La conquista del poder popular: 
Una auténtica tercera vía
Volumen 1, Número 6, enero/febrero de 2003
 
 

 
 

 

 
 
 
 

ÍNDICE

EDITORIAL
Aportaciones históricas de Genaro y Lucio
 
 
CÓMO LA VES DESDE AI
 
DETRÁS DEL PALIACATE
Comunicado #28 - Un Homenaje a Lucio Cabañas

En Honor a Lucio

 
NUESTRO PENSAR
Acerca de las olas de izquierda en América Latina

El ERPI y la conquista del poder popular:  Una auténtica tercera vía

 
HACIENDO CAMINO
Debate sobre el poder en el movimiento popular
 
 
TELESCOPIO
La irracionalidad del imperio
 
 
CONOCIENDO A...
Las armas en todas las manos:  La lucha del pueblo vietnamita
 
PINCELADAS
Cuando termina la distancia
 
Como trapos sucios
 
Comunsentimina
 
 
PASEOS POR EL TIEMPO
Izquierda y Revolución II - La década perdida: pérdidas y ganancias de la izquierda revolucionaria

Comandante Genaro Vázquez Rojas

 
MEGÁFONO
de escudos y "el profe" de siempre

Dirección Nacional ERPI

Consejo Editorial: Ciro, Ramón, Ramiro, Maíz
 
Equipo Técnico y Gráfico: Dionisio, Marisol, Diana, Elena, Tom, Jerry, Grillo, Piolín, Maíz
 
Consejo de Inspiración:
        Política: Lucio Cabañas Barrientos, Genaro Vázquez Rojas
 
¡CON EL PODER POPULAR, EL PUEBLO UNIDO VENCERÁ!
Página: http://tierra.ucsd.edu/erpi
Correo Electrónico: erpi@tierra.ucsd.edu

NOTA: La inclusión de todos los artículos de esta publicación es exclusiva decisión del Consejo Editorial. El criterio para la publicación es la afinidad de nuestros pensamientos y no necesariamente algún compromiso político de los autores.

IMPORTANTE: Esta revista está dirigida a todos los ciudadanos de nuestro país, quienes tenemos derecho a la información, a la libre expresión y a ejercer nuestra libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia (derechos plasmados en los Artículos 6 y 7 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos), y del mundo. Advertimos: La lectura y/o posesión de esta revista no significa militancia en nuestra organización. Por lo tanto, cualquier medida represiva es estricta responsabilidad del gobierno.

 


 
EDITORIAL
Aportaciones históricas de Genaro y Lucio

En la memoria reciente de nuestro pueblo flotan de manera permanente dos bellos ejemplos de lucha de hombres y organizaciones, habiendo una asociación automática de las ideas y de sus ejemplos revolucionarios. Se trata ni más ni menos que de Lucio Cabañas Barrientos con el Partido de los Pobres y de Genaro Vázquez Rojas con la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria. Si bien cada año al recordar la fecha de sus muertes, siendo el día 2 de diciembre para Lucio y el 2 de febrero para Genaro, se dan movilizaciones y homenajes de varias organizaciones populares en el país y particularmente en el estado de Guerrero. La más reciente fue especialmente más intensa debido a la sepultura de los restos de Lucio en el zócalo de su ciudad natal Atoyac de Álvarez, lo cual se logró después de que el Estado mexicano reveló el lugar donde los tuvo bajo secreto durante todos estos años pues fue tanto el miedo que lo tuvo que esconder aún ya muerto pues saben lo que significa Lucio para el pueblo. Ahora dentro de unos días toca a Genaro su homenaje pues el pueblo no lo quiere hacer menos valioso ya que el ejemplo que ambos dieron fue tan igual y tan grande que sus vidas dejaron en ello.

Por esto nos referiremos a los aportes a la lucha revolucionaria que en México hicieron ambos héroes del pueblo a quienes aquí en el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente los homenajeamos como nuestros comandantes y nos reconocemos como una vertiente importante de sus ejemplos. Aquí en nuestra organización, donde militan viejos colaboradores y no pocas comunidades enteras que les dieron cobijo y quienes nunca han olvidado, siempre son motivo de referencia y comparación con nuestros combatientes para agarrar ejemplos que nos hagan avanzar en la construcción revolucionaria en nuestro pueblo.

Como muchas personas han mencionado, los aportes que históricamente la ACNR y el PDLP hicieron al movimiento revolucionario en México y América Latina se inscriben dentro de la lucha antiimperialista que en esos años se dio en diferentes partes del mundo, sin olvidar que en nuestro país también se crearon múltiples grupos armados pero que finalmente no tuvieron el alcance logrado por las que fundaron Genaro y Lucio, en primer lugar ambas organizaciones nacen en el movimiento de la lucha de masas que ante la represión se justifica plenamente el recurso de las armas. En segundo lugar, en poco tiempo alcanzan un nivel de beligerancia tal que se convierten en la principal amenaza para los planes del Estado mexicano fiel defensor de los intereses imperialistas, en tercer lugar demuestran la incapacidad del aparato represor y la vulnerabilidad del mismo particularmente demostrado por el PDLP al enfrentar a unidades del ejército federal aniquilándolas en muchas ocasiones, Además queda roto el mito de que la lucha armada revolucionaria era imposible de hacer en México dada su vecindad con los Estados Unidos, y que sólo a las organizaciones en nuestro país le iba a corresponder jugar el papel de retaguardia para otros movimientos revolucionarios de América Latina, mito que fue largamente alimentado también por el Estado mexicano con propósitos contrainsurgentes y de espionaje. Y por supuesto no debemos olvidar que el ejemplo que ambas organizaciones dejan inspira ahora a cientos de luchadores sociales en el país y allende las fronteras dándole vigencia a esta forma de lucha del pueblo que ahora en el caso de México sigue dando manifestaciones de la existencia y accionar de diferentes organizaciones armadas y no sólo el ERPI, EZLN y EPR y todas reconocen los aportes que han dejado nuestros camaradas del PDLP y de la ACNR.

Por otro lado, en estos días se reactiva la lucha social de los campesinos ante el fenómeno globalizador y neoliberal que dejaría en peores condiciones de pobreza y marginación a millones de familias campesinas ante la entrada en vigor de la primera etapa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y que dadas las desventajosas condiciones en que tendrán que competir los productos agropecuarios de nuestros campesinos mexicanos en contra de las de los granjeros estadounidenses y canadienses debido a las políticas de proteccionismo y subsidio a la producción que existe en estos países. Desde hace ya más de un mes se están intensificando las protestas por parte de las organizaciones campesinas que para colmo siguen padeciendo del corporativismo que aun les sujeta y hasta cierto punto controla todavía las movilizaciones campesinas, sin embargo las protestas se van radicalizando aún en oposición a los líderes formales y es que no es para menos ante el eventual peligro de la casi extinción de muchas pequeñas propiedades que han resistido el efecto depredador y arrasador del neoliberalismo en el sector rural. Se impone pues necesario y urgente en estas condiciones por lo pronto una renegociación del capítulo agropecuario del TLCAN o bien se subsidie a los productores de pequeños a medianos propietarios de diferentes maneras pero en forma efectiva y sin condicionamiento a preferencias electorales como ha sido costumbre en México. Nuestra organización se declara pendiente al curso de las movilizaciones y otras formas de lucha de los campesinos y en vigencia de esta etapa de autodefensa convocaremos a las respuestas políticas y militares que se consideren necesarias donde y cuando sea posible.

Momentos difíciles se viven en el mundo y especialmente en el Medio Oriente ante la inminente agresión imperialista sedienta del petróleo iraquí y que merece desde antes y ahora la condena unánime de parte de todo ser humano que en realidad sea humano. El pueblo norteamericano no merece los genocidas que lo gobiernan y algo debe hacer para frenar a las bestias pues de otra manera corre el riesgo de que el ciudadano estadounidense común y corriente sea confundido con las bestias y los ataques irracionales e indiscriminados como el de las torres gemelas se conviertan en noticias frecuentes. Es pues imperativo exigirle al pueblo norteamericano se ponga en acción y de parte de los demás pueblos del mundo oponer todo tipo de resistencia desde la pacifista hasta la violenta en oposición a las agresiones del aparato militar genocida más poderoso del mundo.

 
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CÓMO LA VES DESDE AI

La hora del campo
 
Considerando que el año 2002 no fue siquiera lo que el gobierno había proyectado (que tampoco es lo que el país mínimamente requiere), intentaré hablar sobre lo que este nuevo año nos depara. Y digo intentar porque esperamos algo distinto aunque sabemos que viene más de lo mismo, pero copeteado...

Antes de iniciar veamos algunos datos por los cuales «yo no olvido el año viejo»:

En el despertar de 2003, la octava economía del mundo -que no crece ni genera empleo- que no sabemos cómo mantiene un índice tan bajo de desempleo (2.7% según fuentes oficiales) -, que cuenta con las reservas internacionales más elevadas de su historia -que no se utilizan-, que mantiene una estabilidad macroeconómica envidiable -con 54 millones (65 millones según algunos analistas) de pobres en su haber- que promueve aumentos al salario mínimo de 3.5%, es decir, un peso con treinta y tantos centavos diarios y que reporta una inflación estable -con tendencia al alza- deberá prepararse para afrontar un año electoral y una de las más enconadas protestas populares con motivo de la entrada en vigor del apartado agropecuario del TLCAN.

Si a todo esto sumamos la incapacidad y torpeza de su gabinetazo con declaraciones de Luis Ernesto Derbéz como:

«La desventaja agropecuaria de México frente a Estados Unidos es un mito roto... El campo no aguanta más es un sector importante, pero pequeño, de gente que tiene problemas sociales y que hace visible un tema que debió haber preocupado en México desde hace 10 años, y es cómo le damos respaldo al productor social para que éste tenga acceso a una serie de mecanismos que lo lleven hacia el volumen de producción requerido».

«Más de 60 por ciento, si no es que el 70, de los productores agropecuarios no tiene relación con el sector comercial, son de autoconsumo. Entiendo que ellos lo planteen, pero es medio peculiar que nosotros también lo aceptemos como una realidad, es decir, el sector no relacionado con el comercio es el 70 por ciento, de modo que lo que ocurra en el sector comercial no debe tener repercusión, puesto que estas familias están para el autoconsumo. La pregunta clave, por tanto, es ¿por qué están sufriendo esas familias?, y la respuesta es clara y evidente: porque necesitan una serie de apoyos y una serie de estímulos. Uno, para salir de la pobreza; dos, para integrarse cada vez más al sector comercial y para que su producto les permita tener una vida digna.»

«Esos son programas de respaldo, eso no tiene nada que ver con el comercio ni con el TLCAN, tiene que ver en cómo le llego con acciones específicas a la gente para que tenga ovejas, para que tengan más cabras, para que pongan más gallinas».

«México, sin duda, ha tenido éxito en este TLCAN, porque la participación en el mercado de Estados Unidos con los productos mexicanos, que inició con 7 por ciento en 1993, hoy llega prácticamente a 11.7 por ciento», y aun en 2001 y 2002, que hemos tenido tasas de crecimiento muy lentas de la economía estadunidense y una recesión en ese país, «México ganó mercado». Es decir, sí es cierto que cayeron nuestras exportaciones, pero cayeron menos proporcionalmente que las de otras naciones y el país tiene hoy un porcentaje mayor, «una rebanada de pastel más amplia de lo que tenía en el año 2000». «Si se observa la balanza comercial mexicana en el sector agropecuario únicamente con los Estados Unidos, otro mito que existe también se rompe».

El gran problema de México no es el TLCAN, dijo, el conflicto es que los programas complementarios requeridos para el proceso de cambio de estructura no se plantearan. Se retiró el apoyo crediticio, el apoyo a la comercialización y al desarrollo tecnológico. El abandono, manifestó el funcionario, ocurrió desde hace 20 años. (Y desde luego se ha fortalecido en los últimos 8). No obstante, en el terreno comercial, las cosas pintan distinto.

«¿Qué pasa en Estados Unidos con los productos agropecuarios mexicanos? Del consumo total en Estados Unidos dos de cada tres mangos y papayas son de origen mexicano; una de cada tres berenjenas, y uno de cinco pimientos y espárragos son mexicanos.»

«No ha habido pérdida de empleos, al contrario, hay una ganancia: «La ganancia neta en empleos nosotros calculamos que es, neta, incluyendo las pérdidas de los dos años recientes, de aproximadamente un millón 200 mil empleos; en los sectores de exportación es la ganancia neta». ¡Nadie en su sano juicio puede sostener eso!

«Sin el TLCAN, el deterioro hubiera sido mucho peor, sin duda. Y no puedo dar datos concretos porque no hemos hecho este tipo de análisis. Efectivamente, si uno va a muchas ciudades del norte del país o del centro va a encontrarse con que sí ha habido progreso». Según Derbéz, el problema del TLCAN está en las áreas jurídicas del acuerdo: y refiriéndose al azúcar comentó que «no quedó definido con evidente claridad cómo se integran los paneles para llegar a una solución en una controversia con Estados Unidos. Debe haber un instrumento legal que la resuelva, y reglas más claras, más precisas. Nos fallaron en algunos temas y son generalmente de este tipo».

Ahora bien, es de todos conocido que desde hace poco más de 20 años, la irresponsabilidad de los gobiernos neoliberales han llevado al campo mexicano a una circunstancia extremadamente peligrosa para la soberanía nacional y social, de la misma forma que ha generado una situación política bastante explosiva y desastrosa en general.

Si revisamos la historia reciente recordaremos que Miguel de la Madrid inscribió al país en el Acuerdo General de Aranceles y Comercio, GATT, por sus siglas en inglés, que fue el embrión de la actual Organización Mundial de Comercio, OMC, e inició la oleada privatizadora que, a la postre, barrió con las cadenas productivas de la economía nacional. Después, Carlos Salinas fue más allá: sujetó a México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) dividiendo a las organizaciones campesinas, acalló toda protesta mediante las relaciones públicas multimillonarias, la represión y la corrupción. No fue sino hasta el inicio del último año de su administración que los indígenas rebeldes de Chiapas obligaron a Salinas a enterarse de la existencia de un país rural, miserable y exasperado que no aparecía por ninguna parte en las estadísticas alegres de los tecnócratas gubernamentales, tal como ahora se manifestaron el 1 de enero de este 2003 para recordarle a Fox que además de el agro hay una situación mucho más compleja que incluye a los Pueblos Indígenas, y a todos los demás pueblos, en la planeación y proyección del desarrollo de la Nación.

Zedillo, por su parte, ejerció la Presidencia dándole la espalda no sólo al campo, sino al país en su conjunto. El descontento generado por su administración fue de tal magnitud que la ciudadanía castigó su ineptitud quitándole el Ejecutivo federal al PRI. (La Jornada 21/01/03)

Luego entonces, producto de ese castigo, ¿nos toca aguantar la soberbia de un personaje, y su séquito, que bien puede ser una mezcla de varios de nuestros anteriores presidentes?. Vicente Fox aplica cada una de las frases, de cada gobierno anterior; y no sólo las dice sino que las ejecuta tal cual si fueran propias. Desde defender nuestra economía como perros, falderos, (López Portillo), pasando por «la renovaciòn moral» (De la Madrid); ni nos ve, ni mucho menos nos oye como Salinas de Gortari, hasta llegar a «el bienestar para su familia», perdón, para TU familia de Zedillo.

A pesar de la palabrería, y de sus promesas de campaña, el actual gobierno ni siquiera ha reglamentado leyes para reactivar al sector agrícola, como la de Desarrollo Rural y la de Energía para el Campo, no se otorgan subsidios ni establecen mecanismos compensatorios para los campesinos mexicanos, y por supuesto, la actual administración no quiere ni discutir la necesaria renegociación del TLCAN para lograr condiciones menos funestas para la gran mayoría de los agricultores del país. Y que decir del desprecio por cualquier otro sector que no sea el empresarial (no en vano sus declaraciones sobre un país con un gobierno de empresarios para empresarios).

Es necesario decir una y otra vez que la renegociación del TLCAN, para no sólo tapar el bache de ahora, sino hacer una revisión exhaustiva, es cuestión de voluntad política. Lo de la revisión general es para subsanar y aclarar los puntos oscuros del TLCAN en todos sus apartados.

Porque aun cuando Fox y Javier Usabiaga, secretario de Agricultura, ellos mismos empresarios agrícolas capitalizados, tecnificados y exportadores, porfían en considerarse representativos del resto de los campesinos mexicanos equivocadamente (porque sabemos que lo único que son no es otra cosa que beneficiarios), porque la mayor parte de la gente del campo está integrada por ejidatarios, comuneros y micropropietarios que viven una situación desesperada, que carecen de la menor posibilidad de competir exitosamente con las importaciones procedentes de los otros socios del TLCAN y que, con la entrada en vigor del capítulo agrícola de ese tratado, no tienen ante sí ninguna perspectiva de desarrollo, a menos que se dediquen a cultivar enervantes, abandonen sus tierras o busque mejores ingresos en el vecino país del norte como jardineros.

Además, los países subdesarrollados nosotros en primer plano, no podemos darnos el lujo de seguir siendo el vertedero de productos subsidiados. No sólo se pierde soberanía alimentaria, sino que al desmantelarse las estructuras productivas del campo, se pone en riesgo la viabilidad económica, social y política de estos países. La organización del comercio mundial de los productos agropecuarios puede ser buena para unas cuantas empresas de dimensiones colosales, pero no para la economía de los países pobres ni para el medio ambiente.

Esa circunstancia límite ha forzado a los campesinos de distinta filiación y a sus organizaciones a confluir en un todavía embrionario movimiento de protesta que se está haciendo sentir en el país. Cabe esperar que el Ejecutivo federal y los mandatarios estatales se abstengan de responder con el recurso de la represión las expresiones de descontento y que en cambio éstas sirvan para hacer entender a los actuales gobernantes que el campo está a punto de explotar y que si no se hace algo el futuro y la viabilidad del país en su conjunto estarán en peligro.

En este sentido, hay que decir que las diferentes organizaciones no son, no del todo, los mejores aliados de los campesinos, ademàs del corporativismo (sea PRI, PRD...) por ejemplo: El Congreso Agrario Permanente (CAP), aun con el nuevo talante que busca adoptar, es una conjunción artificial de fuerzas, la principal de las cuales, la Confederación Nacional Campesina, ha buscado mantenerse con su propio perfil y negociar por su lado condiciones para encarar las viejas deficiencias del campo y las que ha hecho surgir la entrada en vigor del capítulo agropecuario del tratado de libre comercio.

En el CAP hay agrupaciones que, a la antigua usanza, son meras oficinas de trámites y no entidades de representación social. Las hay también que son remanente de épocas en que era rentable la simulación. La Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, UNTA viajó con la corriente pesetista que abjuró del gobiernismo de sus líderes originales hacia la integración de un nuevo partido que tras la experiencia cardenista de 1988 resultó ser el Partido de la Revolución Democrática. Sin ser una organización perredista, pues están prohibidas las afiliaciones masivas, la UNTA actúa en las proximidades de ese partido, donde sin embargo carece de exclusividad.

Con anteriores y mejores títulos la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) había recogido la tradición organizativa en el campo de la izquierda comunista; y después El Barzón, formado por pequeños empresarios agrícolas, sujetos de crédito en la banca comercial y por eso dejados en la insolvencia por sucesivas crisis financieras, son agrupaciones más dinámicas que la UNTA, y con otras agrupaciones representan más cabalmente al sector rural perredista o cercano a ese partido. En función de sus vínculos con el PRD precisamente, donde busca mantener un papel para el que ya no está preparada, la UNTA objetó la reunión anunció su propia movilización, carente de alcance y de sentido si no va en consonancia con el resto de las agrupaciones.

La CNC, que tampoco es ya la única central campesina priista, exclusividad que perdió hace varias décadas, sigue siendo el eje del sector rural de ese partido. Dispone de fuerza política propia, expresada en su presencia legislativa y en su capacidad de interlocución y de convocatoria. Se opuso al asedio al Congreso, a mediados del mes pasado, no sólo porque tal género de movilizaciones es ajeno a su tradición, sino porque en sus filas militan más de setenta diputados, colocados en situación de llevar adelante, en el Congreso mismo, los objetivos de aquella movilización.

Como parte del principal partido de oposición, la CNC ha escogido su camino propio en esta coyuntura.. Aunque la CNC no puede ser exonerada de su participación en el aparato de poder que condujo a la firma del tratado de libre comercio en términos desventajosos para México, ni tampoco de la que tuvo en la imprevisión general que sólo al cuarto para las doce gritó la alerta ante los efectos de ese pacto internacional en materia agropecuaria, algunos analistas dicen que es por hoy la agrupación mejor calificada técnica y políticamente, y con mayor representación social, para el diseño de una nueva política agropecuaria. (Claro que esto lo tienen que demostrar)

En esa reunión tampoco estará presente el sector agrícola empresarial, el que se agrupa en el Consejo Nacional Agropecuario, que forma parte del Consejo Coordinador Empresarial. Sus aspiraciones y problemas no necesitan ser expuestos ante el gobierno, porque el Presidente mismo y el secretario Usabiaga forman parte de tal sector, y porque un número significativo de sus integrantes será beneficiario del generoso decreto que canceló la deuda fiscal agropecuaria, aparecido el viernes 3 de enero en el Diario Oficial de la Federación. Este subsidio favorecerá a causantes del impuesto sobre la renta y al valor agregado que no hayan podido pagarlos en ejercicios anteriores, e incluye el principal y no sólo las multas y recargos. Su positivo alcance será, sin embargo, muy limitado, pues se refiere sólo a la actividad agropecuaria de carácter comercial y no al vasto espectro de la agricultura y ganadería de subsistencia o caído en la economía informal.

Cualquiera que sea el desenlace de los encuentros gubernamentales con las agrupaciones de gente del campo, el tema será uno de los dominantes en la campaña electoral del año que comienza. Si bien ya sólo una cuarta parte de la población del país depende de las actividades rurales, es claro que la vida urbana no puede desvincularse del campo al punto de ignorar sus dificultades o al grado de simplemente deplorarlas como si fueran circunstancia ajena. Y es claro también que una de las funciones de la democracia electoral ha de ser la de una pedagogía ciudadana que a través de diagnósticos y propuestas configure el retrato del país que somos y queremos ser.

Es muy probable que al revisar la redacción del TLCAN se encuentren buenos deseos de prosperidad y desarrollo que transpiraban los representantes gubernamentales de México, Estados Unidos y Canadá al firmarlo hace 10 años. Sin embargo, la realidad no siempre corresponde con la teoría, y, lamentablemente, al mirar no nada más hacia el campo, sino también, hacia la educación, el trabajo, la salud, la alimentación, la vivienda, la soberanía, la libertad, la paz, la justicia o la democracia los ejemplos sobran.

Lo mismo sucede con los acuerdos hacia la conformación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), cuyo promotor más destacado, (después de George Bush hijo, claro) es nuestro insigne y nunca bien ponderado presidente, el señor Vicente Fox Quesada.

En los últimos diez años, más de 30 millones de productores agrícolas en los países subdesarrollados han tenido que abandonar el campo para acabar viviendo en condiciones de hacinamiento y miseria. El efecto sobre el mercado laboral y sobre los salarios ha sido altamente nocivo. Y esto es parte de una política definida por los grandes consorcios internacionales como el BM y el FMI.

El caso de la economía mexicana no es diferente. El TLCAN nos convirtió en otro gigantesco depósito de productos vendidos a precios dumping. Los gobiernos Zedillo-Fox, cómplices de este esquema, han ido incluso más allá de lo estipulado en el TLCAN, para deleite de grupos corporativos que se enriquecen con estos arreglos y hoy claman que se respete el tratado, es más exigen al presidente Vicente Fox Quesada aplicar la ley a los grupos que amenazaron con ocupar edificios públicos y cerrar carreteras en protesta por los efectos nocivos del TLCAN (sin embargo ninguno dice esta boca es mía, abierta y decididamente para pedir aplicación de la ley para los asaltantes de CNI Canal 40)

Se adoptaron todas las medidas recomendadas en el modelo neoliberal para el campo con pésimos resultados: estancamiento en el agro y deterioro de las cuentas externas. Es claro que se necesita una estrategia diferente para el campo. La revisión del capítulo agropecuario del TLCAN es una condición necesaria de esta tarea, pero ya no es suficiente.

Técnica, legal y económicamente, una nueva estrategia para el campo es perfectamente posible. Sólo que en México, el gobierno y los grandes intereses corporativos a los que obedece ciegamente, consideran que las cosas deben seguir como antes. La movilización campesina que recorre el país puede hacerles entender que las cosas no pueden seguir así. Otro contrato campo-ciudad es necesario y es posible.

Durante la llamada Ronda del Milenio de la Unión Europea (UE) para las negociaciones agrícolas, celebrada en marzo de 2000, los ministros del ramo definieron una agenda fundada en el reconocimiento de que: ‘’La agricultura desempeña, además de la producción de alimentos, múltiples funciones, entre ellas: la preservación del paisaje, la protección ambiental, la seguridad y calidad de los alimentos, el bienestar de los animales, y otros, por lo que urge equilibrar los aspectos comerciales y no comerciales de la agricultura’’. Sobre esta base diseñaron una serie de ‘’medidas complementarias’’ a la reforma de 1992, que consideran subsidios a los labradores ubicados en zonas desfavorecidas, con el fin de garantizar la sostenibilidad de los aprovechamientos agrícolas, conservar el hábitat y cumplir con las normas ambientales. Se prevé, también, la capacitación de los trabajadores del campo en tecnologías ecológicas, el apoyo a los jóvenes que quieran iniciarse en la producción agrícola, la jubilación anticipada a los labriegos mayores de 55 años y compensaciones para quienes deseen convertir sus explotaciones agropecuarias en zonas silvícolas o reservas biológicas.

Cierto, la poderosa economía europea puede darse el lujo de subsidiar a un sector relativamente modesto de su producción y su sociedad. Y también es verdad que como gran exportadora de alimentos, la UE está interesada en ampliar mercados y reducir barreras arancelarias y subsidios en otros países, y le conviene introducir en su propia agricultura un sistema de subvenciones que presuntamente no distorsiona los precios, pues va orientado a retribuir los valores sociales y ambientales. Pero, aun así, el enfoque europeo es mucho más creativo y sugerente que el crudo imperialismo alimentario estadunidense: una sorda guerra mundial anticampesina que usa los subsidios para abatir los precios y poder vender a precios de dumping. Tiene razón Franz Fischler, comisario europeo para la Agricultura y la Pesca, cuando dice: ‘’Precisamente cuando todos los países industrializados han aceptado orientar sus ayudas a la agricultura de manera que no se traduzca en medidas distorsionadas para el comercio y la producción, Estados Unidos avanza en dirección opuesta’’.

Repetiremos hasta el cansancio que «legal y jurídicamente el TLCAN sí puede ser renegociado, existen los mecanismos para hacerlo e incluso ya se iniciaron pláticas con organizaciones de productores de Estados Unidos» (según dirigentes campesinos), que apoyarían que así se proceda con el capítulo agropecuario.

En los hechos, el gobierno ha entregado el campo mexicano «como una moneda de cambio» a Estados Unidos, sin el menor escrúpulo, y ha aplicado la apertura comercial en éste y otros rubros casi como un dogma, sin importarles que se esté devastando al sector y con ello exterminando a los campesinos del país.

Una nueva estrategia para el campo implica

 - Redefinir las políticas sobre crédito (comercial y de la banca de desarrollo) para el campo
 
- También necesita revisar los esquemas de gasto público, en especial en lo que concierne a la inversión en materia de vivienda, servicios municipales, salud, educación, comunicaciones e infraestructura hidroagrícola
 
 - Requiere la reconstrucción de un esquema moderno y funcional, transparente y eficaz, de estabilización y formación de precios agrícolas
 
 - La necesidad de retomar la soberanía alimentaria
 
 - Reconocer la multifuncionalidad del sector agrícola
 
 - Revalorizar y fomentar la producción agropecuaria
 
 - Garantizar acceso a los alimentos –suprimir el hambre
 
 - Impulsar los sistemas de sustentabilidad para los productores
 
 - Proteger el medio ambiente y defender la biodiversidad de los recursos genéticos
 
 - Reconocer los acuerdos de San Andrés Larráinzar.


Estos componentes, junto con un fondo de inversiones para revertir el rezago que afecta la competitividad del sector, son claves para una estrategia alternativa

Los dirigentes de las organizaciones campesinas siguen diciendo que sí se puede revisar el TLC, ya que no hay impedimentos legales y que con la renegociación se buscaría, en primer lugar, excluir totalmente de la liberación los rubros de maíz y frijol, los cuales no se pueden abrir ni a 10 ni a 20 años por la propia seguridad nacional; incorporar el libre flujo de migrantes y un fondo de inversión estructural, así como volver a la aplicación de aranceles para muchos productos amenazados por la apertura.

«Sí vamos por políticas públicas distintas; sí vamos por la renegociación del capítulo agropecuario del TLC, porque es posible y no debemos tener miedo de proteger un sector tan vulnerable, de alargar los plazos de apertura otra vez. Atendiendo este problema se puede a la vez incidir en los grandes temas pendientes, como la desigualdad, la pobreza y la exclusión indígena; además, necesitamos un país en paz y para ello se requieren condiciones de desarrollo igualitario, que no las hay».

Lo importante será que vayan juntos y con una política de diálogo consensuada para evitar rupturas en momentos clave del proceso. Es necesario que cada sector involucrado en el TLCAN se sume a la iniciativa de renegociación y que se hagan presentes para lograr una renegociación general. ¿Por qué es tan difícil ponernos de acuerdo?

ELECCIONES

La legislativa del 2003 es la primera elección federal después de que el PRI perdió la Presidencia de la República. Es seguro que los partidos la vean como acontecimiento fundacional. Así debería ocurrir al menos, y ser entendida como una oportunidad para recrear la política. La responsabilidad de los partidos consiste no sólo en ganar curules en San Lázaro, sino en revitalizar la vida política, haciéndola entender como condición necesaria para la convivencia social, en vez de que se la vea como forma de vida de unos cuantos.

La transición hacia un sistema de elecciones realmente contendidas y poderes equilibrados no se realizó en un acto sino en un proceso. Paulatinamente el régimen priista fue perdiendo espacios ante la participación ciudadana, y disminuyó, por ende, su capacidad de dominación. De un Congreso donde la oposición era sólo elemento escenográfico se pasó en tan solo 14 años a que el grupo priista no sea el mandamás, es decir, que haya una distribución que no permita a ninguno de los partidos imponer su particular punto de vista. Claro que sería muy bueno que los legisladores empezaran a representar efectivamente al electorado.

Otra de las batallas del presidente es la de la disminución de la corrupción y en este sentido las cosas tampoco marchan muy bien. Aun cuando pretenden dar una imagen de tener el control de la situación, las cosas no son como creen ellos y quisieran que creyéramos nosotras y nosotros y para tener una visión un poco más amplia sobre este tema, solo hay que revisar las notas en las que el Ejército tuviera que ocupar sedes de la Fiscalía Especializada en Atención de Delitos contra la Salud (FEADS) lo cual reconfirma que México sigue perdiendo la guerra contra las drogas y la corrupción.

La política del gobierno mexicano siempre ha estado influida por el pensamiento y las prioridades definidas por Washington. Desde hace varias décadas nuestros soldados y policías atacan la producción y el tráfico para, de esa manera, reducir las cantidades que llegan a Estados Unidos. No han tenido éxito y el gobierno de Vicente Fox hizo ajustes a la estrategia. El asedio a los cárteles mexicanos que está haciendo el Ejecutivo se apoya en un esfuerzo notable por mejorar la eficacia y capacidad del aparato de seguridad. Es incuestionable el creciente aumento de recursos para inteligencia y Fuerzas Armadas, de la misma forma que es incuestionable que los mismos cuerpos creados para la lucha contra el narco se han convertido, en gran parte, en los garantes de dichas actividades fortaleciendo la corrupción oficial (Procuraduría General de la República, PFP, Fuerzas Armadas...).

Por eso mismo es tan alarmante la ocupación que hizo el Ejército de las sedes de la FEADS en Tijuana y otras ciudades. No hay ninguna garantía de que los ocupantes sean realmente no corruptos. Es forzoso iniciar una revisión crítica de la actual estrategia.

No hay soluciones fáciles a la degradación de nuestras policías y fuerzas de seguridad. Ningún cambio será fácil, y los resultados tampoco serán automáticos o rápidos. Hay enormes resistencias sociales e institucionales, poderosísimas redes de interés y muchas obligaciones internacionales de por medio. Reconociéndolo, tampoco es recomendable la parálisis. Es imperativo revisar la actual política y abrir el abanico de opciones y alternativas para mexicanizar política y estrategia invirtiendo los supuestos presentes. Para empezar, nosotros no le hemos generado un problema a Estados Unidos; son ellos los que nos los están creando. Además de ello, las ideas que nos impusieron (y que nuestros gobernantes aceptaron) no funcionan y nos imponen enormes costos. Modificados los supuestos tendrían que repensarse las consecuencias que tiene para nuestra seguridad nacional la actual política.

Está bien que se combata a los cárteles y a la corrupción y que se profesionalice el aparato de seguridad. Pero resulta criminal que ignoremos el consumo y descuidemos la prevención, la educación y la rehabilitación de los adictos.
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DETRÁS DEL PALIACATE

Comunicado #28 - Un Homenaje a Lucio Cabañas

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En Honor a Lucio

Se oye por los campos
El cantar de los jilgueros
Pero más recordando estamos
Compañeras y compañeros

Que tristes son estas fechas
Nos duele al recordar
Si Lucio está en nuestras mentes
No lo podemos olvidar

Por eso en estas fechas lo vamos a
Recordar, la huella que nos dejó
No la podemos borrar
Por eso sus restos en el zócalo
Se van a sepultar.

Tu sufriste en los campos
Como muestras lo demostraste
Una patria para todos
Que hasta la vida dejaste.

Tu sufriste las amarguras
En los campos de batallas
Tu entregaste hasta tu vida
Sin mirar de cerca la raya

Te ganaste el cariño
Por los lugares que recorriste
Cruzando montes y espinas
Sin mirar, lo sufriste

Por los campos y montañas
Recorrías todos los días
Con los compas platicando
Y con ellos sonreías
Pero nunca se imaginaban
Que solos los dejarías.

Tus compañeros que dejaste
no sabían ni que hacer
al verse sin protección
se tiraron a perder
dejaron pasar el tiempo
Y volvieron a aparecer.

Fue un dos de diciembre
cuando partiste de estas tierras
dejándonos solos y tristes
como en una verde hoguera
pero siempre te recordaremos
aunque el mal gobierno no quiera

Tu estarás siempre con nosotros
en nuestras mentes y memorias
Tu nos dejaste muchos recuerdos
Para siempre y hasta la victoria

Que triste mes de diciembre
es una fecha muy importante
Recordando cuando cayó
Nuestro querido comandante

Dichosos aquellos años
que Lucio logró conquistar
una lucha por la que seguimos
Que Lucio quiso lograr
la lucha será alcanzada
y será por un gobierno popular

No quisiera terminar de contarles
No saben cuánto lo siento
pero tengo que prepararme para el festejo
del compañero Lucio Cabañas Barrientos.


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NUESTRO PENSAR

Acerca de las olas de izquierda en América Latina

El ERPI y la conquista del poder popular: Una auténtica tercera vía

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HACIENDO CAMINO

Debate sobre el poder en el
movimiento popular

                                  Rubén Dri (Retruco, Argentina)

Actualmente, existe un debate fuerte en el marxismo sobre la cuestión del «poder».

Libros recientes, como «Imperio» escrito por Antonio Negri y Michael Hardt y «Cambiar el mundo sin tomar el poder» escrito por John Holloway, han causado mucha polémica. Para muchos teóricos, estas obras conducen hacia el postmodernismo, concepto literario conservador que, aplicado a la política, tiene graves consecuencias, por no decir negativas y hasta contraproducentes en términos político-estratégicos. A continuación, se presenta un documento titulado «Debate sobre el poder en el movimiento popular», elaborado por Rubén Dri. En este texto, Dri escribe lúcidamente sobre los fenómenos de la «construcción del poder popular», «la huida del poder» por parte de algunos, y prosigue a proponer criterios básicos en la «construcción del poder popular».

Aunque podamos no estar de acuerdo con todos los planteamientos que hace Dri, se considera este escrito esencial para el entendimiento de los desafíos, tanto teóricos como prácticos, que una organización revolucionaria confronta al constuir el poder popular...


Las movilizaciones de los últimos tiempos han puesto en evidencia una fuerte voluntad popular de afirmar su realidad subjetual. Pero ser sujeto significa ponerse como tal, crearse, luchar por el reconocimiento, lo cual implica necesariamente plantearse el problema del poder, en torno al cual, en el ámbito del movimiento popular, podemos vislumbrar tres posiciones típicas:

a. La concepción clásica del marxismo-leninismo que se expresa como «toma del poder».

b. La de pensadores influenciados por el posmodernismo, como Negri y Holloway, cuya concepción es la de «huida del poder».

c. La de militantes de los nuevos movimientos sociales y políticos que prefieren hablar de la «construcción del poder».

Se trata de una tipificación que permite tomar las diversas concepciones como si se tratase de casos puros y resaltar, de esa manera, las diferencias y oposiciones. En la realidad las concepciones se suelen entrecruzar.


1.- Toma el poder o el poder como objeto

En los movimientos sociales y políticos de las décadas del 60 y 70 que marcaron profundamente a nuestra sociedad, el problema del poder fue planteado con fuerza, en contra de concepciones de izquierda tradicionales para la cuales el tema se postergaba de manera indefinida. Partidos considerados siempre de izquierda como el Partido Comunista, los diversos Partidos Socialistas, las variantes maoístas y trotzquistas no se planteaban el problema del poder.

No significa ello que no hablasen sobre el poder. El asunto es que para ellos el problema no se imponía como una exigencia perentoria a realizar. No se cuestionaba en los hechos seriamente el poder del capitalismo. Por una u otra razón, la revolución estaba postergada, de manera que había tiempo de sobra para debatirlo.

El problema, en cambio, adquirió no sólo actualidad, sino exigencia perentoria en las diversas agrupaciones y partidos de una nueva izquierda, por llamarla de esa manera, que se proponían hacer la revolución. Ello significaba, terminar con la sociedad capitalista, sustituirla por una sociedad socialista. Ya no se trataba de una meta lejana, sino de algo que estaba en cierta manera a la mano.

El debate sobre el poder fue intenso, y las concepciones, diversas, pero todas, de una u otra manera se sintetizaban en «la toma del poder». En realidad la expresión pertenece a la teoría que fundamentó los procesos revolucionarios del siglo veinte. Toma del poder, asalto al poder, asalto al cielo, son expresiones equivalentes. Sin duda que son movilizadoras, encienden en la imaginación figuras utópicas que impulsan a la voluntad para la lucha.
El poder, en primer lugar, es concebido como un objeto. Así como se puede tomar, asir, o, en términos populares, «agarrar» un objeto, también se puede tomar o agarrar el poder. De esta manera, se piensa que no se tiene el poder, no se lo ejerce, hasta que no se lo ha tomado. El poder está en manos de las clases dominantes, de los grandes consorcios, del ejército. En fin, alguien, o algunos lo tienen. Se trata de arrebatárselo.

En segundo lugar, el poder está en un lugar determinado. Ese lugar puede ser la «Casa Rosada», Campo de Mayo o La Tablada. Quienes están ahí tienen el poder. Para arrebatárselo es necesario trasladarse hasta ese lugar. La columna del Che, desde la sierra Maestra a Santa Clara, y desde allí a la Habana, o la «Larga Marcha» de Mao son símbolos de este ir hasta el lugar donde se encuentra el poder, para tomarlo, arrebatándoselo al enemigo.

El poder, en consecuencia, es como una cosa que está en un determinado lugar al que hay que trasladarse para tomarlo. Algo semejante a la expedición de los Argonautas dirigidos por Jason a la Cólquide para arrebatar el célebre «vellocino de oro». Pero ya se sabe, semejante tesoro está bien guardado, bien custodiado. La marcha para su conquista no es una fiesta, sino una lucha. Menester es tener la organización y los instrumentos necesarios para dar esa lucha.

El instrumento por excelencia es el partido político. Para la toma del poder se necesita un partido revolucionario y para que éste lo sea, debe estar constituido por el sujeto o los sujetos revolucionarios. Como en la teoría marxista tradicional el sujeto revolucionario es el proletariado, el partido debe ser un partido obrero y, su meta próxima es la conquista del poder y el establecimiento de la dictadura del proletariado.

El concepto de «dictadura del proletariado» es por demás significativo. Normalmente significó lo contrario a la democracia, en cualquiera de sus formas.
Entiendo que no fue ésa la concepción de Marx, en el cual, por otra parte, el concepto es marginal, nunca tematizado. Pero en él el concepto de dictadura no se oponía al de democracia, en el sentido de elecciones, partidos políticos diferentes, en la medida en que consideraba que las democracias burguesas eran dictaduras.

Ello significa que para Marx la dictadura implicaba la dominación de una clase sobre las otras, no necesariamente la de un partido político. Así como la dictadura de la burguesía se ejerce mediante diversos partidos políticos, lo mismo podría hacer el proletariado. Quiero decir que la lógica de la dominación de clase no implica necesariamente el partido único.

El establecimiento de las dictaduras del proletariado ha producido resultados decepcionantes. Los partidos revolucionarios que lograron la toma del poder establecieron efectivamente una dictadura que se llamó «dictadura del proletariado» pero que, en realidad, fue una dictadura del partido, del aparato burocrático y finalmente del líder, depositario de la ciencia.

La revolución se había realizado para construir una sociedad plenamente liberada, con igualdad efectiva de derechos para todos. La realidad fue decepcionante. La dominación no fue quebrada sino sustituida. Los revolucionarios pasaron a ser los nuevos señores. Mentiras, crímenes y corrupción acompañaron a la nueva sociedad, que no resultó nueva, sino antigua. La caída del Muro de Berlín es el símbolo de la derrota de las revoluciones que tomaron el poder.

Hablar de traición, referirse a las condiciones difíciles en que se produjo la revolución soviética, a la temprana muerte de Lenin y a otras circunstancias, de ninguna manera logran explicar un fracaso tan rotundo. Volver al debate entre Lenin y Rosa Luxemburgo puede ser un ejercicio excelente, no para darle ahora la razón a Rosa, sino para bucear en el destino de una revolución realizada por una organización, el partido político, que «toma el poder».


2.- Huir del poder o fugar al anti-poder

Las posiciones de Holloway, de Negri y de Hardt pertenecen al amplio espacio abierto por autores que, desencantados de las revoluciones que se habían producido bajo la égida del marxismo ortodoxo, reniegan de todo lo que suene a estructura o institución. Se fundan en interpretaciones de las nuevas prácticas que se generaron luego de la caída del Muro de Berlín, como las de Chiapas, las de los Sin Tierra de Brasil, las de los diversos Movimientos Sociales, de las Asambleas en Argentina y, en general, de los movimientos anti-globalización.
El planteo de Holloway guarda semejanzas con el de Negri y Hardt, pero también diferencias, cuya base fundamental se encuentra en la diferente posición frente a la dialéctica. Mientras éstos la rechazan como un elemento burgués inserto en el pensamiento revolucionario, Holloway, por el contrario, la incorpora como clave de su pensamiento.

En este sentido, recupera a Hegel y fundamentalmente a Marx. Sus análisis de la alienación en Marx, especialmente como se expresa en los Manuscritos de 1844 son excelentes. Pero su dialéctica no es tanto la de Marx, sino la dialéctica negativa de Adorno. Esto lo lleva directamente a la conclusión de que toda institución constituye una alienación. La única formulación posible de una revolución que se pretenda liberadora será la del anti-poder.

Las coincidencias fundamentales contemplan dos rubros, «la centralidad de la lucha oposicional (ya sea que la llamemos poder de la multitud o anti-poder) como la fuerza que da forma al desarrollo social» y el concentrarse en la revolución, que «no puede concebirse en términos de tomar el poder del Estado». (Holloway; 2002; 244). Mientras los autores de «Imperio» a la fuerza de oposición la denominan «multitud», Holloway, le da el nombre de «anti-poder».

La diferente denominación no es una simple cuestión de nombres. Significan dos posiciones diferentes en cuanto al contenido mismo de la oposición. La «multitud», aunque sea algo indeterminado, volátil, pulverizado, es «algo», mientras que el anti- poder es nada, o mejor, es «no». Ninguna posibilidad de darle un contenido, una forma, una estructura.

La segunda coincidencia es, en realidad, la verdadera coincidencia. La alergia al Estado, a cualquier Estado es total, porque el Estado no es otra cosa que «una forma rigidizada o fetichizada de las relaciones sociales. Es una relación entre personas que no parece ser una relación entre personas, una relación social que existe en la forma de algo externo a las relaciones sociales» (Id.; 142). Es necesario escapar del Estado. La fuga, en todos los autores citados es la clave de toda la lucha por una nueva sociedad.

Holloway, al igual que Negri, se considera heredero del pensamiento de Marx. Se plantea entonces aquí un problema, pues para Marx, el Estado es mucho más que la simple fetichización de las relaciones sociales. Es la forma «en la que se condensa toda la sociedad civil de una época» (Marx; 1977; 72), por lo cual en el primer proyecto de su obra, esto es, de El Capital, figura como el tercer momento de la primera dialéctica, formada de la siguiente manera:

1) «Las determinaciones abstractas que corresponden en mayor, o menor medida a todas las formas de sociedad».

2) «Las categorías que constituyen la articulación interna de la sociedad burguesa».

3) «Síntesis de la sociedad burguesa bajo la forma de Estado». (Marx; 1980; 29-30).

En la concepción tradicional, ortodoxa del marxismo se sostiene la desaparición del Estado, pero al final, luego del acto revolucionario de toma del mismo por parte del proletariado dirigido por el partido. Menester es tener en cuenta que el concepto «destrucción» o «eliminación» es antidialéctico. Engels lo utiliza sin problemas y de allí provienen las confusiones posteriores. Marx es mucho más cauto al respecto y suele referirse al problema mediante el concepto de Auf-hebung, que traducimos por «superación».

Se lograría ello no mediante una destrucción, sino mediante la universalización de la satisfacción de necesidades. La característica cautela de Marx para no incursionar en realidades futuras que sólo podían ser barruntadas es, en cierta manera compartida por Holloway, si bien tanto él como Negri exageran nuestra ignorancia con respecto a todo futuro.

Las disidencias, por su parte, están centradas «en el tema del paradigma». Para Hardt y Negri, en efecto, la revolución consiste en un cambio de paradigma, semejante a los que ya hubo, como ser, «del imperialismo al Imperio» o «de la modernidad a la posmodernidad, de la disciplina al control, del fordismo al posfordismo, de una economía industrial a una informacional» (Idem; 245). Ello significa que la sociedad es algo estable, lo cual es totalmente contradictorio con una dialéctica negativa como la de Holloway.

El enfoque paradigmático lleva al funcionalismo, según Holloway, a una concepción de la sociedad en la que todo encaja. Su origen se encuentra en la posición anti- dialéctica y anti-humanista de ambos autores, lo que, por otra parte, los lleva a sostener la continuidad entre animales, seres humanos y máquinas, siendo éstas últimas, prótesis de nuestros cuerpos y mentes. Con ello entramos en una antropología del ciberespacio, pero «el problema con esta visión, dice Holloway, seguramente, es que ni las hormigas ni las máquinas se rebelan. Una teoría que está basada en la rebelión tiene poca opción: tiene que reconocer el carácter distintivo de la humanidad» (Idem; 249).

La revolución no es otra cosa que «el desarrollo del anti-poder», del no-poder, de la negación del poder, la cual «toma millones de formas diferentes: desde arrojar el despertador contra la pared, hasta llegar tarde al «trabajo», realizar tareas sin esforzarse, ausentismo, sabotaje, luchas por descansos, por el acortamiento de la jornada laboral, por vacaciones más largas, por mejores pensiones, huelgas de todo tipo, etc.» (Idem; 270).

Dos observaciones se imponen al respecto. En primer lugar, es imposible pensar todas estas prácticas como simple no-poder. De hecho constituyen construcción de poder. Son prácticas constitutivas del poder popular. Es que el concepto mismo de anti-poder como no-poder que se debe lograr, es contradictorio, pues para lograrlo hay que luchar, lo cual significa siempre construir poder.

La pesadilla de la que Holloway quiere escapar mediante su concepción del anti-poder es el círculo diabólico de la circularidad del poder, sobre el cual se había explayado Foucault. El poder como siempre se lo ha considerado y practicado es el poder-sobre, la dominación sobre otros. Cuando se lucha en contra de ese poder, de hecho lo que se hace es cambiar de quien ejerce el poder-sobre.

Así ha pasado con las revoluciones socialistas, especialmente con aquéllas que fueron denominadas del «socialismo real». No se modificaron sustancialmente las relaciones sociales. Cambiaron los dominadores, pero no se eliminó la dominación. Holloway quiere salir del círculo con la pretensión de separar taxativamente el poder-hacer del poder- sobre, como si el sujeto pudiese ejercer un poder sin encontrarse con la relación de poder del otro. En otras palabras, pretende saltar afuera de la dialéctica del señor y del siervo.

En segundo lugar, todas esas prácticas han sido realizadas por los obreros, maestros, empleados, profesores universitarios, y trabajadores distintos desde la implantación del capitalismo. Nunca se consideró que ello se hacía por el no-poder. Todo lo contrario, lo que se quería es un poder de abajo, de los dominados, un poder alternativo.

Entre las formas de lucha Holloway destaca la migración, pues mediante ella «millones de personas huyen del capital, buscando esperanza» (Idem; 270). Esta apreciación de la migración es compartida con entusiasmo por Hardt y Negri. Dos observaciones se imponen también aquí. En primer lugar, la migración puede interpretarse, más allá de la conciencia de los migrantes como una fuga del capital, pero de hecho éstos buscan un lugar donde el capital les permita tener un trabajo que en su lugar de origen no consiguen. El mexicano que pasa a Estados Unidos lo hace bajo esa condición, lo mismo que el boliviano que migra a la Argentina.

En segundo lugar, es curiosa esta manera de privilegiar la migración como forma de lucha por el anti-poder. Es cierto que constituye una forma de lucha, como todas las enumeradas, pero está lejos de ser privilegiada. Es una lucha penosa, amarga y que al capital no le ocasiona demasiados trastornos. En todo caso los soluciona con medidas cada vez más represivas.
Otro aspecto de la concepción de Holloway con respecto a la revolución es el heroísmo. En su concepción «el movimiento del comunismo es anti-heroico», pues «el objetivo de la revolución es la transformación de la vida común, cotidiana y es ciertamente de esa vida común y ordinaria que la revolución debe surgir» (Idem; 302; 303). Esto lo lleva, a su vez, a criticar la concepción revolucionaria que se basa en la conducción de los líderes y los héroes.

Toda revolución que se realiza a partir de un liderazgo, reproduce desde el principio las relaciones que quiere subvertir e hipoteca las realizaciones a la voluntad del líder. Éste, por otra parte, tenderá a ahogar todo avance que suponga una mengua de su propio poder-sobre. En este sentido, Holloway tiene razón. Además, el liderazgo siempre tenderá a perpetuarse y tendrá fuertes tentaciones de manera el poder como si proviniese de él y no del pueblo.

Es importante la observación de Holloway en lo referente a los héroes. Efectivamente, la revolución no es una tarea de héroes, sino del pueblo. La revolución no la hacen los héroes, ni se hace para vivir una vida heroica. Se hace para vivir mejor, para «vivir bien» como quería Aristóteles, donde «bien» no significa sólo realidades materiales, las que deben ser suficientes, sino la posibilidad del sujeto de realizarse plenamente.

Pero las afirmaciones de Holloway no parecen admitir espacio alguno para el heroísmo, virtud excelsa que expresa realizaciones humanas superiores, en el sentido cualitativo, sin que ello dé ninguna razón para ejercer un poder sobre los demás. La construcción de esa futura sociedad en la que podamos fraternizar entre todos, puede exigir, y de hecho así es, actos de heroísmo. Un piquetero que, entre las balas de la policía, se detiene a auxiliar al compañero caído es un acto heroico. La lucha siempre estará llena de ellos.

Los 30.000 mil compañeros detenidos-desaparecidos eran jóvenes, la mayoría de ellos, como cualesquiera de los jóvenes de hoy, con una vida común, con sus afectos, virtudes y defectos. En un momento determinado fueron puestos en la situación-límite del heroísmo. Pero ello le sucede también a la más común de las madres cuando debe enfrentar situaciones-límites en la defensa de su hijo.
Por otra parte, el heroísmo es un momento fundamental en los proyectos que se formulan en la juventud. Nada más aplastante y descorazonador que encontrarse con jóvenes que quieren vivir una vida tranquila. Pasión, ansias de transformar la realidad, son constitutivas de una juventud no contaminada por el cansancio de la vida, propio de sociedades decadentes. No por nada muchas veces se siente tentada por la aventura fascista. No se hace una revolución para vivir una vida heroica, pero su realización suele exigir momentos de heroísmo.


3.- La construcción del poder, o el poder como relación social

El poder, veíamos, no es un objeto o una cosa que se encuentra en algún lugar al que es necesario ir para tomarlo. Es una tendencia difícil de vencer, como anotaba Hegel, poner en movimiento las representaciones propias del entendimiento. El poder concebido como objeto no es otra cosa que una representación del entendimiento. Menester es fluidificarlo, ponerlo en movimiento.

El poder es una realidad propia del ámbito de las relaciones humanas que, de una u otra manera, siempre son sociales y políticas. No existe, no es, igual que los sujetos. Se hace, se construye de la misma manera en que se construyen los sujetos. Éstos, para crearse, empeñan una lucha a muerte por el reconocimiento. Esta lucha genera poder. Generarse como sujeto es generar poder.
Todo cambio, toda transformación, toda revolución que se proponga siempre tiene en su centro el tema del poder que significa quién y como será reconocido. La frase que figura como acápite es el corte que le da Jesús a la discusión que se había entablado entre los componentes más cercanos de su movimiento, cuando, al dirigirse a Jerusalén pensaban en el triunfo de la propuesta liberadora.

Los dirigentes del movimiento de Jesús discuten sobre cómo se van a repartir el poder en la nueva sociedad, y Jesús les replica que no habrá nada que repartir, porque habrá que pensar el poder de una manera totalmente distinta, contraria a la que ellos pensaban. No como poder de dominación, no en la relación señor-siervo, sino como diakonía, como servicio, como mutuo reconocimiento de sujetos plenamente libres.

Ese poder no puede empezar a construirse una vez que «se lo ha tomado», porque en realidad entonces lo que se ha hecho es ocupar el lugar que antes tenían «los otros». No se rompe la relación señor-siervo, aunque se sostenga que ello constituye una fase para romper la dominación anterior. La célebre «dictadura del proletariado» que es, siempre, la dictadura del partido, de determinados aparatos del Estado o de una persona, el «líder», no se instala para desinstalarse en función de la diakonía, sino que llega para quedarse a perpetuidad si ello es posible.

El poder es esencialmente relación social, relación de reconocimiento. En ese sentido es fluido, circula, cambia. Pero necesita momentos de reposo, de instalación. Es el momento de las célebres estructuras, sin las cuales todo poder se evapora. La mínima relación, la que se produce entre dos sujetos, sean éstos madre e hijo, amigo con amigo, novios, es lucha por el reconocimiento y, en consecuencia genera un ámbito de poder. En ese sentido todos ejercemos y se ejerce poder sobre nosotros.

Crear nuevo poder, crear poder popular significa crear nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas[1]. Éstas no pueden comenzar cuando, por ejemplo, se tome el aparato del Estado. Se realizan en el camino, en el proceso. Si el otro es un objeto para mí, o un súbdito, mero soldado del partido o de la organización, se está reproduciendo el poder de dominación.

Microfísica del poder, en consecuencia, y redes del poder sobre las cuales nos informa abundantemente Foucault. Pero su planteo no logra romper, traspasar las paredes que encierran a los micropoderes en los cuales nos enredamos. No habría otra salida que un juego de poderes y contrapoderes, o en todo caso un pequeño espacio de liberación, ese espacio en el que se ejerce mi poder, que sería la «línea de fuga» de Deleuze o, en todo caso el ser «militante de la acción restringida, limitada» de Badiou.

Ello significa lisa y llanamente renunciar a construir poder popular en sentido fuerte, es decir a construir una sociedad del mutuo reconocimiento, una sociedad plenamente democrática, en la que el poder se ejerza tendencialmente en forma horizontal. En otras palabras, los micropoderes se encuentran englobados en megapoderes, y así como hay que construir los primeros, también hay que construir los segundos. De la microfísica es necesario pasar a la macrofísica, no en forma línea sino dialéctica. Los pequeños poderes se encuentran englobados en los megapoderes. No hay paso lineal de unos a los otros.

Esto significa que toda lucha, ya sea barrial, villera, campesina, en las cárceles, en la escuela, en la familia debe conectarse dialécticamente con una lucha más amplia, que tenga como horizonte la totalidad. Si ello se pierde de vista, estamos condenados a movernos en un círculo sin salida. Es un magro consuelo o una burla decirles a desocupados que ellos también ejercen poder. Es cierto que ejercen poder, y lo hacen cuando, por ejemplo cortan rutas y obligan al poder político a ceder a determinados reclamos. Pero ese poder es totalmente asimétrico con el poder del gran capital, de las grandes corporaciones.

Los trabajadores desocupados, los villeros, los campesinos construyen poder con su trabajo, con sus debates, con sus asambleas, con sus medidas de lucha. Ese poder comienza siendo micropoder, o mejor, micropoderes que se gestan en las diversas asambleas que se conectan entre sí en forma de redes. Éstas interactúan con los megapoderes, confrontan con ellos, negocian, se retiran y vuelven.

Micropoderes, redes de poder, circulación de poderes, fluidez de relaciones. Todo ello es cierto, pero toda fluidez tiene momentos de condensación. Dicho de otra manera, el movimiento necesita estructurarse. Con la estructuración aparecen nuevos desafíos, expresados sobre todo en el fenómeno de la burocratización. Un verdadera construcción del poder, o sea de relaciones sociales, luchará siempre contra la tendencia, siempre renaciente a la burocratización.

Hegemonía y poder Como es sabido el triunfo de la revolución en la Rusia zarista y las derrotas de los intentos revolucionarios de la segunda década del siglo XIX en Alemania, Hungría e Italia, llevaron a Antonio Gramsci a una profunda reflexión sobre las causas de tan dispar destino de los intentos revolucionarios. La contribución más importante de estas reflexiones gira alrededor del concepto de hegemonía que desde entonces figura en todas las elucubraciones que tienen que ver con la realidad política.

Me interesa, en este apartado, trabajar sobre la relación entre dicho concepto y la construcción del poder popular, reinterpretando el concepto de hegemonía, o, incluso, corrigiéndolo. Para empezar, hay una observación importante que hace Gramsci al referirse a las diferencias existentes entre las tareas que le esperan a la revolución de octubre y las que es perentorio realizar en las revoluciones del los países centroeuropeos.

Siendo la sociedad zarista una sociedad en la que prácticamente no había sociedad civil, tomado el Estado, o la fortaleza, como lo denomina Gramsci, la tarea a realizar era nada menos que la de crear la sociedad civil, lo que significa, crear la hegemonía, entendida ésta como consenso de los ciudadanos. Ese consenso es poder. Construir la hegemonía es construir poder, poder horizontal, democrático, lo cual significa, a la vez, construirse como sujetos.

Esta tarea no puede ser creada desde arriba, pero es el único lugar en que esa revolución la podía realizar. Una contradicción prácticamente insoluble, como se mostró ulteriormente. Como se ve, nos estamos sirviendo del concepto gramsciano de hegemonía, pero transformado o reinterpretado, como se quiera. Es muy difícil, por no decir imposible, que la revolución soviética no terminase en el estalinismo.

De hecho, esto ya había sido expuesto por Hegel en la célebre dialéctica del señor y el siervo. El camino del señor es un callejón sin salida. Desde el poder de dominación, aunque éste se denomine «dictadura del proletariado» es imposible pasar a una sociedad del mutuo reconocimiento. Los sujetos no se realizan por una concesión que se les hace desde arriba. Se conquista en una lucha en la que los siervos, dejan de serlo, no se reconocen como siervos, sino como sujetos.

Gramsci plantea correctamente, para las sociedades avanzadas, con sociedad civil ampliamente desarrollada, que la hegemonía debía preceder a la toma del poder o del Estado. En realidad, ese principio vale para toda revolución y no sólo para las sociedades avanzadas, porque si la hegemonía no se construye en el camino, no se la construirá posteriormente. Se repetirán las prácticas anteriores.

A menudo se me pregunta en los seminarios si los amos o señores no pueden también lograr el reconocimiento y, por lo tanto ser sujetos en sentido pleno. La respuesta es absolutamente negativa. Ni los señores, ni los siervos pueden logra el reconocimiento como autoconciencias o sujetos sin dejar de ser señores o siervos. Tanto el ser siervo como el ser señor es la negativa del sujeto.

La hegemonía como consenso democrático no puede ser construida desde arriba, porque ello implica subordinación. Quien detenta el poder del Estado o el poder político y económico puede obtener legitimación, que implica aceptación de la dominación, pero no hegemonía en el sentido de consenso democrático. Éste sólo puede lograrse desde el seno de las sociedad civil. Es una construcción que se realiza entre iguales, entre sujetos que se reconocen mutuamente como tales.

4.- Criterios fundamentales

En ese proceso de práctica-conciencia, de lucha-reflexión se cometen errores, pero «los errores cometidos por un movimiento obrero auténticamente revolucionario, dice Rosa, son mucho más fructíferos y tienen más importancia histórica que la infalibilidad del mejor Comité Central» (Ibidem). Ya sabemos a dónde han conducido la infalibilidad de los diversos comités centrales. Los pueblos en su lucha aciertan y se equivocan, logran victorias y sufren derrotas. Aprenden continuamente. Una dirigencia infalible nunca aprende, ya lo sabe todo. Eso no tiene remedio.

En contra de la concepción de una determinada élite revolucionaria que desde arriba, desde afuera pretende dar conciencia a los trabajadores, o a los sectores populares, es conveniente hacer efectiva la concepción gramsciana de que se debe partir del «buen sentido» que radica en el desagregado y caótico «sentido común» que se encuentra en dichos sectores. O, en palabras del Che, ayudar a desarrollar «los gérmenes de socialismo» que se encuentran el pueblo. Toda pretensión de construcción que tenga que ver con una elaboración teórica separada de las aspiraciones, expectativas, valores presentes en los sectores populares, contribuirá a instalar una nueva dominación. El socialismo tendrá sentido y será una verdadera solución si es el despliegue de valores profundamente arraigados en los seres humanos.

En contra de que el socialismo es primeramente una teoría que habría nacido recién en el siglo XIX, menester es tener en cuenta que, en cuanto expresa, por una parte, valores, aspiraciones, ideales y utopías y, por otra, luchas para conseguirlos, es tan antiguo como el mismo ser humano. Luchas en contra de la opresión, luchas de liberación han existido siempre. Realizaciones socialistas, en el sentido de agrupaciones o sociedades humanas liberadas, con relaciones relativamente horizontales, siempre se han dado en la historia.

El socialismo es fundamentalmente la realización de una sociedad fundada en los mejores valores del ser humano. Éste es tanto egoísta como altruista, tanto tacaño como generoso, tanto se ama a sí mismo como se odia, tanto ama a su vecino como lo aborrece. Es un ser dialéctico. El buen sentido del que habla Gramsci está constituido, precisamente, por los valores de amor a sí mismo, de generosidad, de bondad. De esos valores socialistas es necesario partir.
Ello no significa renegar de la teoría. El problema es no confundir teoría o ciencia o filosofía con conciencia. La conciencia nunca puede venir de fuera. La conciencia es autoconciencia desde el primer momento, pero sólo lo es implícitamente. Avanza de desde los primeros balbuceos en el plano de lo sensible. Toda teoría al entrar en relaciones dialécticas con la conciencia será motivo de crecimiento de ésta, tanto de la conciencia del teórico como de aquél a quien se comunica la teoría, la cual a su vez sufre transformaciones en el proceso. Se avanza de la conciencia a la autoconciencia, o de la conciencia en-sí a la conciencia para-sí, como dice Marx en la Miseria de la filosofía.

El para-sí o nivel superior de la conciencia no es un agregado que viene de fuera. Es el en-sí que se supera en el para-sí. Este segundo momento, que en realidad es tercero,, es decir, en-sí-para-sí, es una superación -Aufhebung- que sólo puede darse en el sujeto. Es éste que se supera en su totalidad. Si el tercer momento no estuviese ya en el primero, nunca llegaría a ser, por más adoctrinamiento externo que se practicase. La conciencia socialista no se inventa, no se crea desde arriba, no se introduce desde afuera. O ya está en la conciencia humana o nunca estará. Está, pero no está «puesta» para decirlo hegelianamente. O no está «en acto», para emplear la categoría aristotélica. No está puesta, y puede no estarlo nunca. Ello dependerá de la práctica o, para decirlo con una categorización marxiana, dependerá de la revolución. Ésta es el proceso de mediatizar lo inmediato o llevar al acto lo que está en potencia.

Por lo tanto no se avanza con la «unión de la izquierda», si ello significa hacer unidos lo mismo que se está haciendo en forma separada, es decir, actuar como estructuras piramidales que poseen «la ciencia». La verdadera unión hay que encontrarla atreviéndose a criticar las formas tradicionales de concepción de los partidos de izquierda e ir confluyendo con inserción verdadera en los sectores populares.

Un proyecto alternativo que ya se encuentra en germen en agrupaciones, comunidades, organismos de derechos humanos, movimientos de trabajadores desocupados, asambleas barriales, luchas de diverso tipo, asume una forma movimientista que se está descubriendo y construyendo. El peligro del

movimientismo es su posible transformación en un «gigante invertebrado y míope», según la expresión de John W. Cook El movimiento, verdadero torrente de los sectores populares, debe estructurarse, con todo lo que ello implica de peligro de burocratización y obstaculización de la marcha dialéctica.

Para la construcción de la identidad, sin la cual no hay sujeto, por una parte, es necesario recuperar auténticos símbolos populares como Agustín Tosco, John W. Cook, Enrique Angelelli, Evita. El Che por su parte, es un poderoso símbolo convocante para las nuevas generaciones. Por otra parte, es necesario dar la lucha hermenéutica en torno a los símbolos arraigados en los sectores populares.

No hay identificación posible o, de otra manera, no hay construcción posible de un sujeto sin los símbolos. Los sujetos son esencialmente simbólicos y, entre los símbolos, los que asumen características religiosas -tal vez sea la realidad de todos- tienen especial importancia, por cuanto los sectores populares son particularmente religiosos. La posición «cientificista» que el marxismo «ortodoxo» heredó de la Ilustración es ciego frente a esta realidad.

Si el símbolo con el cual construye su identidad determinado sujeto es considerado sólo únicamente como «fetiche», ya se ha puesto un telón de acero para comprender qué construye dicho sujeto en la relación con el símbolo. No se tiene en cuenta que borrar el símbolo es borrar al sujeto que con él se relaciona y, fundamentalmente, que la relación símbolo -fetiche es una relación dialéctica. Todo símbolo tiene algo de fetiche.

Desde las diversas prácticas sociales y políticas es necesario ir confluyendo en un proyecto político común que sea la unión en la diversidad. Como todo proyecto político debe darse su instrumento que tradicionalmente es el partido. Pero, de acuerdo a lo que venimos reflexionando, el partido tradicional de izquierda no nos sirve. Reproduce las relaciones de dominación. Se necesita un nuevo tipo de partido que sea una verdadera articulación del poder popular gestado en la base.

5.- El socialismo de cada día

Con la caída del denominado «socialismo real» y la imposición de la globalización neoliberal conservadora entró en crisis también una determinada concepción de lo que significa hacer la revolución. Ésta era pensada como una lucha en la que siempre se jugaba el todo social. Se trataba de derribar el capitalismo para instaurar el socialismo. La consecuencia era que, salvo en los países que esto se habría logrado, en todas las demás sociedad la revolución o había fracasado o estaba retrasada.

La visión que en general se tenía era que una sociedad era capitalista o socialista. El socialismo como modo de vida no podía realizarse en una sociedad capitalista, de manera que el sujeto socialista sólo surgiría cuando esa nueva sociedad pudiese implantarse. La visión totalizadora, el bosque, no permitía ver las partes, los árboles.

La globalización, verdadera imposición del universal abstracto, como hemos visto, produce un resquebrajamiento del todo social en fragmentos aislados. Contradictoriamente esta nueva realidad ha permitido repensar todo el problema de la revolución y, en consecuencia, del socialismo. Por una parte hay un impulso posmoderno de quedarse en la sola parcialidad, pero, por otra, permitió repensar la totalidad no sólo sin sacrificar la parcialidad, sino tomándola como punto de partida.

En esta visión, no se trata de pretender inmediatamente la gran meta, lo que históricamente se conoce como la toma del poder. En primer lugar, porque el poder no es ninguna cosa u objeto que se tome; en segundo lugar, porque es necesario plantearse metas reales, a las que sea posible acceder y finalmente porque si las relaciones sociales no se cambian en el camino, cuando se llegue a la meta y se pretenda realizar el socialismo, lo que se hará será reproducir las relaciones anteriores. Esto ya no necesita demostración alguna. La historia del «socialismo real» lo ha puesto en claro.

El poder no es una cosa u objeto, sino «relación social». Se trata, por lo tanto, de ir creando nuevas relaciones sociales, acordes con lo que pensamos que deba ser una realización del poder que sea efectivamente liberadora. En consecuencia, relaciones lo más horizontales posibles, con la vista puesta en el horizonte utópico de un poder horizontal, profundamente democrático.

No es que no queramos transformar toda la sociedad, derrotar definitivamente al capitalismo. Claro que queremos hacer eso, pero debemos tratar de clarificarnos sobre lo que nos corresponde hacer hoy, en un hoy en el que debemos hacer presentes los valores socialistas.

La objeción que surge de toda la concepción anterior es que no se puede vivir con los valores socialistas, es decir, humanos, en una sociedad capitalista, porque ésta impone sus leyes. Esta objeción es verdadera sólo en parte y, en consecuencia, si se la afirma de esa manera, es falsa. Es cierta en el sentido de que ninguna parte, llámese un grupo, una organización o un individuo pueda sustraerse de las leyes que impone la sociedad en la que se encuentran enclavadas.

Esto puede incluso generalizarse, como lo hizo Marx, al mundo entero. Ninguna nación, y aquí es necesario colocar a Cuba, puede realizar el socialismo hasta que éste se realice de manera hegemónica en el mundo entero, porque finalmente el sistema hegemónico termina imponiendo sus leyes. Eso es cierto cum grano salis, porque allí se viven auténticos valores socialistas, humanistas, como el haber sacado del «negocio» a la salud, la educación y la alimentación.

Ello también puede y debe realizarse, con todas las limitaciones y contradicciones del caso, en el seno de la sociedad capitalista. Si un sujeto quiere vivir de acuerdo con valores socialistas, ¿quién se lo puede impedir? ¿No es posible ser generoso? ¿Debemos necesariamente verlo todo como un negocio? El socialismo no se ha de construir a partir de las ideas «científicas» que tengamos en nuestra cabeza o en nuestros libros, ni por la acción de un grupo esclarecido. Ya ha comenzado su construcción. Está en camino en los diversos movimientos a los que he hecho alusión.

Como decía el Che, el socialismo está en germen en el pueblo. No es el socialismo ninguna construcción teórica o «científica» pensada desde fuera, sino el desarrollo contradictorio, creativo, que se realiza todos los días en nuestras luchas, proyectos, encuentros, debates. La solidaridad, la ayuda, el diálogo, la fiesta, el compartir constituyen valores esenciales del socialismo de cada día.

NOTA AL FINAL:
1. Prefiero hablar siempre de «construcción del poder popular» y no de «contrapoder» o «doble poder». La expresión «contrapoder» expresa una voluntad de permanecer siempre allí, en la contra, por lo cual va acompañado de «contracultura». Ello implica considerar que sólo es política el contraponerse. Será siempre una política marginal. La expresión de «doble poder», es la concepción leninista que supone dos poderes como dos entidades ubicadas una arriba y la otra abajo. Se trata de derribar la que está arriba para poner la que está abajo.

Bibliografía citada
Cliff, Tony: Rosa Luxemburg- (Introducción a su lectura). Galerna, Buenos Aires, 1971.

Holloway, John: Cambiar el mundo sin tomar el poder. (El significado de la revolución hoy). Herramienta y Universidad Autónoma de Puebla. Buenos Aires, 2002.

Marx, Karl: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858) 1. Siglo XXI, México, 1980.

Marx, Karl: La ideología alemana. Ediciones Pueblos Unidos, México, 1977

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TELESCOPIO

LA IRRACIONALIDAD DEL IMPERIO

Inmerso el mundo entero en una gran crisis, una gran recesión, no se ve cómo salir de ella en un futuro cercano. Los grandes poderes económicos del mundo resienten la crisis en todas sus formas: crece el desempleo, sus monedas se devalúan, se desgastan las condiciones laborales, las condiciones de vida de la población se deterioran...

Japón se encuentra en medio de su cuarto periodo recesivo en menos de diez años, con un sistema financiero en situación precaria debido al peligroso endeudamiento de sus principales bancos.

En la Unión Europea, su principal economía -la germana- ha declinado durante todo el año, con un sector manufacturero que entró en recesión en el mes de julio, mientras el desempleo alcanzó niveles récord de más de cuatro millones en el mes de agosto. La producción industrial está en declive en las otras dos principales economías: Francia e Italia.

Otro tanto ocurre en el Reino Unido, donde la producción industrial también atraviesa una profunda recesión. Por otra parte, las economías de los otrora venerados ‘tigres’ asiáticos -Indonesia, Malasia, Tailandia, Filipinas, Taiwán y Corea del Sur- no han podido salir de la crisis que asoló la región a fines del siglo; todas encaran un grave problema de endeudamiento externo, con numerosos bancos al borde de la quiebra.

En América Latina, la crisis afecta profundamente a sus principales economías.

Argentina, el modelo neoliberal por excelencia de la última década, se debate en la más seria debacle económica de su historia, con la mitad de su población sumida en la pobreza.

Brasil se tambalea en la cuerda floja, víctima de la especulación financiera internacional, lo cual ejerce su poder para desestabilizar de antemano a cualquier gobierno que se le ocurra modificar la dependencia gaucha con respecto a la banca internacional.

En México, a consecuencia del Tratado de Libre Comercio, TLC, los niveles de empleo y el PIB per cápita ni siquiera se acercan a los obtenidos antes de l994; la agricultura mexicana desaparece rápidamente ante el embate de las importaciones provenientes de la subsidiada agricultura estadounidense.

Otras regiones del mundo, como África y Centroamérica, se encuentran apabulladas por una abrumadora miseria.

En contraste, en China y Vietnam -naciones donde el proceso de crisis económica aún no toca fondo- todavía persiste un cierto nivel de control estatal sobre el sistema bancario y los flujos de capital, así como alguna protección, en rápido proceso de desaparición, de los mercados domésticos.

O sea que sólo donde el modelo neoliberal no se ha aplicado a ultranza es donde la crisis no alcanza sus proporciones máximas.

La crisis mundial incluye a Estados Unidos, but of course , cuya economía se debilita desde finales de 2000 y se agudiza con el destape de una serie de escándalos financieros en los que están involucradas algunas de las mayores compañías norteamericanas: Enron, Global Crossings, Worldcom, Xerox y otras.

Los escándalos y las quiebras tuvieron funestas consecuencias para sus trabajadores, quienes perdieron sus empleos y pensiones; y para los accionistas, que vieron desaparecer sus inversiones bursátiles. Es importante hacer notar que, por una parte, los ‘maquillajes’ contables de estas compañías contaron en todo momento con la aquiescencia tácita de grandes bancos prestamistas como Citicorp, en el caso de Enron, y la complicidad de las grandes firmas de contabilidad; y, por otra, sufrieron grandes pérdidas firmas de Wall Street que manejan enormes fondos de inversión, incluyendo los fondos de pensiones. Se trata entonces de una competencia a muerte entre grandes monopolios inversionistas.

Los escándalos, quiebras y enormes pérdidas de los accionistas han provocado el continuo y vertiginoso descenso del valor en las bolsas de todo el mundo. Se estima que entre enero y julio de este año desaparecieron más de siete mil millones de dólares en valores bursátiles en Estados Unidos. El índice de Wall Street perdió más del 30% en lo que va del año, con similares descensos en las bolsas de Tokio, Londres, París y Francfort. Estas gigantescas pérdidas han ocasionado la restricción del gasto de los consumidores norteamericanos.

Vale enfatizar que el milagro de la ‘alta tecnología’, la panacea para la economía norteamericana de los años noventas, se ha venido estruendosamente abajo. Las acciones de la mayoría de las compañías de alta tecnología, como la de telecomunicaciones, se han derrumbado en los últimos tres años. Algunas emblemáticas, como Worldcom, mantuvieron su imagen mediante el fraude desfachatado y el maquillaje contable. Actualmente no existe ninguna solución ‘tecnológica’, por ejemplo un nuevo gran invento, que conceda un respiro a la crisis monopolista de acumulación e inversión. En resumen, ni hay soluciones internas macroeconómicas ni existen milagros tecnológicos en el horizonte.

Aunado a esto, la economía y la política norteamericanas apuntan hacia una intensificación de la lucha por los recursos y el poder, dentro y fuera de Estados Unidos, entre los poderosos monopolios estadounidenses.

En los últimos tres años el mundo fue testigo atónito del intento de deponer al presidente Clinton, dizque por tener relaciones sexuales con una asistente de veinte años; de unas elecciones más o menos robadas por el partido republicano, que eligió un presidente con la minoría del voto popular y, por último, de la instalación de un Presidente en apariencia sumamente inepto, George W. Bush, quien instaló un gabinete compuesto por ex generales, ministros de Defensa y ejecutivos de multinacionales para dirigir al país en servicio directo del capital monopólico. Tanto Bush como su vicepresidente Cheney, provienen de la industria petrolera y ambos estuvieron involucrados en negocios turbios, tipo Enron, en los que hicieron pingües ganancias antes de arribar al poder.

Dada la ausencia de soluciones políticas internas o tecnológicas y dado el cariz político cuasi-criminal de la camarilla dirigente que proviene del corazón del capital financiero, nos encontramos ante una gravísima situación en la cual Estados Unidos buscará remedios a sus males drástica y agresivamente, ora chantajeando, ora amenazando o simplemente echando a un lado a los aliados y amigos de ayer.

Estados Unidos se propone utilizar todos los medios necesarios para salvarse de la crisis económica, lanzar ataques preventivos contra enemigos económicos y políticos, y mantener y afianzar su dominio sobre sus esferas de influencia, aliados y adversarios en todo el mundo. Incluso los métodos que podrían describirse como pacíficos, se basan en el chantaje, la presión y la manipulación.

En el último período se ha destapado la furia proteccionista norteamericana. El 14 de mayo, el presidente Bush refrendó la Ley Agrícola que regirá la política agropecuaria norteamericana durante los próximos diez años, consagrando enormes subsidios directos de aproximadamente 18 mil millones de dólares anuales para la que ya es la agricultura más protegida del mundo. Dichos subsidios serán utilizados en su mayoría por los productores de trigo, maíz, soya, algodón y maní, rubros en los cuales Estados Unidos mantiene un papel preponderante como exportador. La nueva ley restablece un precio básico o de sustentación, que había sido eliminado anteriormente para algunos sectores, como la producción de lana, e incrementa el precio básico de otros productos, principalmente en el sector granos, con el propósito de garantizarle un ingreso mínimo por tonelada a las compañías agrícolas.

Para dar una idea del monto de los precios de sustentación, se estima que en los próximos años los productores de soya recibirán cuatro mil millones de dólares anuales por este concepto, para mantener sus ingresos al nivel que el gobierno considera aceptable. Esta nueva medida contradice todos los pronunciamientos estadounidenses sobre el libre comercio y fue denunciada decididamente por otros países productores agrícolas, como Canadá, Alemania, Argentina y Brasil.

En el mismo mes de mayo, Washington anunció un incremento hasta de 30% en las tarifas del acero importado, lo que llevó el tema de la ‘guerra comercial’ a las primeras páginas de la prensa europea; impuso tarifas contra las maderas importadas del Canadá y se negó a eliminar una exención de impuestos que permite a grandes multinacionales gringas no pagar ningún tributo sobre las utilidades obtenidas en sus operaciones fuera de Estados Unidos, ocasionando otra pelea con Europa en el seno de la Organización Mundial del Comercio.

Mientras que Estados Unidos ofrece proteccionismo y tarifas cuando le conviene, todavía mantiene las exigencias de libre comercio en América Latina. En ese sentido, continúa insistiendo en establecer el ALCA, lo que no sería más que extender el TLC a toda América Latina. La estrategia del ALCA acabaría con lo poco que queda de agricultura e industria nacionales en América Latina.

Así, no sólo México sino todo el continente se convertiría en una gran colonia del Coloso del Norte. Incluso en los tiempos de la colonia española, América Latina podía producir, si no su propias manufacturas, por lo menos la comida para alimentar a sus pueblos. Pero ni eso será posible bajo el nuevo régimen colonial. Al igual que el TLC, el ALCA tampoco es un tratado de libre comercio, sino un tratado de protección de la inversión norteamericana, que permite la libre inversión yanqui en todos los países y en todos los ramos, a la vez que busca mantener fuera de la contienda a sus competidores económicos mundiales, como la Unión Europea.

La particularidad de lo que va del año 2002 es la tendencia creciente de Estados Unidos a usar la fuerza militar para controlar regiones y recursos estratégicos, negándoselos a sus posibles contrincantes. La dominación norteamericana se ha convertido rápidamente en la militarización del planeta. Esta tendencia es impulsada tanto por las necesidades del Imperio como por los menesteres domésticos ocasionados por la crisis económica. El caso más claro es el de las maniobras para controlar las fuentes más importantes del petróleo.

Con la excusa de la guerra contra el terrorismo, Washington tiene importantes destacamentos armados en Asia Central y Afganistán, zonas claves para dominar la importante cuenca petrolera del Mar Caspio. Empresas, principalmente norteamericanas y británicas, han invertido substancialmente en proyectos de extracción y oleoductos petroleros, lo que explica la rapidez con que Gran Bretaña se aprestó para apoyar la aventura yanqui en Afganistán, la cual comenzó con una aparente y rápida victoria de los invasores pero ha empezado a empantanarse.

Aunque se encuentra al borde del fracaso, la embestida contra Afganistán sólo fue el primer paso de una ofensiva militar generalizada, anunciada por el presidente Bush en su famoso discurso de enero de 2002, en el cual identificó a Irak, Irán y Corea del Norte como las próximas víctimas de la agresión militar. Ahora Estados Unidos se prepara para lanzarse contra Irak, situación en la cual varios factores juegan un papel importante, siendo sin duda el más significativo el petróleo.

Para comprender las dimensiones del problema petrolero, son útiles ciertos datos.

Primero, por medio de sus empresas multinacionales, Estados Unidos y Gran Bretaña controlan 70% del petróleo producido en el Medio Oriente. Apenas 25% se encuentra en manos de los Estados de la región, entre ellos Irak. Japón depende por completo del petróleo de esa región. Europa Central importa casi 80% de su petróleo, y hasta hace poco casi todo del Medio Oriente. Recientemente, Rusia se convirtió en proveedor de petróleo y gas natural para Alemania.

Además de tener una gran producción doméstica, Estados Unidos importa más petróleo de Canadá y México que del Medio Oriente. Japón, Francia, Alemania y otros países compran su petróleo de las ‘grandes hermanas’, las compañías norteamericanas y británicas que lo refinan y comercializan.

Las empresas estatales de Arabia Saudita y Kuwait trabajan en llave con las extranjeras; todo el petróleo de este último país lo manejan Gulf Oil y British Petroleum. Por su parte, el anhelo de Francia y Alemania ha sido disponer en esa región de una fuente de petróleo, sin que esté bajo el control de Estados Unidos e Inglaterra.

La guerra que Washington intenta desatar contra Irak es en realidad una guerra por controlar el suministro de petróleo de toda la región del Medio Oriente, incluyendo Asia Central. Esto aclara la conducta de diferentes actores en los últimos años: en la década pasada, Inglaterra apoyó sin tapujos -bajo Thatcher o bajo Blair- a Estados Unidos en la Guerra del Golfo y fue el primer país en colaborar con el Pentágono en la invasión a Afganistán, y hoy es portavoz de Bush en la embestida contra Irak.

Ya durante la primera Guerra del Golfo, hace más de diez años, Alvin Toffler, el famoso ‘futurólogo’ norteamericano, escribía que con el control del petróleo de la región ‘Estados Unidos estaba parado sobre las mangueras que controlan el suministro de energía de sus principales competidores’. A su vez, en las tres ocasiones, Francia y Alemania se han mostrado reacias a participar en estas guerras promovidas para el obvio beneficio de Estados Unidos y en detrimento de la posición geopolítica europea. Es en este sentido que la guerra contra Irak constituye un conflicto de Estados Unidos contra Europa, Japón y otros de sus enemigos potenciales.

Otro dato importante es el de las reservas: después de Arabia Saudita, Irak tiene las segundas reservas mundiales probadas de crudo, mayores que las de Kuwait, Irán, Venezuela, Rusia, México y Estados Unidos. El control de la producción del petróleo irakí es obviamente de suma importancia: con la producción de Arabia Saudita, Kuwait e Irak en sus manos, las multinacionales norteamericanas podrían definir los precios y controlar la oferta mundial de combustible.

Desde 1998, cuando Saddam Hussein expulsó a los llamados ‘inspectores de armas de destrucción masiva’, Europa y Rusia incrementaron sus relaciones económicas con Irak, al punto que en círculos diplomáticos se hablaba -hasta principios de 2002- de la suspensión de las sanciones contra Irak. Varios países, entre ellos Francia, Rusia y China, han emprendido proyectos de negociación con Irak para explotar su petróleo. La declaratoria norteamericana de guerra contra Irak busca reversar esa tendencia, apoderándose por la fuerza de ese país y arrebatándoles a otros países la oportunidad de aprovecharse del petróleo iraquí, a menos que apoyen la movida estadounidense.

La actitud de Estados Unidos es amenazar y chantajear abiertamente, declarando sin empachos que invadirá Irak y poniendo a sus ‘aliados’ y a las Naciones Unidas a escoger entre dos alternativas: o apoyan la jugada, legitimándola, y entonces les dará alguna participación en el reparto del petróleo iraquí, o tendrán que encarar la superioridad norteamericana, poniendo fin al papel jugado por las Naciones Unidas y a las reglas internacionales vigentes.

Y aun si la ONU apoya las demandas gringas e Irak acata nuevas inspecciones (como en efecto lo ha hecho), Estados Unidos mantendría su política de ‘cambio de régimen’ y de ‘guerra preventiva’.

No puede ser de otra forma, porque lo que está en juego es el control absoluto del petróleo del Medio Oriente. Además, los dirigentes estadounidenses piensan que con la invasión a Irak sería más fácil controlar la insurgencia de los patriotas palestinos, los cuales contarían con un aliado menos en la región.

Igualmente, con otra guerra en el Medio Oriente, Washington espera hacerse a una nueva serie de bases militares, fuera de las establecidas en los últimos diez años en Arabia Saudita, Kosovo, Asia Central, Kuwait, y Qatar. La ocupación de Irak le permitiría echarle un cerco a otra víctima anunciada, Irán, y serviría para retroalimentar la dolida economía doméstica estadounidense. En la guerra contra Irak, como en la anterior contra Afganistán, también queda claro que el principal interlocutor de Estados Unidos no es Europa, que queda tirada a un lado, sino Rusia, que como potencia petrolera, con una historia de influencia en la región y dueña de armas nucleares, todavía es tratada con alguna consideración por los guerreristas norteamericanos.

Durante el año pasado, y mientras mantenía su ‘guerra contra el terrorismo’, Washington emprendió toda una serie de acciones que le ganaron el repudio de naciones, países y pueblos. Sus medidas proteccionistas causan descontento y represalias en Europa y otros lares. Simultáneamente, Bush ha optado por una vocación unilateral, repudiando -independientemente de su calidad- toda una serie de pactos sobre los cuales existe acuerdo internacional, como el tratado de Kyoto sobre el clima, la conferencia internacional sobre el racismo, la conferencia mundial sobre el desarrollo sostenible y, sobre todo, el repudio al Tribunal Penal Internacional.

Estados Unidos se niega a aceptar normatividad alguna. Ningún militar norteamericano podrá ser juzgado por un tribunal internacional, así sea culpable de atrocidades contra la población en algún país del mundo. En palabras del escritor Carlos Fuentes, este año EE.UU. le ha dicho al mundo: ‘Mi soberanía es inviolable. La tuya no. O sea, en el mundo hay una regla para Estados Unidos y otra para los demás’. La reacción mundial frente a este tipo de actitud ha sido condenarla.

En cierto sentido, la actitud estadounidense es explicable, ya que en los últimos años sus servicios militares han estado implicados en una larga serie de crímenes y abusos contra los derechos humanos en todo el mundo.

Estados Unidos trata de consolidar su hegemonía mundial y resolver sus problemas económicos a través de la militarización del proceso de globalización. En los últimos años se han abierto nuevas bases militares en Ecuador, Bolivia, Brasil, Turkestán, Tayikistán, Afganistán, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Kosovo, Aruba y Filipinas. Actualmente, el Pentágono planea establecer un nuevo ‘comando’ (como el Comando Sur) en la isla de Sao Tomé -el ‘comando de Guinea’- para proteger la explotación petrolera en Nigeria, Angola y Gabón.

Si bien una guerra contra Irak le proporcionaría un control táctico inmediato del petróleo regional, serían imprevisibles las consecuencias sobre sus relaciones futuras con Rusia, China y Europa. Los dirigentes de esos países continuarán buscando defender y expandir los intereses de sus respectivas naciones, lo que en las presentes circunstancias implica tratar de reducir por todos los medios el poderío norteamericano

El coloniaje militarista que la Casa Blanca pretende imponer al mundo no gozará de un camino tan fácil como el del imperio inglés en pasados siglos, al contrario, enfrentará a pueblos con un historial de lucha y resistencia contra los imperios coloniales. Una campaña militar contra Irak, y otras que seguramente se planean en Washington contra Irán y Corea, a la larga terminarán por socavar la economía estadounidense, tal como sucediera en la Unión Soviética.

Desde esta perspectiva, la tarea es bastante difícil, evitar que los super halcones ataquen, no sólo a Irak, sino a una serie de países a los que considera parte de su seguridad nacional debido a los recursos naturales existentes en sus territorios..

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