada al estado iraní y que tiene estructuras político-religiosas muy verticales, también es verdad que la organización de las bases desde abajo es muy fuerte. La historia reciente de Irak, además de ser un degradante capítulo del imperialismo yanqui, nos subraya que las vanguardias y los regímenes autoritarios (con todo y sus asquerosos cultos a la personalidad) no producen los movimientos y las bases revolucionarios que puedan realmente construir el nuevo hombre y la nueva sociedad y que sepan defenderse del imperialismo y la contrarrevolución. Se oye decir que al imperio y a las oligarquías ya no los para nadie. Que se lo digan a los 30 millones que se pronunciaron el las calles contra sus guerras de conquista, aquellos (nosotros todos, pues) que rechazan la lógica albrightiana de que el petróleo vale los millones de sacrificados iraquíes y que se rehusan a aceptar la destrucción de la posibilidad que los pueblos determinen sus destinos y la muerte de nuestra madre tierra. Como ellos, los compas del ERPI, por más que nos alarme la realidad, no creemos que el imperio y las élites se saldrán con la suya. Probablemente desoirán a sus ciudadanos y se impondrán en Irak, pero no llevarán al término sus diseños. Y es que, mientras se levantan la indignada voz colectiva de los pueblos, también estos se van dando cuenta de la necesidad de pelearles el poder a los administradores del imperio centímetro por centímetro, comunidad por comunidad y país por país. La lucha contra el imperialismo y por la justicia para todos los seres comienza en casa. En el esfuerzo por cambiar el mundo, los pueblos tienen que arrebatarle el poder a la minoría que lo detenta dentro de sus fronteras en beneficio de los amos mayores. Si bien es verdad que hay que alzar más y más voces contra la guerra, estrecharlas, diversificarlas y subir su volumen, no es menos cierto que con los gobiernos entreguistas que predominan mundialmente difícilmente conoceremos la justicia global. Ahora más que nunca tenemos que combatir efectiva y coordinadamente las sucursales del modelo antihumano y excluyente funcional al imperio. En México, como en otros países latinoamericanos acechados por el imperio (Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina) llegó el momento de oponerle el poder del pueblo al poder de las oligarquías neoporfiristas. No podremos frenar al imperialismo a escala mundial si no lo resistimos primero dentro de nuestras fronteras. No es que vayamos a apagar las amplificadas voces solidarias e internacionalistas. Es que, para que estas resuenen más fuertes y además sean escuchadas, tenemos que convertir la voluntad del pueblo en nuestra política oficial. Sencillamente, tenemos que luchar por una auténtica democracia, en lo político y lo social, donde los campesinos, las indígenas, los estudiantes, las amas de casa, los trabajadores y las ancianas determinen, directa y participativamente, el destino de la nación. El imperialismo se reproduce gracias a sus bombas por un lado y sus compadrazgos con los gobiernos y oligarquías locales por otro. Por tanto, si no recobramos nuestra soberanía no frenaremos el imperialismo. Y para volver a tomar las riendas de nuestros asuntos, doméstica e internacionalmente, es imprescindible construir un nuevo poder, en manos de todos, desde ahora y desde abajo. Un poder autónomo erigido por un amplio frente, democrático y revolucionario, sustentado por las fértiles luchas horizontales que se coordinan en calles y no supeditado a los mezquinos intereses partidistas que siguen las reglas del juego en los parlamentos. Quizá, cuando construyamos este bloque antiimperialista y antineoliberal, y cuando este comienza a ganar batallas, habremos construido también una potente plataforma para transformar el mundo. Y entonces, comenzaremos a conocer un mundo más civilizado y más justo. NOTAS AL FINAL: 1. Lo del terrorismo islámico es perversamente interesante. Primero, porque el concepto refuerza la noción sin bases del choque de civilizaciones cuando la gran mayoría de los musulmanes repudia el terrorismo y es el ‘occidente’ (y los EEUU en especial), a su vez, el perpetrador y exportador más grande del terror. Segundo, porque el ‘fundamentalismo’ es una herramienta muy útil para el imperialismo. Se sabe que, tal como lo hizo Israel al financiar un grupo extremista que sirviera de rival a la OLP, EEUU creó, armó y respaldó económicamente a Bin Laden y sus mujaidines desde los 70. Ahora, a la medida que el imperialismo golpea al nacionalismo árabe y las fuerzas populares, crece el prestigio de los ‘terroristas’. Pero, aun con la nueva y altamente tecnificada ‘cruzada’ en su contra, estos siempre volverán a golpear, como en Arabia Saudita y Marruecos (aunque los ataques en Riad bien podrían haber sido perpetrados por los servicios de inteligencia saudíes para subrayar que el país también es ‘víctima’ y está al lado del imperialismo). Como el comunismo, y luego el narcotráfico, el terrorismo es el nuevo pretexto para las nuevas guerras de expansión. El imperialismo crea, promueve y se beneficia del terrorismo. Tienen, pues, una relación simbiótica. 2. Es interesante la manipulación del problema migratorio. Al ‘ofrecer’ este arreglo, los diputados dijeron claramente que era para mejorar la economía gringa, que de paso arrastraría a nuestra economía dependiente, eliminando a los factores que expulsan a nuestra raza. En Cuba también usan el tema migratorio. Por un lado, las autoridades yanquis niegan las visas legales que según un acuerdo con el gobierno cubano deberían otorgar anualmente, y por otro reciben como héroes y con residencia garantizada a los cubanos que logren pisar tierra firme, incentivando de hecho métodos de emigración ilícitos y hasta terroristas que al mismo tiempo definen como amenazas a la seguridad nacional. De este modo crean un problema que aprovechan para chantajear y amenazar a Cuba. Todo esto demuestra la diversidad de recursos (muchas veces disfrazados de humanitarios) que emplean los gringos en su estratégica imperial. ========================================================= DETRÁS DEL PALIACATE EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO INSURGENTE COMUNICADO NÚMERO 29 AL PUEBLO DE MÉXICO: A LOS PUEBLOS DEL MUNDO: Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar a América [y el mundo] de miserias en nombre de la libertad -Simón Bolívar Un NO al imperialismo genocida y un SÍ a la rebelión ética de los pueblos El coloso del norte anda desbocado. Los zarpazos de las garras del águila exportadora del american way of terror se extienden a todos los rincones del mundo, sobre todo los más jugosos. En este último capitulo de agresión imperialista, le tocó al pueblo iraquí ser invadido y destripado. Esta supuesta guerra preventiva contra el terrorismo y la proliferación de las armas de destrucción masiva, apoyada por uno que otro ruin gobierno faldero, no es más que la última modalidad imperialista en aras de la supremacía planetaria absoluta y el aplastamiento de los pueblos. Es la guerra permanente que ahora, más que con la presión económica, con una maquinaria bélica cuyo nivel tecnológico es proporcional a su capacidad destructiva, aniquila soberanías e impone una dictadura universal para apoderarse de preciosos recursos naturales y de paso levantar una economía en serios problemas y bloquear el crecimiento de otras potencias mundiales. Al mismo tiempo, es una guerra que se ha topado con barricadas que gritan ¡NO PASARÁN! El genocidio, que ni los grandes conglomerados mediáticos, con su grotesca autocensura y sus bien encamaditos periodistas pudieron ocultar, fue y sigue siendo repudiado por las amplias mayorías de los pueblos del mundo. Inclusive dentro de sus propios países, los gobiernos agresores y sus numerosos cómplices encontraron una cada vez más nutrida oposición. En el campo de batalla, "las fuerzas aliadas" chocaron, con todo y su superioridad militar y tecnológica, con la resistencia del valiente pueblo iraquí, que pese a haber sido abandonado por los mandamases de la dictadura baazista, dieron importantes lecciones en cómo enfrentar al Cuarto Reich. De hecho, antes de la traición, entre más resistía este digno pueblo, aprovechando las taras estratégicas de las fuerzas invasoras, más fueron castigadas con misiles brutos, venenos nucleares y bombas de racimo diseñadas como juguetitos multicolores para atraer a niños y luego desmenuzarlos. Así, el nuevo fascismo yanqui respondió a la creciente crítica mundial alimentando aun más su locura con decenas de miles de tropas adicionales, 80 mil millones de dólares más, y (vaya cinismo) un reabastecido arsenal de armas de destrucción masiva. Y es que no podía ser de otra forma; sus planes, muchos de los que se elaboraron hace 12 años, los tenían clarísimos. Después de una década de diezmar al país pérsico mediante un bloqueo que mató a millones y de desmantelar sus defensas militares, ambas acciones con la vergonzosa colusión de la ONU, había llegado el momento. Sin ocultar su racismo y arrogancia, menospreciando aun más la vida iraquí y las múltiples y multiplicadas voces que clamaban no en nuestro nombre, desató la barbarie. No esconden sus objetivos. Así lo declaró dos años antes del 11-S uno de los voceros más prominentes del neoconservadurismo neoliberal armamentista, Thomas Friedman. "Para que la globalización funcione, (Norte)América no debe temer actuar como lo que es, la todopoderosa superpotencia... la mano invisible del mercado jamás funcionará sin el puño oculto-McDonald's no puede florecer sin McDonnell Douglas, fabricante del F-15. Y el puño oculto que mantiene la seguridad mundial para el Silicon Valley se llama Ejército, Fuerza Aérea y Marines de los Estados Unidos." Leal a su credo, el imperialismo reveló sus puños en Irak. Los devastadores puñetazos pretenden, primero, despojar y privatizar el petróleo iraquí y así dominar las reservas y el mercado mundial de crudo. De paso revientan a la OPEP, impidiendo el evidente ascenso comercial del euro frente al dólar e inflando artificialmente la incontestablemente insalubre economía gringa con nuevas rentas petroleras. Segundo, permiten dominar más sólidamente las regiones medioriental, cáucasa y pérsica, ricas todas en cruciales materias primas. Aprovechan para asestarle un golpe mortal al nacionalismo árabe (mensaje con dedicatoria especial al pueblo palestino), reafirmando definitivamente al sionismo y a Israel como estado policial de la región. El golpe de nocaut en Irak también doblegó a sus principales estados rivales, Rusia, la UE y China. Finalmente, fue una exhibición de su capacidad asesina para los pueblos que aun resisten y de su decisión sin recato de emplearla. En suma, la invasión de Irak es la segunda (después de Afganistán) en una serie de agresiones, de ahora en adelante constantes, contra los pueblos del mundo por parte de un imperialismo en decadencia pero altamente destructor que impone su hegemonía con fuerza cruda. Los aterradores resultados, sin embargo, revelan nuevos caminos. Ilustrativamente, la guerra ha evidenciado algo que muchos ya entendían: de dónde nacerá la verdadera alternativa al salvajismo y piratería corporativa del capitalismo neomercantil del siglo XXI. No será de los gobiernos, de las clases políticas mundiales, cuyas 'resistencias' se desvanecieron tan rápidamente como las 'temibles' guardias republicanas que defendían Bagdad. Anuente como siempre ante la intransigencia imperialista, la ONU, impotente, terminó de enterrarse, abriéndole el camino a los tanques Abrams y ratificando su histórica ineficacia. Las alardeadas amenazas de vetos franco-rusas se transformaron en beneplácito por la invasión y tajaditas de la reconstrucción. Sin comprender que la misma continuidad de sus proyectos histórico-nacionales pasaba por la promoción de una alternativa al modelo imperialista gringo, aceptaron, junto con Alemania y China, marchar bien formaditos y bien detrasito de EEUU en su nueva cruzada expansionista. Ni los gobiernos de los países miembros de la Liga Árabe, artilugios que en algunos casos son, más que países, gasolineras del Occidente, se atrevieron a pronunciar una efectiva defensa de sus hermanos iraquíes. La actuación de los gobiernos latinoamericanos no fue mejor. Del gobierno del cambio, ni hablar. Que el 'gran' estadista Fox y el 'fino' diplomático Derbez (tan temeroso de 'atragantarse' con lo que le ordenan sus verdaderos jefes) decidieran convertir a PEMEX en el primer proveedor gringo durante la invasión, entregar a Washington la vigilancia y eventual defensa de la frontera y abocarse al suministro de ayuda humanitaria (que de hecho fue utilizada como arma chantajista por los invasores) demuestran la falsedad de la oposición oficial a la guerra. La verdad es que contribuyeron al programa imperial y prueba de ello fue la obediencia ante el decreto emitido por el embajador sin ambages Negroponte de que los demás países ya no tenían nada que hacer salvo tareas humanitarias, avaladoras de la agresión. Más disciplinado aun fue el patético papel en el Consejo de Seguridad de Aguilar Zinser quien se encargó de que la invasión no sólo no fuera condenada sino que ni siquiera fuera puesta a discusión. La ubicua simulación foxista deja en claro que la posición oficial se aproxima mucho más a las inhumanamente oportunistas exigencias del empresariado mexicano, que con un discurso prostituyente, confirmó su papel como escoria de nuestra sociedad. La posición (postrada) del gobierno y sus amigos oligárquicos, entonces, está evidentemente detrás del imperio. Y ¿cómo no? si es un gobierno de los empresarios y para los empresarios que se benefician por medio de sus alianzas con el gran capital norteamericano. La oligarquía aplaude con ganas los TLCAN, PPP y ALCA, esquemas que trituran nuestra soberanía y desmantelan nuestra base productiva, porque estos representan también formidables negocios para ella. Pero aun con la sumisión de las élites comerciales y financieras, el imperio le apuesta cada vez más a las intervenciones militares directas en su belicoso afán de no perder su hegemonía. Vuelan las intimidantes diatribas contra Siria, Irán y Corea del Norte. Más cerca, Venezuela (otro importante miembro de la OPEP que estudia la posibilidad de comercializar su crudo en euros-una de las 'peligrosas acciones terroristas' de Hussein) y Colombia (que de hecho ya está intervenida militarmente) están en las miras del Pentágono. Y mientras a México el imperio parece hacerle gestos de desprecio, se relame los bigotes en espera de adueñarse formalmente de nuestros petróleo y recursos naturales. Ahora, envalentonado por su 'fácil victoria' y la 'falta de reacción', Bush contempla además la concreción de la petición de la mafia/contra en Miami de ahora Irak, mañana Cuba, la ejemplarmente anómala nación, única del hemisferio que ha sabido defender su soberanía. Y ¿quién defenderá los logros revolucionarios de los hijos de Martí y a los demás pueblos amenazados? ¿Acaso los pasmados y oportunistas gobiernos, los Hussein, los Aznar, los Putin y los Fox? Después de lo sucedido, la mera idea es risible para quienes se movilizan por la autodeterminación de los pueblos. Y es que en los hechos, la victoria de los nuevos fascistas no será fácil y sí provoca respuesta. La nueva ofensiva imperial ha polarizado al mundo como nunca antes. Mientras que en los estériles parlamentos y en nulos organismos mundiales se vacila entre resignarse y sacar tajada, desde abajo crecen las voces y la solidez popular que sí sabe oponerse a la dictadura universal. Este cuerpo y su canto ya no son subterráneos. Se han erigido en un actor que ya no podrán ningunear. Desde la resistencia indígena, campesina, callejera, piquetera, guerrillera y asambleísta, florecen las nuevas fuerzas rebeldes. Los compas del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente somos una de estas fuerzas. Junto con ellas, sangramos con rabia y con anhelos de justicia al ver al mutilado pueblo iraquí y nos unimos al ¡NO! de repudio, al ¡NO! a la barbarie, al ¡NO! en nuestro nombre. No sólo aplaudimos las acciones de las fuerzas democráticas y antiimperialistas, las alentamos y las nutrimos. En nuestro contexto nacional, entendiendo que en el esfuerzo por cambiar el mundo los pueblos tienen que arrebatarle el poder a la minoría que lo detenta dentro de sus fronteras en beneficio de los neocolonizadores, nos esforzamos por construir un bloque que le pelee el poder a los administradores del imperio centímetro por centímetro, idea por idea y comunidad por comunidad. Llegó el momento, creemos, de oponerle el poder del pueblo al poder de las oligarquías. Sabemos que no podremos frenar al imperialismo a escala mundial si no lo arrancamos primero de nuestras fronteras. AL PLAN HEGEMÓNICO DEL IMPERIALISMO, OPONEMOS UN ESFUERZO COORDINADO Y HORIZONTAL CON LAS DEMÁS FUERZAS DEMOCRÁTICAS Y REVOLUCIONARIAS, RESPETANDO LAS AUTONOMÍAS Y LA PLURALIDAD DE LAS FORMAS DE LUCHA. No quiere esto decir, sin embargo, que nos olvidamos de nuestro compromiso internacionalista. DESDE AHORA, TOMAMOS LA FIRME DECISIÓN DE ESCALAR EL NIVEL DE SOLIDARIDAD CON LOS PUEBLOS Y LAS ORGANIZACIONES QUE, ASPIRANDO DESDE ABAJO A LA SOBERANÍA POPULAR CON JUSTICIA, COMBATEN EL NEOCOLONIALISMO. Por tanto, si el imperialismo opta por agredir más directamente a Cuba o al pueblo colombiano, tendrá de nuestra parte una respuesta. Apoyaremos a todas las acciones guiadas por la ETICA revolucionaria que contrasta vívidamente con el terrorismo de Estado yanqui. Nuestra coordinación con demás fuerzas antiimperialistas seguirán el espíritu de Bolívar, de Martí, de Flores Magón y del Che. Las conspicuas sogas que se tejen entre el proyecto neoliberal de Washington y la guerra permanente quieren estrangularnos. Pero crece la rebelión organizada y la unidad nacional contra este excluyente modelo antidemocrático. Para volver a tomar las riendas de nuestros asuntos, doméstica e internacionalmente, el pueblo comienza a construir un nuevo poder, en manos de todos, desde ahora y desde abajo. Un poder autónomo erigido por un amplio frente, democrático y revolucionario, sustentado por las fértiles luchas horizontales que se coordinan en las calles y no supeditado a los mezquinos intereses partidistas que siguen las reglas del juego en los parlamentos. Quizá, cuando se consolide este bloque antiimperialista y antineoliberal, y cuando este comience a ganar batallas, habremos construido también una potente plataforma para transformar el mundo. Y entonces, comenzaremos a conocer un mundo más civilizado y más justo. Para acabar con la exclusión y levantar la verdadera democracia de y para todos los mexicanos, Para fundar una auténtica fraternidad entre los pueblos y defender la plena vida universal , Los compas del ERPI bregamos juntos a nuestros hermanos por el poder en manos del Pueblo. EJÉRCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO INSURGENTE Dirección Nacional 8 de mayo del 2003 ========================================================= COMUNICADO NO. 5 DEL COMITÉ ESTATAL DE GUERRERO DEL ERPI AL PUEBLO DE MÉXICO: A LAS ORGANIZACIONES DEFENSORAS DE LOS DERECHOS HUMANOS: A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: En diversos medios de comunicación, aparecieron notas donde se vinculan a seis ciudadanos -José Guadalupe Hernández Arizmendi, Eudocio Suástegui García, Bardomiano Ríos, Doroteo Marín, Inés Jimenés Silva y Concepción Ramírez Ramírez- con nuestro Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. Ante las falsedades publicadas que intentan culpar a estos ciudadanos de pertenecer a nuestras filas y criminalizar al ERPI, se hace necesaria una aclaración de nuestra parte. Declaramos lo siguiente: 1. Negamos rotundamente la participación de estos costa chiquenses en nuestra organización. Las presuntas declaraciones hechas por éstos vinculándolos a nuestra organización y al secuestro evidentemente fueron arrancadas bajo la siempre presente práctica de la tortura. ¿Cómo es posible que los centros de inteligencia piensen que ancianos de 70 y 80 años se dediquen al secuestro? Es muy probable que todos los detenidos sean chivos expiatorios para que Fox y la AFI -- un proyecto del Sr. Rafael Macedo de la Concha (responsable de sentenciar injustamente a los campesinos ecologistas en 1999 y cuando menos un avalador de la tortura) y su procuraduría militarizada -- reporten “resultados” a sus respectivos "big brothers", Bush y el FBI. 2. Cuestionamos seriamente la veracidad de las evidencias que presenta la PGR. ¿Una biblia con anotaciones? ¿Un comunicado nuestro? A ver si entendemos: estudiar la Biblia (cosa que no hacemos como organización) y leer nuestros documentos públicos que son disponibles a todo mundo, ¿es delito?. Por lo que respecta al 'hallazgo' de nuestros uniformes, esto es imposible ya que no guardamos nuestros uniformes militares en casas. Por tanto, lo más probable es que todas estas evidencias hayan sido sembradas. 3. Los recientes cateos, incursiones y detenciones ilegales ocurridos en los municipios de Tecoanapa, La Unión, Chacalapa y Ayutla de Los Libres, con el pretexto de investigar secuestros, muestran el criminal modus operandi de las fuerzas policiacas. Primero, causan zozobra, incursionando violentamente y con dispositivos aparatosos en comunidades campesinas. Segundo, detienen a estas seis personas sin órdenes de aprehensión. Tercero, los mantienen incomunicados y escondidos por más de tres días. No satisfechos con estas graves violaciones a los derechos humanos, elementos de la AFI y otras fuerzas policiacas proceden a golpear inhumanamente a los detenidos, quienes en diversas imágenes publicadas presentan irrefutables huellas de tortura. 4. El 'armamento' presuntamente decomisado no es nuestro. Unidades nuestras ya han confirmado que esas armas no nos pertenecen. Por ejemplo, nosotros no usamos el fusil Galil. Es más, parece ser que esta presentación espectacular de petrechos de guerra es un montaje. Según varios compañeros, buena parte de ese armamento ya fue presentada después del hallazgo de armas en el Cerro del Guajolote en 1997. 5. Denunciamos el continuo intento de las autoridades de criminalizar a nuestra organización. El ERPI es una organización político-militar, seria, disciplinada, combativa pero también humanista y popular; luchamos, junto con otras fuerzas insurgentes, por la transformación de nuestra sociedad, construyendo y defendiendo el poder popular desde abajo y hasta las últimas consecuencias. No nos consideramos delincuentes por participar aquí. Más bien, los represores de las fuerzas policiacas y sus jefes necesitan verse en el espejo. Todo mexicano, trátese de militante nuestro o no, tiene el derecho a no ser torturado o ser desaparecido; de hecho, estos son derechos universales básicos de todos los seres humanos. Sin embargo, el gobierno todavía practica estos crímenes de lesa humanidad. En las fotos de los detenidos que pasaron por la tele, estos campesinos aparecen con el rostro hinchado -- señal de que fueron brutalmente torturados. Lo que el Estado pretende hacer a través de la fabricación de culpables, la tortura y la criminalización de luchadores sociales y trabajadores campesinos es crear un clima de zozobra. De nueva cuenta, se están realizando operaciones e investigaciones extremadamente irregulares (cateos ilegales, detenciones ilegales, tortura física y psicológica, intimidaciones), propias de un Estado policiaco, a lo largo de la Costa Chica. Así, se prepara el terreno para una escalada represiva en el estado de Guerrero. Ya varias organizaciones sociales -que no tienen relación alguna con el ERPI- han denunciado un recrudecimiento de violencia policiaca y militar en la región. Ante la intensificación de la represión, llamamos a la sociedad civil a organizarse y denunciar cualquier atropello que sufran por parte del gobierno. Hasta hoy, la impunidad y los crímenes de lesa humanidad prevalecen y son prácticas comunes del foxismo. Pero tarde o temprano, se hará justicia y habrá un pleno respeto por los derechos humanos. Atentamente, El Comité Estatal de Guerrero Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente República Mexicana a 27 de mayo de 2003 ¡CON EL PODER POPULAR, EL PUEBLO UNIDO VENCERÁ! ========================================================= NUESTRO PENSAR El espíritu militante José Podemos resumir con tres palabras las características del espíritu militante que debe distinguir a los integrantes de nuestra organización: combativo, indoblegable, tenaz... La primera virtud que debe tener un revolucionario es la de ser honrado. Esto junto con el ideal de justicia, son piedras angulares de su ética y forman parte del anhelo de perfeccionamiento humano. La dignidad es también un valor precioso del revolucionario, quien debe a su vez despertarlo y desarrollarlo en el pueblo, a través de su accionar. La actitud de un genuino revolucionario no es el teoricismo ni el academicismo, ni mucho menos las posiciones intelectualistas alejadas de la vida real. La unidad estrecha entre su formación ideológica, política y cultural junto con su capacidad de promover nuevos procesos debe ser parte esencial de su vida. Debe haber un equilibrio entre los aspectos materiales y espirituales, los cuales forjarán al hombre y la sociedad nuevos a que aspiramos y debemos construir desde hoy. CARACTERÍSTICAS DEL ESPIRITU MILITANTE Podemos resumir con tres palabras las características del espíritu militante que debe distinguir a los integrantes de nuestra organización: combativo, indoblegable, tenaz. Espíritu combativo En la práctica de los mejores militantes revolucionarios, la combatividad encuentra una de sus expresiones en la decisión para enfrentar las dificultades que se le presentan. Esto es válido tanto para las que sabemos que existen, como para las que puedan sobrevenir y que, incluso, de momento ni imaginamos. Cuando se tiene decisión de enfrentar una dificultad y esa decisión es suficientemente firme y determinada, podemos estar seguros que esa actitud nos garantiza de entrada por lo menos la mitad de la solución del problema que tengamos por delante. El espíritu combativo nos hace perder el miedo a las dificultades. Por supuesto que no debemos buscarlas, pero estas necesariamente se nos presentarán. En lugar de convertirse en una traba o un inconveniente, las transformamos en fuente de estímulo y fortaleza. Será nuestra manera de pensar y actuar una especie de gimnasia mental constante para prepararnos y estar siempre en condiciones óptimas, a fin de cumplir con las tareas que estén bajo nuestra responsabilidad. Espíritu indoblegable Somos indoblegables cuando nos forjamos la convicción de que las dificultades no pueden más que nosotros. El límite para solucionar una dificultad es puesto por nosotros mismos. Si conseguimos desarrollar un temple de calidad en nuestra conciencia y en nuestra actitud ante la vida a semejanza del mejor acero, podemos reaccionar siempre con la fuerza e impulso de una hoja de este material: regresar siempre y con fuerza a su posición original. Porque esa fuerza nos permite barrer las dificultades, quitarlas de nuestro camino, en lugar de que ellas lo hagan con nosotros. Espíritu tenaz La tenacidad es la actitud de insistir incansablemente, ya sea para desarrollar un trabajo o para buscar la solución de una dificultad. Porque muy rara vez encontramos que algo se impulsa, se desarrolla o se resuelve con el impulso inicial o solo con el deseo intenso y sincero de hacerlo. Si insistimos y persistimos en nuestro esfuerzo, podremos realizar lo que deseamos. Lo característico del revolucionario verdadero es que, conciente de su responsabilidad, está todos los días, todas las horas pendiente de sus tareas y compromisos. Las llamaradas de petate no tienen cabida en nuestra lucha. El acomodamiento es algo que debemos desterrar por completo de nuestros hábitos militantes. Nuestro trabajo requiere esfuerzo. La pereza se combate con entusiasmo, con entrega creciente en el trabajo, con un esfuerzo constante y consciente ACTIVIDAD MILITANTE La militancia, como la debemos entender y practicar, se caracteriza por la entrega y decisión para la realización de las tareas en el tiempo y con la calidad necesarias. Un buen sentido y práctica militante no se adquieren de un día para otro. Pero se pueden desarrollar rápidamente si nos lo proponemos, si actuamos consecuentemente y si obramos con rigor y honestidad con nosotros mismos y con nuestro pueblo. Encaminamos nuestra militancia a desarrollar la capacidad de esfuerzo, trabajo y sacrificio. Esto solo se consigue con la autoexigencia constante y la entrega cada día mayor a la causa, afrontando todo el trabajo que hay que realizar. Pero haciéndolo hoy, cuando es necesario, no dejándolo para mañana. Es claro que no es fácil el camino de la libertad. Exige: esfuerzo, sacrificio permanente y creciente. Nutrientes de nuestra militancia La experiencia de cada día demuestra la necesidad de alimentar constantemente nuestra militancia. La formación política e ideológica es la principal responsabilidad de un revolucionario. Esta tiene como primer fin ir forjando la conciencia del militante. Conciencia revolucionaria quiere decir tener bien claras en nuestra mente las ideas revolucionarias. Mantener en nuestro corazón la fe de que el único remedio para los males de nuestro pueblo es la transformación de la sociedad. Es vivir entregados por completo a la lucha, manteniendo siempre una conducta limpia y ejemplar. La conciencia revolucionaria tiene siempre que estar unida a la lucha diaria. No es como una piedra, sino algo vivo, como un árbol, como un ser humano que necesita alimentarse para poder crecer y desarrollarse. Nosotros, como los médicos, vamos a curar las enfermedades y sufrimientos de nuestro país. Un médico para poder curar necesita estudiar mucho, saber cómo es el cuerpo humano, qué partes tiene y cómo funciona, qué enfermedades se pueden presentar en el organismo y con qué medicinas puede combatirlas. Un revolucionario debe estudiar cuáles son las dificultades, grandes y pequeñas, que enfrenta el pueblo para poder realizar un mejor diagnóstico. Por otra parte, también debe tener confianza en el pueblo y en su sabiduría. El pueblo comprende perfectamente los distintos momentos de la lucha. Sabe cuando las fuerzas del enemigo son mayores y se hace necesario como objetivo principal la sobrevivencia de la organización. El pueblo sabe también cuando es posible avanzar y causar grandes y continuas derrotas al enemigo y cuando es el momento del asalto definitivo. Nuestra participación desde dentro La total confianza en nuestro pueblo estimula nuestra participación no en forma periférica o desde afuera. Participar desde dentro es hacer cada uno suya la causa popular, adentrarse cada vez más en los laberintos y problemas que ésta tiene con la intención de afrontarlos, de colaborar en su solución. Quizá la clave de la participación desde dentro esté dada en la determinación de afrontar la responsabilidad de la lucha, responsabilidad que es inherente a todos. Esta lucha exige paciencia cotidiana y trabajo constante. Se construye con cada esfuerzo, con cada tarea bien cumplida, con el espíritu de inconformidad con uno mismo, con la determinación de dar y de aportar cada vez más. Lo importante es el sacrificio silencioso y constante, pequeño si se quiere, pero que garantiza la cadena de trabajos revolucionarios. Es el sacrificio constructivo, para definirlo mejor. Si alguien no tiene esta moral, no podemos confiar en sus palabras de estar dispuesto a dar la vida por la causa del pueblo. Disciplina fuerte y firme El espíritu de militancia activa se traduce en una disciplina fuerte, firme y rigurosa que nos permite desarrollar y movilizar al máximo todas las posibilidades políticas y organizativas de cada militante, en forma orgánica. La disciplina es una forma de ser que invade y norma la actividad y la vida misma del militante. Empieza por lo individual. Quien no es capaz de actuar disciplinadamente, es muy difícil que pueda actuar disciplinadamente en la vida orgánica. Toda la organización necesita actuar de manera disciplinada y en todos sus aspectos. Es la disciplina, la calidad en la acción y el comportamiento de sus militantes lo que le da una enorme fortaleza. Disciplina en lo ideológico y en lo político La disciplina abarca también los aspectos ideológicos y políticos. Un militante que en un determinado lugar y momento tenga que defender una posición, tenga que llevar la línea y la orientación que ha dado la organización, no puede expresar una interpretación personal. Tiene que defender la posición de la organización. Debe hacerlo así aunque sea un dirigente del movimiento de masas. De otra manera, nos encontraríamos con tantas líneas como militantes existieran. Disciplina racional y voluntaria Lejos de pensar en una disciplina carcelaria, la nuestra tiene que ser absolutamente racional y voluntaria, donde sea uno mismo el que exige su cumplimiento. Aceptamos esa disciplina como fruto del desarrollo ideológico y político, del compromiso con nuestro pueblo y su causa. El grado de disciplina está muy relacionado con el grado de desarrollo ideológico y político. Eso no quiere decir que haya que esperar a tener un alto desarrollo en estos sentidos para tener disciplina. La disciplina también es una meta de carácter inmediato y una exigencia que plantea la organización a todos sus militantes desde su incorporación. El mismo desarrollo de la disciplina va a permitir consolidar el desarrollo ideológico y político. A nadie se le puede imponer una disciplina. Voluntariamente se asumen las tareas y responsabilidades, voluntariamente se está en la organización y voluntariamente se asume la disciplina. Entendemos que un criterio muy serio que puede adoptar la organización respecto a un militante, es no encargarle ninguna tarea mientras no tenga el deseo o la decisión de cumplirlo. En el trabajo abierto estamos sometidos a mil presiones y limitaciones en nuestro accionar. Hay una serie de marañas en la vida cotidiana, un bombardeo constante de comodidades, de gustos, de compromisos y de costumbres que actúan directamente en contra de la disciplina del militante. Debemos tener cuidado con esto. Autodisciplina Somos nosotros mismos los que debemos ser exigentes para el cumplimiento de nuestra propia disciplina. Y aquí es dable pensar en hacer un balance diario sobre nuestra disciplina, sobre lo que hemos realizado, lo que no hemos cumplido y por qué lo hemos dejado de hacer. Por ejemplo, si no tenemos autodisciplina para observar las normas de seguridad, nadie nos lo va a estar exigiendo constantemente. Pero puede suceder que por no guardar disciplinadamente esos aspectos, el día menos pensado tengamos un problema grave. Otro aspecto donde también juega un papel importante la autodisciplina es en la compartimentación. Fácilmente se puede romper o relajar la compartimentación haciendo confidencias o compartiendo cosas indebidamente. La autodisciplina es necesaria para estar vigilantes en todas estas cuestiones y eso también supone un esfuerzo de nuestra parte. Finalmente podríamos decir que la autodisciplina, aunque es algo individual, debe ser una de las preocupaciones más profundas de carácter colectivo. Nuestra disciplina como actitud es un ejemplo utilísimo y determinante para el cultivo y el desarrollo de la disciplina en otros militantes. ========================================================= LOS CAMPOS DE DESACUERDO NACIONAL Gavroche El gran problema es que ninguno de los asuntos esenciales se resolverá con lo pactado en el Acuerdo Nacional. Los logros del movimiento campesino, que sí los hubo, no resultaron en un auténtico camino hacia la reestructuración. Las organizaciones firmantes exigieron grandes cambios pero se conformaron con una alteración, en el mejor de los casos, cosmética. Veamos... El 28 de abril El campo no aguanta más, la Confederación Nacional Campesina (CNC), El Barzón y el Consejo Agrario Permanente (CAP) suscribieron el Acuerdo Nacional para el campo con el poder ejecutivo federal. La profundidad y la amplitud del acuerdo, grandilocuentemente anunciado como la solución a la crisis por la que atraviesa el agro nacional, son severamente cuestionadas por todos menos el gobierno. Indudablemente, el movimiento campesino tuvo importantes logros. Sin embargo, al cabo de las negociaciones y para el descontento de algunos partícipes, las organizaciones optaron por firmar un pacto que no resolvía ninguno de los problemas originalmente planteados. Su contenido no modifica en absoluto la mortífera dinámica neoliberal que rige las relaciones sociales agrarias; ahonda el asistencialismo en lugar de implantar una reforma estructural; no ofrece significativas protecciones a la producción campesina ni fortalece el sistema alimentario nacional; siguen sin cancelarse las 300 órdenes de aprehensión contra agricultores; se olvida completamente de las comunidades indígenas y revigoriza el clientelismo social. Considerando estas circunstancias claramente adversas, vale ponderar las motivaciones de las dirigencias, los resultados que puedan suscitarse y lo que le falta al movimiento para que se convierta en un verdadero esfuerzo, democrático y autónomo, de transformación. Es preciso mencionar que el acuerdo, con todo y sus limitaciones, responde a las movilizaciones masivas del campo, no así a un repentino deseo de parte del gobierno por mejorar las condiciones de vida del campesinado. En este último intento colectivo que se viene formando desde el 2002, el movimiento campesino multiplicó sus esfuerzos por llegar a un consenso e involucrar a numerosas organizaciones. Una expresión de dicho consenso fue la misma conformacion del movimiento/coordinadora El campo no aguanta más. Este nuevo actor aglutinó a diversas agrupaciones campesinas, doce en total. Organizaciones democráticas, de corte asambleísta -como la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA) y el Frente Democrático Campesino de Chihuahua (FDCCH)- se integraron a este movimiento. Pero también es cierto que viejos actores corporativos, como el CAP (Congreso Agrario Permanente, organismo creado por el salinismo en 1989 para apoyar las reformas neoliberales al Artículo 27), se resucitaron oportunistamente. En esta misma línea, los dirigentes de la CNC (Confederación Nacional Campesina), liderados por el contrainsurgente Diódoro Carrasco, representaron las tendencias clientares y corporativistas del ‘neo’prianismo. No obstante las divergencias entre las agrupaciones y las prácticas ‘apaciguadoras’ de los bomberos del CAP y la CNC, hubo grandes movilizaciones y un esfuerzo coordinado. En este sentido, el movimiento El campo no aguanta más supo actuar con medida al andar por un camino sinuoso y resbaloso. Entre desacuerdos e insultos, la nueva oposición campesina, algo ligada al PRD, pudo abrir un espacio de convergencia lo suficientemente robusto para negociar con el Estado a nivel nacional. Después de este proceso inicial, ¿cuál sería el balance? Logros, sin duda, ha habido. Las organizaciones campesinas, por primera vez quizá desde la reforma agraria cardenista, pudieron conjugar un movimiento coordinado que sentó al gobierno a negociar sobre un pliego básico de demandas. Si bien no se ‘habló con una sola voz’ y el gobierno pudo a veces proceder con pláticas ‘multilaterales’, las organizaciones mantuvieron un grado importante de cohesión. Se arrastró a los sectores más renuentes, la CNC y el CAP, se consensó una plataforma bastante integral y finalmente se reunió a 100,000 campesinos para una magna protesta. Todo estos esfuerzos desembocaron en la nada despreciable identificación y proyección al debate nacional de los temas indispensables para la reestructuración agraria. Esto aportó a la creciente crisis de la hegemonía ideológica del neoliberalismo. En contraste, por razones que ahora se examinarán, estos logros no resultaron en una auténtica reestructuración. El gran problema es que ninguno de los asuntos esenciales se resolverá con lo pactado. Exigieron grandes cambios pero las organizaciones firmantes se conformaron con una alteración, en el mejor de los casos, cosmética. Tampoco se generaron las bases, como algunos optimistas insisten, que permitirán el crecimiento del movimiento y el fortalecimiento de sus demandas. En primer lugar, la reorientación estructural que todas las organizaciones claramente pedían se abandonó. En su lugar se obtuvieron barullo de dádivas que en los hechos no son más que un disfrazado agregado de los programas existentes, más el pequeño goteo de petrodólares extraordinarios cuyo reparto depende de la voluntad de los gobernadores. (Estos recursos pueden ascender a los 7 mil millones de PESOS cuando al IPAB se le destina 4 mil millones de DOLARES en una sola transacción y al rescate carretero se le inyecta 14 mil millones de los billetes verdes.) El gran fondo de emergencia para el campo alcanza generosamente los 2 mil 800 millones de pesos cuando la demanda original era de los 20 mil millones. Pese al alarde gubernamental, la mayoría de los puntos sólo reitera la aplicación de programas operativos anuales de 2003 ya aprobados en diversas dependencias. Es decir que los $67 mil millones para desarrollo rural que se ‘redistribuirán’ ya estaban presupuestados-¡NO FUERON GANADOS! Sin embargo, si bien demuestra la falta de voluntad y transparencia del gobierno, la cantidad de lana a repartir no es lo medular. El acuerdo sencillamente no plantea una forma más equitativa de organizar el campo que beneficie a los pequeños y medianos productores o a los trabajadores agrícolas. No estimula la producción independiente, basada en nuestras tradicionales cadenas alimentarias, para el mercado domestico. Al contrario, reafirma los parámetros neoliberales con un discurso de competitividad, creación de pequeñas unidades eficientes y acceso sin trabas a los mercados. No se compromete a renegociar el componente agrícola del TLC; ni siquiera adopta medidas explícitas para excluir el frijol y el maíz blanco, los rubros más vulnerables del tratado. Peor aun quedó la demanda de revocar la contrarreforma al Artículo 27, sepulturera del reparto de tierras y de la protección estatal de la propiedad ejidal y comunal. Esta, al igual que la exigencia de uniformar los subsidios con respecto a los que benefician a los productores de EEUU, ni se menciona. Lo pactado, en efecto, sigue favoreciendo a los grandes capitales de la agroindustria vinculados a las transnacionales agrícolas, agroquímicas y las industrias del alimento basadas en EEUU. Sin modificaciones estructurales, es imposible que los pequeños propietarios y ejidatarios, la mayoría de los cuales combinan una producción de subsistencia basado en la hiper-autoexplotación con trabajo asalariado, compitan exitosamente. Es probable que los pequeños apoyos prolonguen la agonía colectiva de los minifundistas semiproletarios, pero inexorablemente conduce a que sean tragados o desechados por los socios y/o rivales reyes del agro como Usabiaga. La situación de los subsidios ilustra las inherentes desventajas productivas y comerciales del modelo neoliberal, ratificadas por el acuerdo: mientras que cada agricultor gringo recibe un subsidio anual de 21,000 dólares, el gobierno de Fox entrega en promedio 3.3% de esa cantidad. Nada de esto se alterará. Un innegable resultado del acuerdo es cimentar el asistencialismo estatal hacia el campo. El texto en sí es una enumeración incoherente de acciones de “Política Social para Desarrollo Rural” que se alejan de una amplia reforma en cuestiones productivas. Sencillamente no es una nueva orientación: se trata de programas sociales que no reforman las desiguales bases productivas. De forma que contempla apoyo en cuestiones de salud, educación y (vaya insulto, como confirmando que no tienen lugar en el mundo agrícola) conversión laboral, eludiendo el problema toral. Se sigue la línea emprendida por Salinas quien aceleró el desmantelamiento de la producción nacional para preparar el camino para la entrada al TLC y terminó con el tratamiento estratégico de la producción agraria. Según esta lógica, se disgregaba la atención al sector social del campo, canalizando asistencia cada vez más mermada a unidades y familias individuales. Así nacieron el Procampo y el Pronasol. De 6º% de los ejidatarios que recibían asistencia técnica se pasó a 8.6% en 1994. El Acuerdo Nacional, al seguir los mismos pasos, no hace nada para revertir esta pena de muerte al campesinado. Tampoco aborda el problema de la soberanía alimentaria. Más bien se escuda truculentamente detrás del concepto de seguridad alimentaria con el cual reafirma la entreguista e inviable práctica de las ventajas competitivas. Así, pretenden seguir permitiendo la entrada de cultivos y productos elaborados de EEUU, con el argumento de que se producen más eficientemente y son más económicos para el productor. Naturalmente, es una bofetada a la estrategia de producción autosuficiente y autosustentable por la que se lucha. Es, al mismo tiempo, una muestra más de que el gobierno no intenta en absoluto abogar por una revisión del TLC. La soberanía alimentaria es parte del modelo de desarrollo más justo, democrático y racional que implica un vuelco de 180 grados en las políticas económicas y sociales, giro que por sus compromisos con las trasnacionales Fox no es capaz de dar. En vez de crear la base biológico-material para nuestro desarrollo independiente y justo, el gobierno permite que persista y crezca el desmantelamiento de las cadenas agro-alimenticias. Estas rupturas representan además un ataque más a nuestra cultura ya que facilita aun más la invasión de las comidas chatarras y artificiales y los organismos genéticamente modificados que no sólo atentan contra nuestras tradiciones sino también contra nuestra salud. ¿Cómo pueden considerar nuestra metamorfosis de un pueblo de maíz a un pueblo de comida rápida, con altos índices de desnutrición, obesidad y diabetes (y el altísimo costo en salud pública que conlleva) una ‘ventaja competitiva? Finalmente, el acuerdo sufre por su carácter excluyente, simbolizado por el hecho de que las pláticas se llevaron a cabo con más de 300 activistas rurales detenidos o bajo la amenaza de orden de captura (mucho de los cuales siguen sin ver sus casos resueltos). Se puede afirmar que una vez comenzada la negociación, se fue perdiendo la solidaridad campesina. Esta tacha es todavía más evidente en lo que a derechos indígenas se refiere. La cuestión indígena no puede abstraerse de la problemática rural, por razones tanto cuantitativas como cualitativas. La población indígena es un componente crucial en el mundo rural; además, la visión de desarrollo que han planteado las comunidades indígenas, plasmadas en los Acuerdos de San Andrés, por sus formas alternativas de organizar las relaciones productivas (tanto intercomunitarias como entre las comunidades y los actores nacionales y trasnacionales), tienen que tomarse en cuenta. El acuerdo se limita a contemplar una vaga revisión de la legislación relativa a comunidades indígenas, sin que estas fueran siquiera invitadas a las pláticas. Es lógico, por tanto, que el movimiento indígena independiente rechazara enfáticamente el acuerdo. Es sencillo: sin la participación de las voces indígenas, que han avanzado más que ningún otro sector en la definición de una alternativa al modelo agrario, la crisis no se resolverá. Los indígenas, por lo demás, no fueron los únicos excluidos. A través del territorio nacional, hay comunidades enteras golpeadas por la precariedad productiva y la emigración. Son entes sin nexos con las grandes agrupaciones pero que representan una fuerza latente tremenda. Los que sí fueron incluidos, y además muy beneficiados, fueron los dirigentes de estas coordinadoras. Estos rápidamente aprovecharon la energía del movimiento y se catapultaron como los nuevos (bueno, algunos no tan nuevos) interlocutores ante las autoridades. Así, montándose en la cresta del movimiento y blandiéndolo como artículo de trueque, ganaron influencia y mejoraron sus posiciones personales e institucionales. Además de colocarse en posibilidades de ganar candidaturas y puestos no/gubernamentales (veremos que pronto aparecerán en las listas). Su condición cupular y patrimonialista (que a su vez condicionó la evolución vertical de las pláticas) se vio fuertemente reforzada por las sumas de dinero que manejaran a la cabeza de sus organizaciones. Si bien hubo procedimientos consultivos con la participación de las bases, no fue extensiva y además no recogió cabalmente el sentir desde abajo. Es por esta razón, por cierto, que organizaciones enteras integrantes de El Campo no aguanta más como el Frente Nacional en Defensa del Campo Mexicano, la Unión Nacional de Organizaciones de Forestería Comunal, la Unión Nacional de Organizaciones Regionales y Campesinas Autónomas y el Frente Democrático Campesino de Chihuahua se inconformaron y se negaron a firmar. El manejo de los recursos por parte de la dirigencia cupular reproducirá sus relaciones clientelares hacia abajo y por ende se transformará en mecanismo de control social. Si se añade a esto el pervertido concepto de ‘corresponsabilidad’ que impera en el texto, la arremetida contra la construcción autogestiva de un nuevo modelo agrario se hace más evidente. Con la ‘corresponsabilidad’ el estado pretende, además de desprenderse de su responsabilidad rectora, que los campesinos se ‘eficienticen’ por medio de sus propios esfuerzos. En la práctica, esto los ata más a una relación corporativista con sus dirigentes. Con el acuerdo, por tanto, se pasa a una estructura corporativa de estado a una corporativa particular. En este sentido, representa un retroceso aun comparado con el capitalismo paraestatal del priato. Los analistas que concluyeron que la firma del acuerdo avala una política agraria oficial y neoliberal que favorece a la agroindustria exportadora, mina la autosuficiencia alimentaria (cediendo nuestras cadenas alimenticias a los conglomerados yanquis) y subvierte nuestra independencia cultural tienen razón. Todos sabemos en qué quedarán las consultas con los amos/socios del TLC en cuanto a su fantasiosa revisión: el imperialismo que impuso con ayuda de sus gerentes mexicanos el tratado para dominarnos no dará concesión alguna. Es más, días después de firmado el acuerdo, llegó una delegación de Iowa (estado productor excedente de maíz) para reclamar una tajada del mercado nacional. También entendemos como conciben el ‘desarrollo rural’ los grandes agrobusinessmen, reyes del campo. El acuerdo no representa ni la ‘solidez’, ni los ‘avances’, ni la base para ‘impulsar la verdadera transformación del campo’, ni la ‘resolución del tema ‘’innegociable’’ de excluir del TLCAN al frijol y al maíz blanco’ que perciben los agraciados firmantes dirigentes. Si el acuerdo se puede tirar por entero a la basura, entonces el movimiento sí tiene elementos rescatables. Es necesario identificar cuáles de sus aspectos pueden contribuir a un movimiento más ‘sólido, que avance hacia la verdadera transformación del campo.’ Aquí es importante distinguir conceptualmente entre una exitosa movilización opositora y un verdadero movimiento transformador. El primer caso puede lograr el tratamiento de problemas puntuales y hasta puede llegar a ejercer algún papel administrativo en la política agraria. Sin embargo, siempre depende de las autoridades estatales y de la interlocución negociadora de los dirigentes de oposición, dentro del contexto del modelo oficial. El segundo plantea un nuevo esquema que fundamentalmente rompa, que trascienda el modelo imperante y lo hace con sus propias fuerzas, arrancándole, en sus propios términos, concesiones al estado y ejerciendo una autonomía dentro del contexto de un esfuerzo más general por la transformación social. Entonces, hay que rescatar la plataforma original del movimiento y fortalecerla como rechazo constructivo al sistema neoliberal y neocolonizador. Hay que recoger las energías combativas de las bases, incluyendo las correctas disposiciones de las organizaciones como la UNORCA. Y hay que retomar el impulso unitario que caracterizó a muchos elementos del movimiento. Pero, todo esto hay que hacerlo rechazando el papel oportunista, desactivador y vertical de los dirigentes deshonestos y corporativistas. Hay que hacerlo con la participación desde las bases de todos los actores excluidos por el sistema que tomen las riendas de sus asuntos y que los integren respetuosamente al clamor más amplio por la reestructuración radical del campo. Sólo de esta forma será posible terminar con la subordinación agraria nacional y construir un mundo rural democrático, independiente, plural, autosuficiente y autosustentable. Este es el reto del movimiento campesino y de las fuerzas revolucionarias que se ponen a su disposición. ========================================================= HACIENDO CAMINO EL CONTROL MILITAR DEL PLANETA Samir Amín Desde los años 80, cuando se anuncia el desmoronamiento del sistema soviético, se diseña una opción hegemónica que se granjea al conjunto de la clase dirigente estadunidense (a sus establishment demócrata y republicano). Llevado por el éxito de su potencia armada, que ya no tiene ningún rival capaz de templar sus fantasmas, Estados Unidos elige afirmar su dominio, en primer lugar, por medio del despliegue de una estrategia estrictamente militar de «control del planeta». Una primera serie de intervenciones ¿Golfo, Yugoslavia, Asia Central, Palestina, Irak? inaugura a partir de los 90 la puesta en marcha de este plan de guerras made in USA, guerras sin fin, planificadas y decididas unilateralmente... La estrategia política que acompaña al proyecto prepara sus pretextos: terrorismo, lucha contra el narcotráfico o la acusación de producción de armas de destrucción masiva. Pretextos evidentes cuando se conocen las complicidades que permitieron a la CIA fabricar un adversario «terrorista» a medida (los talibanes, Bin Laden, aunque los hechos del 11 de septiembre nunca han sido clarificados) o desarrollar el Plan Colombia dirigido contra Brasil. Respecto a las acusaciones de posible producción de armas peligrosas lanzada contra Irak, Corea del Norte, y en el futuro contra cualquier país, no son nada comparadas con el uso efectivo de estas armas por parte de Estados Unidos (las bombas de Hiroshima y Nagasaky, el empleo de armas químicas en Vietnam, la amenaza reconocida de utilización de armas nucleares en futuros conflictos). Así pues, se trata sólo de medios que son muestra de la propaganda en el sentido que Goebbels daba al término, eficaces quizá para convencer a la ingenua opinión pública estadunidense, pero cada vez menos creíbles en otros lugares. La guerra preventiva formulada desde ahora como un «derecho» que Washington se reserva de invocar, supone de entrada la abolición de todo derecho internacional. La Carta de Naciones Unidas prohíbe recurrir a la guerra, excepto en caso de legítima defensa, y somete esta posible intervención militar propia a condiciones severas, además de establecer que la respuesta debe ser mesurada y provisional. Todos los juristas saben que las guerras emprendidas desde 1990 son absolutamente ilegítimas y que, por lo tanto, sus responsables son, en principio, criminales de guerra. Naciones Unidas ya es tratada por Estados Unidos, aunque con la complicidad de terceros, como antaño lo fuera la Sociedad de Naciones por los estados fascistas. II. La abolición del derecho de los pueblos, ya consumada, sustituye el principio de su igualdad por el de la distinción entre un Herrenvolk (el pueblo de Estados Unidos, accesoriamente el de Israel) que tiene el derecho de conquistar el «espacio vital» que considere necesario y los demás, cuya existencia misma sólo es tolerable si no constituye una «amenaza» para el despliegue de los proyectos de aquellos que están llamados a ser los «amos del mundo». ¿Cuáles son, por lo tanto, estos intereses «nacionales» que la clase dirigente de Estados Unidos se reserva el derecho de invocar como le viene en gana? A decir verdad, esta clase se reconoce sólo en un objetivo -»hacer dinero»- y el Estado estadunidense se ha puesto abiertamente al servicio prioritario de la satisfacción de las exigencias del segmento dominante del capital constituido por las multinacionales de Estados Unidos. Así pues, a los ojos del establishment de Washington todos nos hemos convertido en pieles rojas, es decir, pueblos que sólo tienen derecho a existir en la medida en que no interfieran en la expansión del capital multinacional de Estados Unidos. Cualquier resistencia será reducida por todos los medios, incluso hasta el exterminio si fuera necesario, como nos asegura Estados Unidos. Quince millones de dólares de beneficios suplementarios para las multinacionales estadunidenses y, en contrapartida, 300 millones de víctimas, sin duda alguna. Estados Unidos es el Estado canalla por excelencia, por retomar la terminología de los presidentes Bush padre, Clinton y Bush hijo. Este proyecto es claramente imperialista en el sentido más brutal, pero no es «imperial» en el sentido que Negri da a este término, porque no se trata de controlar al conjunto de las sociedades del planeta para integrarlas en un sistema capitalista coherente, sino sólo de apoderarse de sus recursos. La reducción del pensamiento social a los axiomas de base de la economía vulgar, la atención unilateral dada a la maximización de la rentabilidad financiera a corto plazo del capital dominante, reforzada por la puesta a disposición de éste de medios militares conocidos por todos, son los responsables de esta bárbara deriva que el capitalismo lleva consigo, puesto que se ha desecho de cualquier sistema de valores humanos que ha sido sustituido por las exigencias exclusivas de la sumisión a las supuestas leyes del mercado. Por la historia de su formación, el capitalismo estadunidense se prestaba a esta reducción mejor aún que el de las sociedades europeas, porque el Estado estadunidense y su visión política han sido formados para servir exclusivamente a la economía, aboliendo con ello la relación contradictoria y dialéctica economía-política. El genocidio de los indios, la esclavitud de los negros, la sucesión de oleadas de emigraciones que sustituían la maduración de la conciencia de clase por la confrontación de los grupos que compartían supuestas identidades comunitarias (manipuladas por la clase dirigente), han producido una gestión política de la sociedad por parte de un partido único del capital, cuyos dos segmentos comparten las mismas visiones estratégicas globales, ya que se comparten la tarea por medio de sus retóricas aptas para controlar cada una de las constituencies, circunscripciones electorales, de la mitad escasa de la sociedad que cree lo bastante en el sistema como para tomarse la molestia de ir a votar. Privada de la tradición por medio de la cual los partidos obreros socialdemócratas y comunistas marcaron la formación de la cultura política europea moderna, la sociedad estadunidense no dispone de los instrumentos ideológicos que le permitirían resistir a la dictadura sin contrapeso del capital. Por el contrario, es éste el que labra unilateralmente el modo de pensar de la sociedad en todas sus dimensiones y, en especial, produce, reforzándolo, su fundamental racismo que le permite verse como Herrenfolk. El eslogan Play boy Clinton, Cow boy Bush same policy (playboy Clinton, cowboy Bush: misma política), expresado en «lenguaje indio», pone con toda justicia el énfasis en la naturaleza del partido único que gobierna la supuesta democracia estadunidense. Debido a ello el proyecto estadunidense no es un proyecto hegemónico banal que compartiría con otros que se han ido sucediendo a lo largo de la historia moderna y antigua las virtudes de una visión de conjunto de los problemas que permite darles respuestas coherentes estabilizadoras, aunque estén fundadas en la explotación económica y en la desigualdad política. Es infinitamente más brutal por su concepción unilateral, extremadamente simple, y desde ese punto de vista se acerca más al proyecto nazi, fundado también en el principio exclusivo del Herrenfolk. Este proyecto no tiene nada que ver con lo que afirman los universitarios liberales estadunidenses, que califican a esta hegemonía de «benigna» («indolora»). Si este proyecto se sigue desarrollando durante cierto tiempo, sólo traerá un caos cada vez mayor que apele a una gestión cada vez más brutal por medio de acciones puntuales, sin una visión estratégica a largo plazo. En última instancia, Washington ya no tratará de reforzar verdaderos aliados, lo que siempre impone saber hacer concesiones. Unos gobiernos títere, como el de Karzai en Afganistán, son más útiles mientras el delirio del poderío militar permite creer la «invencibilidad» de Estados Unidos. Lo mismo que pensaba Hitler. III El examen de las relaciones de este proyecto criminal con las realidades del capitalismo dominante constituido por el conjunto de países de la tríada (Estados Unidos, Europa, Japón) permitirá medir sus fuerzas y debilidades. La opinión general más extendida, dirigida por aquellos media que no llaman a la reflexión, es que el poderío militar estadunidense no constituye más que la punta del iceberg, que prolonga la superioridad de este país en todos los dominios, especialmente económicos, pero también políticos y culturales. Debido a ello la sumisión a la hegemonía que pretende sería inevitable. El examen de las realidades económicas invalida esta opinión. El sistema productivo de Estados Unidos está lejos de ser el «más eficaz del mundo». Por el contrario, casi ninguno de sus segmentos estaría seguro de superar a sus competidores en un mercado verdaderamente abierto como imaginan los economistas liberales. Prueba de ello es su déficit comercial que se agrava cada año: de 100 mil millones de dólares en 1989 ha pasado a 450 mil millones en 2000. Además, este déficit concierne a prácticamente todos los segmentos del sistema productivo. Incluso el excedente del que se beneficiaba en el terreno de los bienes de la alta tecnología, que era de 35 mil millones de dólares en 1990, se ha convertido actualmente en déficit. La competencia entre Ariane y los cohetes de la NASA, Airbus y Boeing son testimonio de la vulnerabilidad de la ventaja estadunidense. Frente a Europa y Japón para los productos de alta tecnología a China, Corea y otros países industrializados de Asia y de América del Sur para los productos manufacturados corrientes, a Europa y al Cono Sur para la agricultura, Estados Unidos probablemente no los superaría sin recurrir a los medios «extraeconómicos» que violan los principios del liberalismo impuestos a sus competidores. De hecho Estados Unidos sólo se beneficia de las ventajas comparativas establecidas en el sector del armamento, precisamente porque escapa ampliamente a las reglas del mercado y se beneficia del apoyo del Estado. Sin duda esta ventaja implica algunas consecuencias para la vida civil (el ejemplo más conocido es Internet), pero también está en el origen de las importantes distorsiones que constituyen desventajas para muchos de los sectores productivos. La economía estadunidense es parásita en detrimento de sus socios en el sistema mundial. «Estados Unidos depende para el 10 por ciento de su consumo industrial de bienes, cuya importación no está cubierta por exportaciones de los productos nacionales». (E. Todd, Après l’empire, p. 80). El crecimiento en los años de Clinton, alabado por ser producto del «liberalismo» al que Europa, desgraciadamente, se había resistido demasiado, es de hecho muy facticio y, en todo caso, no generalizable, porque descansa en transferencias de capital que implican el estancamiento de los socios. Para todos los segmentos del sistema productivo real, el crecimiento de Estados Unidos no ha sido mejor que el de Europa. El «milagro estadunidense» se ha alimentado exclusivamente del crecimiento de los gastos producidos por el agravamiento de las desigualdades sociales (servicios financieros y personales, legiones de abogados y de policías privados, etcétera). En ese sentido, el liberalismo de Clinton preparó claramente las condiciones que permitieron el desarrollo reaccionario y la ulterior victoria de Bush hijo. Además, como escribe Todd (p. 84), «inflado por los fraudes, el PNB estadunidense empieza a parecerse, por la fiabilidad estadística, al de la Unión Soviética». El mundo produce, Estados Unidos (cuyo ahorro nacional es prácticamente nulo) consume. Su «ventaja» es la de un depredador cuyo déficit está cubierto por el aporte, consentido o forzado, de terceros. Los medios puestos en marcha por Washington para compensar sus deficiencias son de distintas naturalezas: repetidas violaciones unilaterales de los principios del liberalismo, exportaciones de armamento (60 por ciento del mercado mundial) ampliamente impuestas a aliados subalternos (que, además, como ocurre en los países del Golfo, ¡nunca utilizarán ese armamento!), búsqueda de subrentas petrolíferas (que suponen poner a los productores bajo su autoridad de forma regulada, motivo real de las guerras en Asia Central e Irak). En todo caso, lo esencial del déficit estadunidense se cubre por las aportaciones en capital procedentes de Europa y de Japón, del sur (países petrolíferos ricos y clases compradoras[1] de todos los países del tercer mundo, incluidos los más pobres), al que se añadirá la sangría ejercida a título del servicio de la deuda impuesta a la casi totalidad de los países de la periferia del sistema mundial. Las razones que dan cuenta de la persistencia de los flujos de capital que alimenta el parasitismo de la economía y de la sociedad estadunidense, y permiten a esta superpotencia vivir al día son indudablemente complejas. Pero en absoluto son resultado de las supuestas «leyes del mercado», que son a la vez racionales e ineludibles. La solidaridad de los segmentos dominantes del capital multinacionalizado de todos los socios de la tríada es real y se expresa mediante su adhesión al neoliberalismo globalizado. En esta perspectiva Estados Unidos es visto como el defensor (militar, si es necesario) de estos «intereses comunes». En todo caso, Washington no pretende «repartir equitativamente» los beneficios de su liderazgo. Por el contrario, se esfuerza por avasallar a sus aliados, y en ese espíritu sólo está dispuesto a consentir concesiones menores a sus aliados subalternos de la tríada. ¿Acaso este conflicto de intereses del capital dominante está llamado a acentuarse hasta el punto de acarrear una ruptura en la alianza atlántica? No es imposible, aunque sí poco probable. El conflicto prometedor se sitúa en otro terreno: las culturas políticas. En Europa sigue siendo posible una alternativa de izquierda que impondría simultáneamente una ruptura tanto con el neoliberalismo (y el abandono de la vana esperanza de someter a Estados Unidos a sus exigencias, permitiendo así al capital europeo librar una batalla sobre el terreno no minado de la competición económica), como con alineamiento a las estrategias políticas estadunidenses. El excedente de capitales, que por el momento Europa se contenta con «situar» en Estados Unidos, podría entonces destinarse a una recuperación económica y social, sin lo cual ésta seguiría siendo imposible. Pero cuando Europa eligiera por ese medio dar prioridad a su desarrollo económico y social, la artificial salud de la economía estadunidense se desmoronaría y su clase dirigente se enfrentaría a sus propios problemas económicos y sociales. Ese es el sentido que doy a mi conclusión: «Europa será de izquierdas o no será». Para lograrlo hay que librarse de la ilusión de que la carta del neoliberalismo debería ?y podría? jugarse «honestamente» por todos y que, en ese caso, todo iría mejor. Estados Unidos no puede renunciar a su opción en favor de una práctica asimétrica del liberalismo, porque es el único medio que tiene de compensar sus propias deficiencias. El precio de la «prosperidad» estadunidense es el estancamiento de los demás. ¿Por qué, entonces, a pesar de estas evidencias, continúa el flujo de capitales en su beneficio? Sin duda para muchos el motivo radica en que Estados Unidos es «un Estado para los ricos», el refugio más seguro. Este es el caso de las inversiones de las burguesías compradoras del tercer mundo. Pero, ¿en el de los europeos? El virus liberal ?y la creencia ingenua de que Estados Unidos acabará por aceptar el «juego de los mercados»? opera aquí con una fuerza evidente entre las grandes opiniones públicas. En este espíritu el FMI ha consagrado el principio de la «libre circulación de capitales», de hecho simplemente para permitirle cubrir su déficit por medio del bombeo de los excedentes financieros generados en otros lugares por las políticas neoliberales, a las que Estados Unidos sólo se somete selectivamente. Sin embargo, para el gran capital dominante la ventaja del sistema prevalece sobre sus inconvenientes: el tributo que hay que pagar a Washington para asegurar su permanencia. Existen países calificados de «países pobres endeudados» que están obligados a pagar. Pero también existe un «país poderoso endeudado», del que debería saberse que nunca va a devolver sus deudas. Debido a este hecho, el verdadero tributo impuesto por el chantaje político de Estados Unidos sigue siendo frágil. IV La opción militarista del establishment de Estados Unidos se sitúa en esta perspectiva. No es otra cosa que el reconocimiento de que no dispone de otros medios para imponer su hegemonía económica. Las causas que están en el origen del debilitamiento de su sistema productivo son complejas, No son, desde luego, coyunturales, y que por ello se podrían corregir, por ejemplo, por medio de la adopción de una tasa de cambio correcta, o mediante la construcción de relaciones más favorables salario-productividad. Son estructurales. La mediocridad de los sistemas de enseñanza general y de formación, producto de un prejuicio tenaz que favorece sistemáticamente lo «privado» en detrimento del servicio público, es una de las principales razones de la profunda crisis que atraviesa la sociedad de Estados Unidos. Así pues, deberíamos sorprendernos de que los europeos, lejos de sacar las conclusiones que impone la constatación de las insuficiencias de la economía estadunidense, se apresuren, por el contrario, a imitarlas. A este respecto tampoco el virus neoliberal lo explica todo, aunque sí satisfaga algunas funciones útiles para el sistema, paralizando a la izquierda. La privatización a ultranza, el desmantelamiento de los servicios públicos sólo podrán reducir las ventajas comparativas de las que aún se beneficia la «vieja Europa» (como la llama Bush). Pero sean cuales sean los daños que ocasionen a largo plazo, estas medidas ofrecen al capital dominante, que vive en el corto plazo, la ocasión de beneficios suplementarios. La opción militarista de Estados Unidos amenaza a todos los pueblos. Procede de la misma lógica que antaño fue la de Adolfo Hitler: modificar por medio de la violencia militar las relaciones económicas y sociales en favor del Herrenvolk del momento. Esta opción, imponiéndose por delante del escenario mundial, sobredetermina todas las coyunturas políticas, porque la prosecución del despliegue de este proyecto debilitaría extremadamente todos los avances que los pueblos podrían obtener por medio de sus luchas sociales y democráticas. Por consiguiente, hacer fracasar el proyecto militarista estadunidense se convierte entonces para todos en la tarea primordial, en nuestra principal responsabilidad. La lucha para hacer fracasar el proyecto de Estados Unidos es ciertamente multiforme. Comporta aspectos diplomáticos (defensa del derecho internacional), militares (se impone el rearme de todos los países del mundo para hacer frente a las agresiones planeadas por Washington no hay que olvidar nunca que Estados Unidos ha utilizado armas nucleares cuando tenía su monopolio y que ha renunciado a ello cuando no lo tenía) y políticas (especialmente en lo que concierne a la construcción europea y a la reconstrucción del bloque de los países no alineados). El éxito de este combate dependerá de la capacidad de los espíritus para liberarse de las ilusiones liberales. Porque nunca existirá una economía globalizada «auténticamente liberal». Y, sin embargo, se intenta y se seguirá intentando por todos los medios hacerlo creer. Los discursos del Banco Mundial, que opera como una especie de ministerio de propaganda de Washington, concernientes a la «democracia» y al «buen gobierno», o la «reducción de la pobreza», tienen esta única función, como el ruido mediático organizado en torno a Joseph Stiglitz, al descubrir algunas verdades elementales, afirmadas con autoridad arrogante, sin sacar, sin embargo, la menor conclusión que cuestione los prejuicios tenaces de la economía vulgar. La reconstrucción de un frente del sur, capaz de dar a la solidaridad de los pueblos de Asia y Africa, y a la tricontinental, una capacidad de actuar en el plano mundial pasa también por la liberación de las ilusiones de un sistema liberal globalizado «no asimétrico» que permitiría a las naciones del tercer mundo superar sus «retrasos». ¿No es acaso ridículo ver a los países del tercer mundo reclamar la «puesta en marcha de los principios del neoliberalismo, pero sin discriminación alguna», y beneficiarse entonces de los nutridos aplausos del Banco Mundial? ¿Desde cuándo el Banco Mundial ha defendido al tercer mundo frente a Estados Unidos? La lucha contra el imperialismo estadunidense y su opción militarista es la lucha de todos los pueblos, de sus víctimas principales de Asia, Africa y América del Sur, de los pueblos europeos y japonés condenados a la subordinación, pero también del pueblo estadunidense. Saludemos desde aquí el valor de todos aquellos que en el «corazón de la bestia» se niegan a someterse igual que sus predecesores se negaron a ceder al macartismo de los años 50. Igual que quienes osaron resistirse a Hitler han conquistado cuantos títulos de nobleza puede otorgar la historia. ¿Será capaz la clase dominante de Estados Unidos de volver sobre el proyecto criminal al que se ha adscrito? Pregunta difícil de responder. Poco, si no nada, en la formación histórica de la sociedad estadunidense dispone a ello. El partido único del capital, cuyo poder no se discute a Estados Unidos, no ha renunciado hasta el momento a la aventura militar. En este sentido no se puede atenuar la responsabilidad que esta clase tomó en conjunto. El poder de Bush hijo no es el de una «camarilla» [integrada por] los petroleros y las industrias de armamento. Como en toda la historia moderna de Estados Unidos, el poder dominante nunca ha sido otro que el de una coalición de intereses segmentarios del capital (mal calificados de lobbies). Pero esta coalición sólo puede gobernar si lo aceptan los demás segmentos del capital. En su defecto, todo sucede en este país tanto menos respetuoso de hecho del derecho de lo que parece serlo en principio. Desde luego, algunos fracasos políticos, diplomáticos y quizá hasta militares podrían animar a las minorías que en el seno del establishment aceptarían renunciar a las aventuras militares en las que su país está embarcado. ¡Esperar más me parece tan ingenuo como podía serlo la esperanza de que Adolfo Hitler entrara en razón! Si los europeos hubieran reaccionado en 1935 o en 1937 habrían logrado detener el delirio hitleriano. Al reaccionar solamente en 1939, se infligieron decenas de millones de víctimas. Actuemos para que la respuesta sea más temprana frente al desafío de los neonazis de Washington. Samir Amín es economista egipcio y director del Foro del Tercer Mundo en Senegal. Traducción: Beatriz Morales NOTA AL FINAL: 1. Clases no productivas que sirven de enlace con el capitalismo exterior ========================================================= El 11 de septiembre, ¿fue un trabajo interno? Las teorías de la conspiración siempre han existido y siempre han generado controversia. En el orden capitalista, pensamos, muchas veces son exageradas e infundadas ya que las clases política y económica dominantes, al disponer de grandes recursos para lograr su dominio, no siempre necesitan tramar clandestinamente. Sin embargo, las conspiraciones se han dado a lo largo de la historia de Estados Unidos como superpotencia. Sólo hay que recordar los derrocamientos de Arbenz en Guatemala y Allende en Chile y el escándalo Irán-Contra de los ‘80. Es lógico pensar entonces que las siniestras maquinaciones se multipliquen cuando el imperialismo entre en una fase de potencial declive y comience a perder su hegemonía. En la entrevista que sigue, ignorada por los grandes consorcios mediáticos, Ralph Shoenman ofrece evidencia ‘dura’ para sostener la idea de que los ataques del 11 de septiembre ‘fueron un trabajo interno’. La ofrecemos en este número, meses después de su primera aparición, no sólo para que los compañeros se formen una idea de los oscuros y revueltos intereses detrás del poder de EEUU, sino además para señalar hasta qué extremos es capaz el imperio de llegar para defender los mismos, aniquilando a su propios ciudadanos. También sirve para contextualizar la agresión actual a Irak. No es difícil aceptar lo relatado por Shoenman dada la historia reciente del monstruo del norte, la cual puede leerse como toda una fase conspirativa. No sería nada descabellado propugnar que desde los años 90, cuando Clinton preparaba el terreno doméstico de EEUU con la peligrosa ilusión de la prosperidad (que no era más que una frágil burbuja) y con numerosos ataques unilaterales en el mundo, se hacía evidente la necesidad de medidas drásticas. El neoliberalismo fracasaba y la burbuja estaba a punto de reventar. Se necesitaba una nueva camarilla en Washington, más agresiva y con una renovada ideología de dominio, para llevar a cabo un plan formulado desde 1997 en el documento “Reconstruyendo las Defensas de Estados Unidos” elaborado por la organización con fuertes nexos al Pentágono, las petroleras y el Sionismo, Proyecto por un Nuevo Siglo Americano (PNAC, por sus siglas en inglés) y cuyos integrantes hoy se encuentran en puestos importantísimos en el gobierno de Bush. Entre otros objetivos, este documento habla de la invasión de Irak y del debilitamiento y la contención de posibles rivales para mantener la supremacía yanqui. Llegó lo requerido en la forma del golpe de estado del 2000 en el que el hermano de Bush le abrió camino a la Casa Blanca, primero encargándole a Choicepoint (¡!) la eliminación de decenas de miles de votantes afroamericanos (que en su mayoría vota por el partido demócrata) del padrón electoral y luego ingeniando un fraudulento cómputo de los votos. Una vez en el poder, los nuevos administradores del imperio sólo necesitaban el pretexto para desenvainar sus nuevas agresiones. El mismo documento mencionado (ver www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf) advierte sobre la necesidad de un ‘algún evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor’ (capítulo5): el 11 de septiembre... Ralph Shoenman es, sin duda, una de las personalidades más fascinantes y carismáticas en la izquierda estadounidense. El escritor, analista y secretario personal de Bertrand Russell entre 1961 y 1968, que ha dedicado su vida a la defensa de los derechos humanos, tanto al lado de Malcolm X como del fiscal Jim Garrison, o al denun