
PODER POPULAR, PARTIDO Y EJERCITO DE MASAS (La estrategia revolucionaria en los tiempos de la globalización)
por el Comandante Insurgente Antonio
(actualmente preso político en Almoloya de Juárez)- Algunas de las estrategias que se enfrentan: La Guerra Prolongada,
- la Guerra insurreccional y la Guerra de Baja Intensidad.
LAS ESTRATEGIAS GENERALES QUE SE ENFRENTAN.
1.- Dos contendientes, múltiples estrategias.
2.- Las estrategias populares.
3.- Las estrategias del régimen.
LA GUERRA PROLONGADA.
4.- Qué es la Guerra Prolongada.
5.- Principales características de la Guerra Prolongada, en su versión China.
6.- La Guerra Prolongada una estrategia altamente eficaz.
LA GUERRA INSURRECCIONAL.
7.- La Guerra Insurreccional, una guerra del pueblo.
8.- Características de la Guerra Insurreccional.
LA GUERRA DE BAJA INTENSIDAD (GBI)
10.- Características de la GBI.
APLICACIÓN DE LAS DIFERENTES ESTRATEGIAS
11.-La guerra del pueblo de Vietnam, una forma de la Guerra Prolongada.
13.- México, otra experiencia de la guerra prolongada.
14.- La GBI y sus experiencias.
INTRODUCCIÓN.
Como ya se dijo en uno de los cuadernos anteriores, en México ya se realiza una guerra, en la cual se enfrenta el gobierno mexicano contra el pueblo. Necesariamente, en esa guerra cada fuerza aplica o debe aplicar una estrategia, y a nosotros nos debe interesar el conocer cuáles son esas estrategias porque conociéndolas nuestra acción puede ser más eficaz. Conociendo la estrategia del enemigo podemos detectar sus puntos fuertes y débiles para contrarrestar los primeros y aprovechar los segundos. Conociendo las estrategias de las fuerzas del pueblo podemos encontrar la manera de corregir sus puntos débiles y aprovechar los puntos fuertes. En este cuaderno analizamos dos estrategias utilizadas por las fuerzas populares: la Guerra Prolongada y la Guerra Insurreccional y analizamos también la estrategia gubernamental: la Guerra de Baja Intensidad.
LAS ESTRATEGIAS GENERALES QUE SE ENFRENTAN.
1.- Dos contendientes, múltiples estrategias.
Si, como se dijo, son dos los contendientes fundamentales, cabría esperar que hubiera también dos estrategias contrarias, pero ¿cuál es la situación real?
La situación es más compleja que esa suposición, pues aunque son dos los contendientes fundamentales, son más los que existen, pues del lado del gobierno existen diferencias en torno a la manera de enfrentar la lucha popular, como también dentro de las fuerzas populares existen diferencias en cuanto a la manera de concebir la lucha contra el régimen, por eso puede hablarse de que existen, eso sí, dos campos contrarios, pero en cada uno existen diversas fuerzas, a la manera de corrientes que ahora se unen para dar una lucha contra el campo contrario, pero que más adelante podrán enfrentarse entre sí o establecer coaliciones para formar nuevos campos contrarios, a la manera del campo revolucionario en 1910 en México, que a fines de ese año estaba formado por fuerzas que, como las de Villa, Tomás Urbina, Orozco, Obregón y Pablo González, se encontraban agrupados bajo el mando de Madero, y por otras que luchaban en gran medida de manera independiente, como la de Zapata, pero que, todas ellas, en las posteriores etapas de la guerra habrían de conformar coaliciones que luchaban entre sí durante un tiempo y que más adelante se deshacían para formar otras nuevas. Es paradójico, pero las fuerzas que un tiempo combaten juntas después se enfrentan, fundamentalmente porque el proyecto que representan es tan diferente que llegan a veces a ser totalmente opuestos. Por ejemplo, quién iba a imaginarse que Orozco, considerado como el jefe militar más exitoso en la primera etapa de la revolución, se convertiría en el enemigo al que combatiría Pancho Villa? ¿Quién podría pensar que Madero enviaría al ejército federal a combatir a las fuerzas revolucionarias de Morelos dirigidas por Zapata? [1]
Hoy, del lado del pueblo existen diferentes líneas para el cambio, pero pueden agruparse en dos fundamentales. Una es la que propugna la lucha legal exclusivamente y que, de una u otra manera pretende limitar la lucha a la obtención de reformas parciales y otra es la que considera necesario aplicar, además de la lucha legal, la lucha armada. En torno a la primera se agrupan diferentes fuerzas agrupadas sobre todo en los partidos políticos democráticos y en las organizaciones sociales y en torno a la segunda sobre todo en las organizaciones político militares, en los ejércitos revolucionarios. Cabe decir que cada vez más sectores al interior de las organizaciones sociales y partidos políticos asumen que en la lucha por la democracia, la lucha armada también tiene un papel que jugar, aún cuando ellos no la desarrollen y se deslinden de ella.[2]
Del lado del gobierno existen también diversas líneas para enfrentar la lucha por el cambio, que pueden agruparse en dos, una que privilegia la acción militar y que es partidaria de conservar la situación tal como hoy se encuentra, en lo fundamental, sin introducir reformas institucionales, y que, por el contrario impulsan el endurecimiento del régimen y otra que sí acepta la introducción de reformas por medio de una transición democrática dirigida desde y por el régimen mismo, tratando de mediatizar la lucha popular. La primera busca enfrentar el problema que para ellos representa la lucha popular básicamente con más represión, mientras que la segunda pretende desactivar la explosividad de la situación actual fundamentalmente mediante concesiones, sin por ello descartar la represión. Y es que ante la lucha popular surge para el régimen la vieja y eterna disyuntiva: ¿reforma o represión? A la que siempre ha habido quienes responden: ¡represión!, como los fascistas o los partidarios de dictaduras como las de Pinochet, de Fujimori, así como también ha habido siempre los que responden: ¡reformas!, como los que quieren evitar la radicalización de los movimientos populares, sobre todo en los momentos en que se ven obligados a hacerlo bajo la consideración de que, en caso contrario, el cambio podrá ser mucho más radical. Así como también ha habido quienes responden: ¡reformas, sí, pero con represión!, con lo que pretenden ganar a los vacilantes mientras se aniquila a los radicales.
Así, no puede extrañar que existan, entonces, diferentes estrategias.
2.- Las estrategias populares fundamentales.
Obviamente, diferentes visiones, y diferentes experiencias se manifiestan en diferentes concepciones y alternativas. Esto es lo más natural del mundo, sobre todo en una lucha política en la que se parte de la diversidad en cuanto a orígenes, en cuanto a formación política y en cuanto a objetivos. En este punto nos referiremos a las estrategias que coinciden en impulsar la lucha armada.
En la lucha revolucionaria del México actual se expresan diferentes estrategias, relacionadas todas ellas tanto con las experiencias de nuestro pueblo como con las modalidades que recientemente se han utilizado o que se están utilizando actualmente en otros procesos revolucionarios. Así como en el ámbito mundial existen dos formas básicas de desarrollar la guerra popular, que son la guerra prolongada (con múltiples variantes) y la guerra insurreccional (con diversas variantes también), también en nuestro país hay quienes propugnan una insurrección, como hay también quienes impulsan una guerra prolongada o una combinación de ambas. Además, dentro de cada modalidad básica, si podemos llamarle así, existen variantes, muchas veces en dependencia del análisis de la situación concreta, pero otras veces en función del proceso que se tome como paradigma. De esta manera, dentro de quienes plantean la necesidad de una guerra prolongada, unos pretenden sujetarse o acercarse más al modelo chino, mientras que otros son más afines al vietnamita, lo mismo pasa entre quienes proponen alternativas orientadas hacia la insurrección. En fin, ambas modalidades funcionan como extremos entre los cuales existen multitud de gradaciones, de manera que existen tantas alternativas como grupos, cada uno de ellos con una propuesta única, con pleno derecho a la existencia y cuya participación en la guerra revolucionaria será necesaria y formará parte del esfuerzo que bajo la premisa del desarrollo desigual y combinado ocupará un lugar en esta lucha de todos.[3]
¿Cuál es la estrategia más acertada? No puede determinarse esto en tanto no se profundice en el estudio de las estrategias del régimen y en las estrategias populares que pueden utilizarse hoy. Y esto será precisamente lo que haremos más adelante.
3.- Las estrategias fundamentales del régimen.
En el campo del gobierno, tanto de parte de quienes consideran factible introducir reformas para una transición hacia un régimen de partidos, como entre quienes no lo consideran así, se dibujan también dos líneas militares para realizar la lucha contra la insurgencia. La de quienes bajo la concepción contrainsurgente tradicional impulsan sobre todo la represión y la de quienes consideran necesario combinar medidas militares, económicas, políticas, sociales y sicológicas, bajo la forma de la Guerra de Baja Intensidad (GBI).
Estas diferencias son cuestiones de formación, pues mientras que las nuevas generaciones de militares han sido educadas en la concepción que hoy predomina en el campo de la represión mundial, es decir, de la GBI, los militares de generaciones anteriores, es decir la vieja escuela, pese a intentos por actualizarlos tienden a conservar su concepción de guerra contrainsurgente en la que se menosprecian los métodos políticos y la guerra sicológica y se prioriza el carácter militar del enfrentamiento. Cabe decir que ambas posiciones coinciden en el carácter represivo y sanguinario de la manera en que pretenden enfrentar la lucha popular y que difieren en el peso dado a otros elementos como el carácter integral de la guerra y en cuanto al papel y la forma de impulsar la guerra sicológica.
4.- Qué es la Guerra Prolongada.
Cuando el pueblo chino realizó su guerra revolucionaria, se enfrentó al hecho de que sus enemigos lo combatieron por medio de una estrategia "de decisión rápida" en la que hacían uso de la guerra de carácter regular y en la que siempre se buscó orillar a las fuerzas del pueblo a combatir en ese terreno para hacerlo presentar grandes batallas en las que pudieran ser derrotadas sus fuerzas tras pocos combates. Después de algunos descalabros sufridos en los primeros momentos de la guerra, varios de sus dirigentes, y principalmente Mao, se dieron cuenta de que si aceptaban combatir de esa manera no tardarían en ser derrotados y por eso se dieron a la tarea de buscar una forma nueva de enfrentar la estrategia enemiga.
Es así como, en el transcurso de la guerra, fueron surgiendo formas de hacer la guerra que permitieron que las fuerzas revolucionarias golpearan una y otra vez a las fuerzas reaccionarias sin que éstas tuvieran la oportunidad de realizar las grandes batallas en las que pudieran aniquilar a las unidades revolucionarias, dando lugar a un proceso simultáneo, continuo y progresivo, de desgaste de las fuerzas reaccionarias y fortalecimiento de las fuerzas revolucionarias.
Esa forma de hacer la guerra fue denominada por su creador Guerra Prolongada y fue la estrategia que habría de llevar a la victoria al pueblo Chino, no solamente contra las fuerzas del imperialismo japonés, sino también en contra de las del Kuomintang, su enemigo interno.[4]
La Guerra Prolongada es una estrategia general, que consiste en enfrentar una guerra de agresión que se basa en una gran superioridad de fuerzas (numérica y material), con una guerra popular de carácter defensivo, en la que se desgasta la fuerza del enemigo mientras se acrecienta la propia, utilizando el tiempo como un elemento fundamental para modificar la correlación de fuerzas, para igualar y posteriormente superar la del enemigo y poder pasar a la ofensiva.
La guerra prolongada es una concepción que surgió en China como respuesta a la guerra de decisión rápida que un enemigo poderoso pretende imponer a un débil y ha sido utilizada en numerosos casos, como en Vietnam, Laos, Camboya, Corea, Mozambique, Angola, Zimbabwe, El Congo, Palestina, El Kurdistán, España, El Salvador, Nicaragua, Perú, Colombia, entre otros.
5.- Principales características de la Guerra Prolongada, en su versión China.[5]
Como guerra revolucionaria que es, la Guerra Prolongada tiene todas las características de las guerras de ese carácter, pero además tiene otras características específicas, que son las siguientes, de acuerdo a como se pusieron de manifiesto en las condiciones de China, y que obedece a sus condiciones económicas, políticas y sociales:
La Guerra Prolongada es una guerra eminente y abiertamente popular. El carácter popular lo tiene de por sí al ser una guerra revolucionaria, pero en este caso ese carácter es abiertamente evidente, porque presupone la participación de la mayoría de la población en la lucha revolucionaria. Sin la incorporación de la población no puede hablarse de una guerra prolongada. En las experiencias de esta estrategia se ha logrado incorporar a veces a un 90 % de la población, convirtiendo la guerra en verdaderamente masiva, como ha sido evidente en los países en que la revolución ha triunfado utilizando esta estrategia. El de China es el caso más conocido, pero no el único, pues también en esa situación se encuentra Corea del Norte, y Vietnam, aunque en este país se introdujeron algunas variantes acordes a su situación específica. Desde luego que esta participación de la mayoría de la población del país no se requiere ni sucede desde un inicio, pues generalmente son núcleos pequeños, en comparación con el conjunto de la población nacional, quienes emprenden la lucha armada, pero sí cabe decir que en el ámbito en que surgen, ya sea regional o local, sí deben contar con un apoyo masivo, que gradualmente se irá extendiendo a otros hasta abarcar el plano nacional.
La Guerra Prolongada contempla la utilización de todas las formas de lucha, lo que parte de la necesidad de utilizar todos los esfuerzos posibles en la lucha popular. Ningún esfuerzo, por pequeño que sea se desperdicia. Ilustrador sería el ejemplo del pueblo palestino que en la Intifada hace uso de la lucha callejera con piedras, al tiempo que se consolidan los órganos del poder revolucionario, mientras se realiza una ofensiva diplomática en los foros internacionales y se negocia la salida del enemigo del territorio invadido. En la guerra prolongada tradicional siempre se parte de que sí se utilizan todas las formas de lucha, pero generalmente subordinadas a la lucha armada, que es considerada la vía fundamental para la toma del poder, por lo que se utilizan las otras formas de lucha en la medida en que favorecen la lucha armada. [6]
La Guerra Prolongada permite combatir a un enemigo poderoso a partir de una fuerza relativamente pequeña. Esta característica es la que ha convertido a esta modalidad en la estrategia aplicada generalmente por los pueblos que enfrentan una agresión extranjera o por los pueblos en su lucha de liberación, ya que, en ambos casos se parte de una inferioridad relativa. Ahora bien, cabe aclarar que se habla de inferioridad relativa, pues al iniciarse el conflicto, efectivamente, el número de las tropas agresoras, los recursos económicos y materiales y la capacidad técnica de que disponen son superiores a los del pueblo, pero en éste existen, en estado latente, una gran cantidad de recursos humanos, económicos y materiales que a lo largo del proceso de lucha pueden incorporarse y, efectivamente, se incorporan, a la lucha popular, modificando la correlación de fuerzas gradualmente hasta dar lugar a una superioridad en diversos aspectos, que en su conjunto imposibilitan al enemigo la continuación de la guerra y dan lugar a la victoria de las fuerzas populares. Al mismo tiempo hay que aclarar que no se trata, tampoco, de que se deba presentar combate con fuerzas inferiores, pues Mao mismo aclaraba esto, diciendo que si la fuerza revolucionaria era inferior no podía atacar al todo, pero sí a una parte de la fuerza enemiga que fuera inferior, es decir, con un pelotón podemos atacar a un batallón, pero no a todo sino a una parte pequeña de él. En sus propias palabras: "Nuestra estrategia es enfrentar 'uno a diez' y nuestra táctica es enfrentar 'diez a uno': este es uno de los principios en que nos basamos para derrotar al enemigo".[7]
La Guerra Prolongada parte de una visión dialéctica y considera que la superioridad del enemigo es relativa y nunca es estática. Efectivamente, el enemigo es superior en muchos aspectos, pero como se dice en el punto anterior, esa situación nunca es permanente sino que tiende a evolucionar en favor del pueblo. Esto se basa en que siempre el campo de los oprimidos está formado por la mayoría de la población y su incorporación a la lucha por el cambio puede lograrse mediante una línea correcta, que defienda sus intereses y muestre tener perspectivas de triunfo. El tiempo, aquí, es un aliado fundamental, si se aprovecha para crecer en todos los aspectos.
La Guerra Prolongada parte de enfrentar al enemigo con base en las fuerzas propias. Considerando que en el pueblo mismo existe la fuerza y la capacidad suficiente para vencer a cualquier enemigo en una guerra defensiva, se busca desarrollar al máximo esta fuerza popular para lograr la autosuficiencia, tratando de evitar la dependencia con respecto a otras fuerzas externas que puedan querer subordinar el proceso a sus necesidades o imprimirle características determinadas de acuerdo a concepciones propias de otros países o condiciones. Así, los alcances y las formas que pueda tener la lucha popular dependerán solamente de las necesidades y de las concepciones del propio proceso.[8]
La Guerra Prolongada cuenta con tres fases: defensiva estratégica, equilibrio de fuerzas y ofensiva estratégica, todas combinadas con una táctica ofensiva. Estas tres fases son necesarias, tomando en cuenta que siempre que se inicia una lucha revolucionaria las fuerzas populares se encuentran en inferioridad de fuerzas. Por eso se considera que mientras se encuentren en inferioridad de fuerzas los revolucionarios deberán encontrarse estratégicamente a la defensiva, situación que al superarse les permitirá colocarse en una situación de equilibrio, que será el paso previo a la superioridad, en la que desarrollarán la ofensiva estratégica. Este es el desarrollo lógico que debe seguir una fuerza inferior que debe convertirse en una superior.
La Guerra Prolongada se define por el desarrollo de campañas y batallas ofensivas dentro de una estrategia defensiva, de batallas y campañas de decisión rápida dentro de una guerra estratégicamente prolongada, de campañas y batallas en líneas exteriores dentro de las líneas interiores estratégicas. En la primera fase de la guerra, cuando las fuerzas revolucionarias, en el conjunto de la guerra, se encuentran a la defensiva estratégica, deben impulsar batallas y campañas ofensivas, pues de otra manera dejarían totalmente la iniciativa al enemigo, lo cual nunca es conveniente, por eso es que se habla de una táctica ofensiva. Además, aunque la guerra es prolongada en su conjunto, las batallas y campañas deben ser de decisión rápida, pues su prolongación permitiría al enemigo el hacer uso de su superioridad concentrando sus fuerzas y colocando a las revolucionarias en desventaja; cuando las batallas son de decisión rápida, el enemigo no puede concentrar sus tropas en el punto donde ha sido atacado y cuando lo hace las fuerzas revolucionarias ya se han replegado. Por otro lado, aún cuando el conjunto de la guerra se desarrolla en territorio revolucionario (líneas interiores), se hace necesario salir de él a atacar al enemigo en su propio terreno (líneas exteriores), e incluso en su retaguardia, lo que le obliga a dislocar sus fuerzas y a mantenerlas en una tensión permanente.[9]
La Guerra Prolongada considera necesarios tres instrumentos: Partido, Ejército y Frente Unico Nacional. El Ejército es el destacamento de combate del pueblo; sin él se carecería de la fuerza militar. El Partido es el destacamento dirigente; sin él se carecería de una dirección capaz y efectiva. El Frente Único Nacional es el instrumento que permite unificar a todo el pueblo. Cabe aclarar que aun cuando algunos no acepten todos los planteamientos de la Guerra Prolongada, la utilización de los tres instrumentos se ha generalizado, en todas las experiencias posteriores de guerra prolongada, e incluso se ha extendido hasta aquellas donde la estrategia ha sido otra diferente, aunque no necesariamente se les ha llamado ejército, partido o frente nacional. El ejército a veces ha sido llamado así (como el EPL de China, el ERI de Irlanda o el ELN de Colombia), pero en otras ocasiones ha sido denominado Frente (como el FSLN de Nicaragua, o el FMLN de El Salvador), Fuerzas Armadas (como las FAPLA de Angola, las FARC de Colombia). El partido a veces ha sido llamado así (como el PCP "Sendero Luminoso" de Perú o el PTV, de Vietnam), Movimiento (como el MPLA de Angola, el MRTA de Perú), Organización (como la OLP de Palestina, o la ETA de España. El Frente Único Nacional a veces ha sido llamado Frente (como el FDR de EL Salvador, o el FNL de Vietnam). Los nombres varían pero las funciones se conservan, lo que da una muestra de su necesidad. Generalmente el Ejército y el Frente Único funcionan como instrumentos que se encuentran bajo la dirección del Partido y esa dirección se ejerce a través de militantes partidarios que se encuentran al interior de cada uno de estos instrumentos.
La Guerra prolongada considera necesario cercar la ciudad a partir del campo De acuerdo con este principio, el esfuerzo organizativo, político y militar, de los revolucionarios en un país como China, semicolonial y semifeudal y con una inmensa mayoría de población campesina, debió concentrarse sobre todo en el campo, para ahí asentar su fuerza principal, tomando gradualmente el poder en esas áreas para construir las bases revolucionarias que al ir creciendo permitieron cercar a las ciudades para finalmente tomarlas. Esta consideración fue correcta para China y partía de la particularidad de que era un país fundamentalmente feudal, cuya población era campesina en su mayoría. Este aspecto lo hizo ver Mao, por lo que no es válido achacarle a él la universalización de este principio, lo cual es incorrecto.
La Guerra Prolongada aplica la centralización estratégica y la descentralización táctica. La dirección de la guerra en su conjunto requiere de una visión general, de la determinación de una línea general, de la coordinación de las operaciones de las diversas unidades y de las diferentes formas de la guerra de acuerdo a un plan general, lo que no puede lograrse sin un mando centralizado; de aquí se desprende la necesidad de la centralización estratégica. Al mismo tiempo, cada campaña y cada batalla deben realizarse de acuerdo a condiciones específicas, que cambian rápidamente y no pueden ser conocidos completamente por los mandos superiores, lo que no se puede lograr sin un mando descentralizado en las campañas y las batallas; de aquí se concluye la necesidad de la descentralización táctica o de lo que se llama la autonomía táctica. La combinación de ambos principios hace posible que cada acción corresponda a las necesidades y condiciones locales al mismo tiempo que a las necesidades y condiciones generales del conjunto de la lucha, además de hacer posible e impulsar el desarrollo de la iniciativa y la capacidad militar de los cuadros. [10]
La Guerra Prolongada contempla la realización de la guerra en todas sus formas y con múltiples variantes de combinación. En la revolución China se combatió tanto con la guerra de guerrillas como con la guerra de movimientos como con la de posiciones, pero no siguiendo un esquema, sino que combinándolas de acuerdo a las condiciones. En un principio la guerra de movimientos era lo principal y la guerra de guerrillas y la guerra de posiciones eran auxiliares, mientras que en una segunda fase la guerra de guerrillas fue la forma principal y la de movimientos y la de posiciones eran auxiliares, mientras que en la tercera fase la guerra de movimientos fue otra vez la principal y guerra de guerrillas y la de posiciones fueron auxiliares (en los últimos momentos la guerra de posiciones tomó el lugar fundamental, pues se trataba ya de conservar las posiciones). Esta combinación variaba de acuerdo a las zonas, pues había condiciones diferentes en cada una de ellas.
En la Guerra Prolongada se busca presentar las batallas decisivas solamente en caso de que la victoria sea segura, se evitan aquellas batallas decisivas en las que no lo es y se eluden, absolutamente, las batallas estratégicamente decisivas en las que está en juego el destino de la nación. De acuerdo con esta norma se emprenden acciones decisivas en toda campaña o batalla en que se tiene seguridad de la victoria, para lo cual, se concentran las fuerzas que sean necesarias, pero se eluden las acciones decisivas en las batallas o campañas en las que la victoria sea incierta y sobre todo, se elude, de manera absoluta, las batallas estratégicamente defensivas en las que está en juego el destino de la nación (o de toda la fuerza revolucionaria). Esto parte de la consideración de que al enemigo le conviene que los revolucionarios presenten una batalla decisiva en la que pongan en juego toda su fuerza y en la que, de un solo golpe o en corto tiempo pueda aniquilarlos. De esta manera podría, utilizar su superioridad para aniquilar una fuerza que, de otra manera no podrá derrotar fácilmente.
Una manifestación de esta concepción de la Guerra Prolongada puede verse en una famosa frase de Mao: "cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando el enemigo se detiene, le hostigamos; cuando el enemigo se fatiga, le atacamos; cuando el enemigo se retira, le perseguimos", expresada en "Una sola chispa puede incendiar toda la pradera".
Por cierto esta frase no es igual a aquella inventada por cómicos que dice: "si son muchos, nos replegamos; si son pocos, nos escondemos, y si no es nadie, ¡al ataque mis valientes, que para morir nacimos!
La Guerra Prolongada contempla la realización de insurrecciones, que pueden ser generales, parciales o locales. La insurrección general abarca todo el país y con ella culmina, generalmente, la guerra. La insurrección parcial es aquella en la que se insurrecciona una parte del país y con ella se proporciona una derrota (aunque sea momentánea) al poder enemigo en una región. La insurrección local abarca una pequeña zona del país y con ella se derrota al poder local. Así en una guerra prolongada se combinan las insurrecciones y la lucha guerrillera, pero siempre subordinando las insurrecciones a la guerra prolongada. Es decir, si una insurrección beneficia al desarrollo de la guerra prolongada, se realiza y si no, no. En la experiencia China se desarrollaron insurrecciones en todos los momentos de la guerra, pues fue con una insurrección como se dio inicio a la guerra y a lo largo de la guerra y en todas las zonas se realizaron múltiples insurrecciones de diversos grados de generalidad.
La Guerra Prolongada contempla la construcción de Zonas Liberadas. Las bases revolucionarias en China pasaban por dos fases, la primera era la de Zona Guerrillera y la segunda era la de Base de Apoyo. Zonas guerrilleras, en esta concepción, son aquellas áreas en las que se desarrolla el accionar de las unidades guerrilleras con apoyo popular, mientras que bases de apoyo son lo que ahora se denomina como zonas liberadas, es decir, son zonas en las que las fuerza revolucionarias han logrado construir el Poder Popular, y ejercen la dirección de la economía, de la vida social y ejercen el control militar.
La Guerra Prolongada es una lucha por el poder. En esta concepción se define, de entrada y claramente, que la lucha es por el poder, por lo que puede decirse que hay una claridad al respecto. En las experiencias que hasta el momento existen se ha construido un nuevo poder en el transcurso de la lucha misma, aunque con fuerte contenido centralista e incluso, puede hablarse de una tendencia al autoritarismo (lo que no ha sido ajeno a las otras experiencias de otras líneas).
6.- La Guerra Prolongada, una estrategia altamente eficaz.
Los triunfos obtenidos en diferentes países en los que la lucha de liberación nacional y por la revolución socialista se desarrolló bajo concepción de la Guerra Prolongada hablan de su enorme eficacia, por lo que de ninguna manera puede negarse la gran importancia que ha tenido dicha concepción. Testimonio de ello son las victorias de China, Corea, Vietnam, Laos, Kampuchea, Angola, Mozambique y Nicaragua. [11]
¿Y por qué fue tan eficaz esta estrategia en los ejemplos mencionados? Fundamentalmente porque contempló todas las determinaciones que intervinieron en esas guerras, porque puso en juego toda la fuerza del pueblo, en general y en cada determinación, y porque permitió que las fuerzas populares llegaran a obtener la superioridad en todos los aspectos.
LA GUERRA INSURRECCIONAL.
7.- La Guerra Insurreccional, una guerra del pueblo.
Desde tiempos remotos cuando el pueblo ha intentado liberarse de una tiranía nacional o extranjera, ha recurrido a levantamientos masivos en los que concentra su fuerza en algunos centros para aniquilar a las fuerzas militares opresoras destacamentadas ahí. Esos levantamientos son las insurrecciones y en ocasiones guerras enteras se basan en ellas, dando lugar a las guerras insurreccionales. Ejemplos de insurrecciones son la toma de La Bastilla en la revolución Francesa en 1789, la insurrección que dio lugar a la Comuna de París en 1870, las insurrecciones de Berlín en 1919, la del levantamiento del Ghetto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial, la insurrección de octubre de 1917 en Rusia, la insurrección de Etiopía en 1974 y la insurrección de Albania en 1997.
En nuestra patria ha habido intentos por derrotar al gobierno mediante el esfuerzo insurreccional, como lo fue el levantamiento de Hidalgo, el intento de insurrección general del 20 de noviembre de 1910, las insurrecciones locales de Chiapas a lo largo de la colonia, la insurrección de Canek en Yucatán en 1761.[12]
La Guerra Insurreccional es una estrategia general, que consiste en el desarrollo de levantamientos populares, masivos, que en poco tiempo toman los centros de poder más importantes. Es una guerra desarrollada en todos los tiempos y que es el equivalente popular de la guerra de decisión rápida.
8.- Características de la Guerra Insurreccional.
Al estar incluidas dentro de las guerras revolucionarias, la guerra insurreccional comparte todas sus características, pero además tiene otras específicas como las siguientes:
La Guerra Insurreccional es una guerra eminentemente popular (como toda guerra revolucionaria, pero en ella lo popular es sumamente evidente por lo masivo de los levantamientos). La insurrección o abarca a las masas populares o no triunfa, de lo cual puede ser ejemplo lo sucedido en los intentos insurreccionales de El Salvador en 1932 y en 1980. Baste recordar, para ilustrar esta característica, los 25 000 hombres que reunió Hidalgo en tan sólo 15 días y que al mes de iniciada la guerra llegarían a ser 50 000 y que a los tres meses se convertirían en 80 000 insurgentes ¡hace casi 180 años, cuando la población del país era de cinco millones de habitantes! ¡El 1.6 % de la población del país estaba insurrecta! ¡Y eso en una sola zona del país! ¡Como si ahora avanzaran hacia la capital un millón y medio de insurrectos! [13]
La Guerra Insurreccional requiere de un esfuerzo conspirativo que garantice el secreto y la eficacia, como cualidades fundamentales, indispensables. En general las insurrecciones son una combinación de esfuerzo masivo donde participa una gran parte de la población y de una conspiración realizada por un grupo relativamente pequeño de revolucionarios. La conspiración del grupo pequeño proporciona a la insurrección la seguridad y la dirección, mientras que el esfuerzo masivo le da la fuerza; combinadas ambas determinaciones le dan a las insurrecciones el carácter irresistible que tuvieron el levantamiento de Hidalgo el 16 de septiembre de 1810, el levantamiento de 1910 contra la dictadura, la revolución de octubre de 1917 en Rusia, la insurrección de Shangai y de Nanchang en China, en 1926 y 1927 respectivamente. Cuando el secreto de una insurrección se rompe disminuyen enormemente sus posibilidades de triunfo, pues permiten que el enemigo se prepare fortaleciendo sus dispositivos militares en los centros de poder en que puede estallar la insurrección. Un caso así sucedió en los días previos a la insurrección rusa de 1917, donde, pese a todo, la fuerza de la insurrección fue tan grande que no pudo ser detenida.
Cabe aclarar cuando hablamos de una conspiración de ninguna manera se está hablando de golpismo o de una labor hecha al margen de las masas, sino de una conspiración combinada con una insurrección masiva, en la que la conspiración se encuentra subordinada a la insurrección, de igual manera que ésta, a su vez se encuentra subordinada a la revolución. Por su parte, ésta última se encuentra determinada por las condiciones objetivas y subjetivas. Así, de ninguna manera se habla de una labor aislada.
La Guerra Insurreccional requiere de la agudización de las contradicciones sociales, expresada en el empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población mientras las élites continúan viviendo en la abundancia y la comodidad. Las posibilidades de una guerra insurreccional aumentan en la medida en que las contradicciones sociales se encuentren agudizadas (como en el caso de las tiranías) y si esta agudización es brusca las posibilidades son mayores.
En el caso de la insurrección en las zonas del bajío de México donde cundió la insurrección de Hidalgo hubo un notorio empeoramiento de las condiciones de vida; lo hubo en Francia en 1789, al grado que la gente no podía conseguir ni su alimento básico, el pan; lo hubo también en Rusia en 1917 cuando la participación de Rusia en la primera guerra mundial acarreó grandes calamidades a la población; lo hubo en Etiopía, en 1974, donde la hambruna en el resto del país contrastaba con el consumo de carne por parte de los animales del emperador Haile Selasie; lo hubo en Nicaragua en los años previos a la revolución de 1979 a raíz del terremoto de Managua y la crisis económica desatada por la voracidad de Somoza. [14]
La Guerra Insurreccional requiere de una ruptura brusca del régimen y dentro de las clases dominantes (la ruptura ocurre en muchas de las guerras revolucionarias, pero en el caso de la guerra insurreccional la ruptura debe ser brusca). La ruptura brusca es de una gran importancia, porque permite modificar rápidamente la correlación de fuerzas a favor del movimiento popular, lo que permite dotarlo de la fuerza necesaria para triunfar; porque, al ser brusco el cambio el gobierno pierde la posibilidad de revertir este proceso fácilmente; y porque una ruptura brusca reduce la capacidad de las fuerzas represivas gubernamentales de dar una respuesta efectiva e incluso se pueden paralizar sus esfuerzos represivos. Puede llegar a suceder que, efectivamente, el aparato represivo llegue a encontrarse prácticamente paralizado a resultas de la confusión resultante de la pérdida de homogeneidad de la élite dominante. Puede suceder, también, que las fuerzas represivas no puedan cumplir su misión por la división y las dudas en las bases mismas.
Con "ruptura" no estamos refiriéndonos a que sea necesaria la incorporación de una parte de la clase o grupo dominante a las filas de la insurrección, sino que nos referimos a que una parte de esa élite entra en choque con el conjunto de ella y se contrapone al grupo dominante y lucha contra ella, aún sin llamar a la insurrección o incorporarse a ella, pero sí provocando el desgajamiento de grandes sectores que apoyaban a la élite o eran observadores pasivos, y éstos sí pueden incorporarse, y generalmente se incorporan, a la insurrección.
Esto se hizo evidente en el caso de la insurrección de Etiopía en 1974, cuando en los mandos medios del ejército se encontraban los dirigentes del proceso revolucionario, o en el caso de la insurrección rusa de 1917, donde había unidades enteras del ejército zarista a favor de los bolcheviques.
.La Guerra Insurreccional requiere de un detonante sobre un fondo de descontento generalizado. Así como una explosión de una carga de dinamita requiere no solamente de una carga del explosivo, sino de una pequeña cantidad de detonante, una insurrección requiere de que en medio de un descontento generalizado ocurra un acontecimiento que haga explotar esa carga de descontento y pueda lanzar a millones de hombres al combate. De nada serviría que la carga fuera grande si no hubiera detonante, pues ninguna explosión ocurriría, el explosivo podría descomponerse con el paso del tiempo; de nada serviría que hubiera un acontecimiento detonante si no hubiera el descontento suficiente para un levantamiento, pues ocurriría una explosión tan pequeña que solo para asustar serviría
En algunos casos el detonante ha sido un acontecimiento traumático para la población, como el asesinato de algún líder opositor (como en el caso de Pedro Joaquín Chamorro en 1978, que fue el detonante de la insurrección en Nicaragua), como la invasión del país (como ocurrió con la insurrección de Bac Son, Nam Ky y el levantamiento de Do Luong en Vietnam, luego que el país fue invadido por Japón en 1940); algún acontecimiento económico que indigne a la población y se refleje en un descenso brusco de su nivel de vida (como la elevación arbitraria del precio de la gasolina en el caso de Etiopía en 1974, o como la quiebra de la mayoría de inversiones de la población, como en Albania en 1997); alguna decisión política indignante (como la de continuar la guerra contra Alemania cuando se han creado expectativas de paz, como el caso de Rusia en 1917); algún acontecimiento político escandaloso e indignante, como un fraude electoral cuando la oposición ha ganado las elecciones o alguna maniobra para evitar las elecciones o modificarlas cuando algún candidato popular se encuentra a punto de ganar (como en el caso de las elecciones de 1910 en México).
La Guerra Insurreccional puede ser prácticamente irresistible porque moviliza una fuerza enorme en un tiempo reducido. Difícilmente puede resistirse el asalto de miles de hombres que atacan simultáneamente diversas posiciones por todas partes, sin dar ni pedir cuartel. Utiliza todos los principios generales de la guerra y sobre todo la concentración de fuerzas y la iniciativa, podría decirse que en su máxima expresión.
La concentración de fuerzas le da la máxima potencia. ¿Podría haber algo más potente que el lanzarse miles de hombres al combate simultáneamente, atacando posiciones enemigas en las zonas urbanas?
La iniciativa se lleva por fuerza en la insurrección. ¿Qué más iniciativa que atacar cuando uno lo decida, en el momento y en el lugar preciso, donde se puedan paralizar la resistencia enemiga?
La sorpresa, aún cuando a veces no es tan grande, porque el enemigo ya pudiera conocer que aproximadamente para cierta fecha pudiera estallar la insurrección, es un elemento que se utiliza y ocupa un lugar determinante en su éxito.
En una Guerra Insurreccional el tiempo es un elemento que juega a favor de la revolución si se utiliza para la acumulación en secreto, antes de llegar al momento preciso del levantamiento, pero puede funcionar como un elemento en contra si no se aprovecha ese momento, pues el desgaste de una fuerza insurreccional puede ser muy acelerado. La dirección de un movimiento insurreccional debe ser lo suficientemente sensible para detectar el momento oportuno, el momento en que se conjugue la debilidad máxima del enemigo con la fuerza máxima de la revolución, porque si se pasa ese momento la correlación se modificará en contra de las fuerzas revolucionarias. En realidad, existe un lapso, que puede ser de meses, semanas o, incluso, días, durante los cuales la insurrección es posible, pero pasándose ese lapso cualquier intento insurreccional será extemporáneo y la lucha emprendida en esas condiciones no irá al triunfo sino a la derrota. De entre ese lapso existe el momento óptimo, el momento más adecuado, que la jefatura de la insurrección debe poder determinar con precisión. Cualquier indecisión equivale a la derrota.
De ahí vienen expresiones como "¡Ahora o nunca!", "Hoy es el momento, mañana será demasiado tarde" (Lenin, 24 de octubre de 1917), "¡....a coger gachupines! (Hidalgo, 16 de septiembre de 1810) Indudablemente que otros hubieran sido los resultados si el 25 de octubre no se lanzan los revolucionarios rusos al asalto del poder. Igualmente, ¿qué hubiera pasado si los insurgentes no dan el Grito de Independencia el 16 de septiembre y en vez de ello hubieran decidido esconderse? Es difícil elucubrar, pero es indudable que los escenarios de la independencia hubieran sido otros.
La Guerra Insurreccional es a veces, en vez de la culminación de un proceso revolucionario, apenas su inicio. Aunque muchas revoluciones han triunfado con una insurrección (como la revolución francesa o la Comuna de París, o la revolución rusa de octubre de 1917) y muchas otras culminan con una insurrección general coordinada con el ataque de tropas regulares contra las fuerzas enemigas acantonadas en la capital del país (como la toma de Saigón en Vietnam en 1974, o la toma de Managua en 1979), en otras ocasiones las insurrecciones no dan lugar al triunfo revolucionario, sino que es a partir de ellas como se inicia una guerra de varios años y múltiples combates, a lo largo de los cuales se va aniquilando al enemigo y construyendo una fuerza capaz de derrotarlo.
Un ejemplo clásico de un caso de esta naturaleza sería la guerra de independencia, donde después de una insurrección en Dolores, Guanajuato, se marchó insurreccionando los pueblos que quedaban rumbo a la ciudad de Guanajuato, primero y luego en la ruta hacia la Ciudad de México, pero luego de algunas batallas perdidas la insurrección cedió su lugar a una larga guerra, donde se combinó la guerra de posiciones, con la de movimientos y la guerra de guerrillas. Igual es el caso de la revolución China, donde después de insurrecciones que no lograron tomar el poder se formaron ejércitos de miles de hombres que en una guerra prolongada acabaron por derrotar a las fuerzas de la reacción.
Esta es una de las razones para considerar factible que una guerra puede iniciarse a partir de un intento insurreccional, de manera que el fracaso de un intento puede no ser una derrota definitiva, sino el inicio de una guerra victoriosa.
La Guerra Insurreccional es la culminación de una lucha política previa, en la que la lucha política, con sus medios pacíficos va dejando su lugar a la violencia de las masas y, finalmente, a la lucha militar de las masas, en un proceso que se desarrolla a veces gradualmente, a veces de manera súbita. Como guerra que es, la insurreccional es la continuación de la lucha política desarrollada por medios pacíficos; el ritmo y las formas en que las formas violentas de lucha van ocupando el lugar de las pacíficas depende de las circunstancias concretas.
El levantamiento maderista de 1910 estuvo precedido de la lucha electoral, pero también de otras luchas como las huelguísticas de Cananea y Río Blanco, como la rebeldía armada de Tomóchic y Temosáchic, como los intentos insurreccionales de Palomas y Viesca por parte de los magonistas, como Vacas. La insurrección de 1917 en Rusia tuvo como antecedentes la insurrección de 1905, los grandes movimientos huelguísticos de 1916 y la revolución burguesa de febrero de 1917 que derribó al zarismo.
La Guerra Insurreccional es un proceso, compuesto de tres fases: acumulación de fuerzas y preparación, levantamientos o insurrecciones propiamente dichas y afianzamiento (u ofensiva sobre el enemigo en el interior del país. Hace falta aclarar que debe diferenciarse claramente entre una insurrección y una guerra insurreccional, ya que la primera puede considerarse como un evento, en comparación con la segunda, que necesariamente es un proceso que puede implicar varias insurrecciones; además, la insurrección es una acción que puede realizarse en diversos tipos de guerra (tanto en la prologada como en la insurreccional y como un fenómeno aislado), mientras que la guerra insurreccional es una estrategia que se basa fundamentalmente en las insurrecciones, pero tiene, además de las insurrecciones, otros componentes como la guerra regular[15]. Esta contraposición evento-proceso, acción-estrategia, es parte de la relación de contraposición entre la parte y el todo en que se encuentran la insurrección y la guerra insurreccional. En la fase de acumulación de fuerzas y preparación se preparan las condiciones para lograr la incorporación masiva del pueblo en el momento elegido, por medio de la penetración en los sectores estratégicos de acuerdo a las condiciones concretas (las colonias populares, el estudiantado y el proletariado de las principales ciudades en el caso de la insurrección urbana; los sectores marginados del campesinado en el caso del levantamiento rural) y de la agitación esos sectores; se forma las estructuras centrales de dirección política y militar en cada zona o región estratégica; se forma el ejército popular (o esqueleto de la fuerza insurreccional) y se le dota de la preparación combativa elemental; se hace acopio de armas; se trabaja en la neutralización de las fuerzas represivas. Esta fase puede ser corta en algunos casos; pero generalmente ocupa varios años. En la fase de los levantamientos o insurrecciones, al tiempo que se hace un llamado al pueblo en general a un levantamiento generalizado, el ejército popular se levanta para atacar los blancos previamente elegidos o para avanzar hacia ellos, en tanto se neutraliza, de diversas formas a las fuerzas represivas, ya sea inmovilizándolas mediante hostigamientos, o ganando para la revolución sectores de ella. En la fase de ofensiva sobre el enemigo del interior, las fuerzas revolucionarias se lanzan a atacar a las fuerzas enemigas que desde distintos puntos del interior amenazan con pasar a la ofensiva. En la fase de acumulación de fuerzas obviamente los revolucionarios se encuentran en inferioridad; la lucha política es la forma fundamental; la lucha armada se realiza fundamentalmente en forma de propaganda armada y en ocasionales acciones de guerra de guerrillas. En la fase de insurrección existe un equilibrio inestable y se intenta pasar a la superioridad; en ella la lucha armada ocupa el lugar fundamental entre las demás formas; principalmente se utiliza la guerra de posiciones. En la fase de ofensiva hacia el interior, las fuerzas revolucionarias se encuentran en superioridad y aquí también la lucha armada sigue siendo la forma fundamental de lucha; se aplican la guerra de guerrillas, la de movimientos y la de posiciones. En ocasiones a una insurrección le siguen otras, en una sucesión que puede dar como resultado una combinación de guerra regular y lucha insurreccional.
La Comuna de París, después de tener éxito en su primera y segunda fases fue derrotada en la tercera. En el caso de la revolución Mexicana de 1910, después del intento de insurrección general en el que no se pudo tomar pronto las ciudades más importantes, se dio paso a una guerra insurreccional que era la extensión y multiplicación del levantamiento popular de noviembre, pues, aunque en diferentes momentos, bajo distintos mandos y bajo concepciones divergentes, se producían levantamientos en los que comunidades y regiones enteras se insurreccionaban contra la dictadura.[16]
La Guerra Insurreccional requiere de la combinación de dirección eficaz, orientación flexible, plan militar estratégico y táctico, cautela, preparación técnica y golpe audaz [17]. La dirección eficaz es necesaria porque se trata de movilizar a miles y quizá millones de hombres en una acción concertada; se trata de dirigir acciones en varias ciudades y dentro de cada ciudad tienen que realizarse varias acciones, lo que requiere una jefatura central capaz de coordinar a las jefaturas de cada ciudad importante y dirigir de cerca las acciones más importantes y decisivas.
La orientación debe ser flexible porque los planes deben hacerse, rehacerse y volverse a rehacer en dependencia de las condiciones que son enormemente cambiantes; una mentalidad rígida no podría dirigir una insurrección dado que persistiría en actuar conforme a lo planeado en otras condiciones. Miguel Hidalgo, ante el descubrimiento de su conspiración pudo haber detenido el proceso y huir, o esperar el día fijado previamente para el levantamiento, pero en vez de ello detectó que, aún con las condiciones desfavorables que se habían producido al conocer el Estado sus planes, la insurrección podía desarrollarse. Es ese sentido actuó y la realidad mostró que fue adecuada su valoración. Otro menos capaz podía haber decidido otra cosa.
El plan militar estratégico es indispensable pues no es una pequeña acción sino una coordinación de decenas y quizá centenas de acciones militares las que se requiere realizar y eso implica un plan estratégico, que tome en cuenta el conjunto. Por otro lado, no solamente un plan táctico se requiere sino muchos de ellos, de manera que puedan cumplirse los objetivos en cada ciudad, lo que requiere un plan para cada una de las fuerzas destinadas a ello. Si alguna de las acciones importantes falla pueda hacer fallar a otras y al conjunto. Así sucedió en El Salvador en la insurrección de 1980, cuando no fueron inmovilizadas las fuerzas gubernamentales que podían acudir a reforzar a las de la capital desde diversas ciudades del interior; un ejemplo más es cuando la insurrección se limita a una zona o región del país, como ocurrió en enero de 1994, cuando otras zonas no se levantaron, permitiendo que el enemigo pudiera concentrar sus fuerzas en el Estado de Chiapas (no nos levantamos, pues también tenemos responsabilidad en ello, así que ningún reproche podemos hacer a quienes emprendieron el diálogo, pues los dejamos solos prácticamente).
La cautela es indispensable toda vez que si el enemigo detecta los planes para la insurrección tomará medidas que pueden abortar el esfuerzo, tomando militarmente las posiciones que se planea tomar o reforzándolas, capturando a los elementos claves, como los cuadros políticos que pueden conducir al pueblo en la insurrección o movilizarlo en su apoyo, o cercando las zonas populares para evitar que se agrupen las posible unidades militares populares. Precisamente eso es lo que el ejército chileno hizo el día del golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende, pues previendo una insurrección antigolpista, tomó todas las medidas señaladas en este punto, pues controló los principales puntos de la ciudad; capturó a los dirigentes populares más importantes, sobre todo a los más combativos (tuvo mucho tiempo para conocerlos y ubicarlos); rodeó las colonias populares e impidió que se concentraran los obreros en las zonas fabriles que hubieran sido principales puntos de resistencia. En muchos casos ocurridos en la historia el enemigo ha detectado los preparativos insurreccionales y aunque no conozca los planes concretos eso le da una gran ventaja. Y es riesgo de esto es demasiado grande ya que en la insurrección miles de hombres deberán participar, lo que dificulta guardar el secreto.
La preparación técnica es indispensable ya que no se trata solamente de pelear con armas ya conocidas, sino de poder combatir con armas que se tomarán al enemigo y en ese mismo momento hay que utilizarlas, como ocurrirá con los diversos tipos de fusiles, con las granadas, con los tanques, ametralladoras e incluso con los lanzamisiles. Se trata también de generalizar el uso de explosivos y de diversos dispositivos mecánicos, químicos y electrónicos. ¿De que serviría tomar un cuartel si no se sabe hacer uso de las armas que ahí se tomarán?
El golpe audaz, si es efectivo equivale a muchos golpes convencionales y multiplica la fuerza propia y disminuye proporcionalmente la del enemigo, pues puede llegar a paralizar gran parte de las unidades. Imaginémonos, tan solo, lo que pasaría por el pensamiento de los oficiales y soldados del ejército si una mañana cualquiera se despertaran con la noticia de que están tomados tres de los cuarteles más importantes del país y que miles de hombres tienen el control de varias de las ciudades importantes y avanzan hacia la capital. Un ejemplo de golpe audaz es el realizado por el EZLN el 1º de enero de 1994, pues ¿quién se imaginaba esa posibilidad siquiera?
La guerra insurreccional implica pasar lo más pronto posible a la guerra de posiciones, para volver luego a la de movimientos y a la guerra de guerrillas. Desde el primer momento, el objetivo de las fuerzas revolucionarias es tomar las posiciones enemigas y conservarlas, por lo que desde un principio la guerra puede definirse como una guerra de posiciones, pues se toman posiciones fuertes del enemigo y se defienden de los intentos por retomarlas. En un segundo momento se recurre a la guerra de movimientos, al movilizar las unidades militares para la realización de campañas para el aniquilamiento de las fuerzas militares del enemigo o para enfrentar sus esfuerzos por recuperar algunas de las posiciones que haya perdido. En este segundo momento se recurre también a la guerra de guerrillas para aniquilar a las unidades dispersas del enemigo mediante unidades guerrilleras que actúan en combinación con las fuerzas que realizan la guerra de movimientos.
Esta secuencia de las formas de la guerra es inversa a la que se han seguido en muchas guerras de carácter prolongado, donde se ha pasado de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. Es oportuno aclarar que en la revolución china no fue esa la secuencia, sino que se partió de intentos de realizar la guerra de posiciones, para pasar luego a la guerra de movimientos (como forma fundamental, no única, pues se combinaba con la guerra de guerrillas y de posiciones), de ahí se pasó a la guerra de guerrillas (como forma fundamental, pero que se combinaba con la de movimientos y posiciones) para volver a la guerra de movimientos y ahora sí pasar a la de posiciones. Claro, nunca se realizó una forma sola sino que siempre se combinaron entre sí las formas y sobre todo, nunca dejaba de realizarse la guerra de guerrillas.
La guerra insurreccional puede realizarse en tres modalidades: insurrección urbana, levantamiento en el campo e insurrección general. Casos históricos de cada uno de estas modalidades son los siguientes: la revolución de octubre de 1917 en Rusia, la insurrección de Berlín en 1919 y el movimiento de mayo de 1968 en Francia fueron insurrecciones urbanas; el inicio de la Guerra de Independencia de México, la Guerra de Castas de Yucatán en el siglo pasado, el inicio de la Revolución Mexicana de 1910 y el levantamiento zapatista de 1994 fueron levantamientos en el campo; la insurrección de 1979 en Nicaragua y la revolución iraní contra el Sha en 1978 fueron insurrecciones generales.[18]
La insurrección urbana implica la concentración de la actividad revolucionaria sobre todo en los centros urbanos. El trabajo fundamentalmente urbano (y sobre todo el de la capital del país y de las ciudades más importantes) es necesario porque ahí están los centros de poder, donde radican los órganos de poder a los que hay que derrocar. En este caso el trabajo en las áreas rurales es secundario porque las fuerzas reaccionarias destacamentadas ahí pueden ser aniquiladas una vez controlado el poder central. Esto de ninguna manera quiere decir que durante una insurrección urbana no se requiera realizar combates en el campo. Por el contrario, es necesario realizar combates en diversas zonas rurales, ya sea para distraer las fuerzas del enemigo, para inmovilizar las unidades que puedan acudir en apoyo a las atacadas en los centros de la insurrección, o para producir un impacto sicológico sobre el conjunto de las fuerzas enemigas. Además, la generalización de los combates puede contribuir a mostrar el carácter masivo del levantamiento, lo que puede ayudar a paralizar el apoyo que las fuerzas enemigas en el plano internacional pueden prestar al régimen.
En la insurrección urbana las fuerzas revolucionarias avanzan de la ciudad al campo. Esta característica se presenta porque el pueblo toma el poder en las ciudades y sobre todo en la capital del país, mientras que en el interior del país y en las áreas rurales las fuerzas enemigas se encuentran a veces intactas y hay que avanzar hacia allá para derrotarlas, como única garantía de supervivencia del nuevo poder. Ese proceso es el que siguió la revolución rusa de 1917. En esta modalidad existe un frente de guerra definido: el urbano (o varios frentes definidos, según que la insurrección sea en varias ciudades).
El levantamiento en el campo implica la concentración de la actividad revolucionaria en las áreas rurales. Esta modalidad ha sido utilizada fundamentalmente en los casos en países agrarios, en los que la mayoría de la población es campesina y en donde el descontento es más agudo en el campo que en la ciudad. En estas modalidades el levantamiento moviliza a miles de hombres que se levantan simultáneamente en algunas zonas y avanzan de las zonas rurales a las urbanas, incorporando a su paso a la población para formar un ejército capaz de tomar la capital del país.
En el levantamiento en el campo las fuerzas revolucionarias avanzan primero del campo a la ciudad y luego de la ciudad al campo porque el objetivo es tomar las principales ciudades y sobre todo la capital del país para conformar un nuevo gobierno, aunque no se aniquile en un primer momento a todas las fuerzas enemigas, a las cuales se aniquilará luego, ya con el nuevo poder, en una lucha en la que se combinará la guerra de posiciones y movimientos con la guerra de guerrillas. En esta modalidad existe uno varios frentes de guerra definidos, en dependencia de las áreas de los levantamientos. Ese es el proceso que siguió la Revolución Mexicana de 1910.
La insurrección general requiere de la realización del trabajo en todas las zonas y regiones del país, habida cuenta que ninguna zona debe quedar sin levantarse. Esta es la máxima expresión de la insurrección pues en ella el enemigo tiene que enfrentar una pequeña insurrección en cada zona
En la insurrección general las fuerzas revolucionarias avanzan simultáneamente en todas direcciones, pues existen muchas fuerzas cada una de las cuales tiene un centro a partir del cual debe derrotar a las fuerzas enemigas en su área respectiva para consolidar el nuevo poder. Este avance en todas direcciones puede tener que reorientarse para que, en caso de ser necesario, se concentren fuerzas en las áreas más débiles. En una insurrección general existe una guerra sin frente definido, pues todas las zonas son frentes.
Ahora bien, por lo planteado en los párrafos anteriores puede parecer sencillo realizar una insurrección, porque alguna de esas condiciones, como la ruptura del régimen, el agravamiento de las condiciones de vida del pueblo o un acontecimiento detonante se pueden presentar en cualquier momento, a veces sin esperarlo ni prepararlo, y otros, como el esfuerzo conspirativo, se pueden realizar siempre y con gran maestría, pero debe aclararse que cada una de las cuestiones aquí consideradas son condiciones necesarias, mas no suficientes para la realización exitosa de una insurrección, lo que quiere decir que hacen falta todos, pero ninguno de ellos, por sí mismo garantiza el triunfo.[19]
LA GUERRA DE BAJA INTENSIDAD (GBI)
A partir de la derrota que los norteamericanos sufrieron en 1975 en Vietnam, emprendieron una reelaboración de su estrategia contrainsurgente buscando encontrar una estrategia capaz de enfrentarse exitosamente a una guerra popular, principalmente de carácter prolongado, pues la que hasta ese momento habían emprendido bajo el concepto de Guerra Contrainsurgente se había mostrado incapaz de vencer la guerra del pueblo de Vietnam. Además, esa no era la única derrota que habían sufrido a manos de una guerra popular de carácter prolongado, pues ya antes, en China, la guerra dirigida por ellos pero realizada por otros había sido derrotada en 1949 por el Ejército Popular de Liberación dirigido por Mao y poco después, en 1953, en Corea, las tropas norteamericanas, directamente, fueron derrotadas por la guerra prolongada que el pueblo coreano, apoyado por el chino realizó para hacer su revolución y enfrentar la invasión de las tropas norteamericanas. [20]
Esa reelaboración fue realizada mediante el estudio de las derrotas sufridas, así como de otras experiencias en las que la lucha contra la insurgencia tuvo éxito, en particular la que el imperio británico realizó contra los revolucionarios de Malasia de 1948 a 1956 y la experiencia que tuvieron los asesores norteamericanos desde 1950 a 1954 en la guerra que el gobierno filipino desarrolló contra la guerrilla de los Huk (Hukbalahap o Ejército de Liberación Nacional). En esta experiencia se logró derrotar a una guerrilla que llegó a tener miles de combatientes, mediante una estrategia en la que las medidas políticas y sicológicas jugaron un papel fundamental, pues le restaron base social a la guerrilla, al grado que en unos años la que era una fuerza revolucionaria masiva con 15 mil combatientes y un apoyo popular enorme, fue aislada de la población y aniquilada gradualmente hasta convertirla en una fuerza de unas centenas de combatientes con poco apoyo popular, que dejaron de ser (en ese momento) un peligro para el régimen. Decimos que por el momento, porque muchos años después, renació la guerrilla del Nuevo Ejército del Pueblo, que ahora tiene una gran fuerza otra vez, después de haber aprendido a combatir la estrategia que derrotó a sus antecesores.[21]
Así, de esas experiencias, tanto negativas como positivas (para sus intereses), los estrategas norteamericanos obtuvieron los elementos que habían de conducirlos a crear una nueva estrategia, a la que habrían de llamar Guerra de Baja Intensidad (GBI) y que es una estrategia contrarrevolucionaria de uso universal utilizada para combatir a los movimientos revolucionarios, tanto a los que se encuentran luchando por el poder en cualquier parte del planeta (en cuyo caso la lucha es contrainsurgencia en sentido estricto), como aquellos que se encuentran en el poder (entonces los esfuerzos van encaminados a derribar el régimen revolucionario y la modalidad que adopta la GBI es la de lucha proinsurgente).
Así pues, la GBI es la estrategia contrarrevolucionaria que utilizan actualmente las fuerzas reaccionarias en el plano mundial y es una lucha político militar limitada para alcanzar objetivos políticos, sociales, económicos y sicológicos. Es, con frecuencia, prolongada e incluye desde presiones diplomáticas, económicas, y sicológicas hasta el terrorismo y la insurgencia. Esto, según un escrito denominado "Reporte final del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Estados Unidos".[22]
En el caso de México, la GBI es una estrategia contrainsurgente desarrollada por el régimen mexicano en alianza con el imperialismo norteamericano y la oligarquía financiera internacional para combatir al movimiento popular..
Esta estrategia contrainsurgente ha introducido modificaciones sustanciales a la forma en que se desarrolla la lucha contra los movimientos revolucionarios. Es una concepción integral, por los aspectos que contempla así como por las medidas que implementa, pues al considerar la guerra revolucionaria como un proceso no puramente militar sino compuesto de múltiples aspectos, no utiliza solamente medios militares para combatirla sino que emplea todos los medios posibles, sin límites de ninguna especie. Ahora la guerra contrainsurgente ya no es una guerra regular sino que se hace irregular, como lo es la guerrilla, ya no se empeña en una guerra de decisión rápida, sino que se hace prolongada, como se ha realizado la lucha guerrillera en lo últimos años, ya no tiene como eje la lucha militar, sino la lucha política y sicológica.
La mayoría de las luchas contra el pueblo en diversas partes del mundo se realizan bajo esta concepción y tienen como objetivo fundamental destruir las fuerzas populares y, sobre todo, destruir la voluntad de lucha del pueblo.
Hasta el momento ha sido utilizada en muchas ocasiones y en la mayoría ha obtenido éxito, como en el caso de Afganistán, El Salvador, Nicaragua y su utilización le ha permitido al imperialismo y a las fuerzas retrógradas obtener una amplia experiencia y no solamente se utiliza contra movimientos insurgentes sino también contra procesos triunfantes. En el primer caso se le llama "contrainsurgencia", en el segundo "proinsurgencia", además que una tercera categoría se denomina "antiterrorismo".[23]
El nombre de baja intensidad puede ser engañoso, ya que no se trata de ninguna intensidad baja en sentido absoluto, sino que ese es un nombre convencional dado por los norteamericanos a la estrategia que utilizan en guerras en las que se combate fundamentalmente por medio de la guerra de guerrillas y en general por unidades irregulares (como las guerras revolucionarias que se desarrollan actualmente en Colombia, en Perú, en Irlanda, en España o el conflicto en México), mientras que los enfrentamientos en que se emplean armas modernas y se combate con medios de la guerra regular (como la Guerra del Golfo, la intervención contra Yugoslavia) son considerados "guerras de mediana intensidad", al tiempo que el nombre de "guerras de alta intensidad" queda reservado para conflictos a nivel global como las guerras mundiales o las guerras en las que se utilicen armas nucleares. Claro que desde ese punto de vista los conflictos que ellos llaman de baja intensidad sí son de una intensidad relativamente baja, pero para los pueblos son de una alta intensidad porque implica una represión de una intensidad alta, con miles o millones de personas torturadas o asesinadas, con enormes pérdidas materiales para los pueblos, con grandes atrocidades contra la población civil.
10.- Características de la GBI.
La GBI surgió específicamente como una forma de combatir a las guerras populares que, bajo la concepción de la Guerra Prolongada, en sus modalidades de GPP o GPR y otras, implicaban la realización por el pueblo de una guerra irregular, con carácter prolongado e integral. A cada aspecto fuerte de la guerra prolongada se le pretende oponer en el mismo terreno. Las características que en este punto se presentan son las que tiene actualmente, en general, aunque cabe aclarar que estas se fueron desarrollando gradualmente siendo que algunas son aceptadas por todos sus impulsores desde el principio, en tanto que algunas, como la Guerra Cibernética y la Guerra de Redes, son muy recientes en su descubrimiento (1993) y todavía no cuentan con la aceptación general entre los principales estrategas de la no GBI, aún cuando ya son utilizadas en los principales conflictos.
La GBI opone al carácter irregular de la lucha revolucionaria, el carácter irregular de la lucha contrainsurgente. Para esto ha utilizado dos modalidades básicamente: en primer lugar la creación de unidades especializadas en el combate irregular o Fuerzas Especiales de diverso tipo y la preparación del conjunto de sus tropas para la guerra irregular, con lo que ha logrado fortalecer los puntos débiles que tenía su estrategia anterior y ha disminuido la ventaja que para el pueblo significaba la realización de la guerra de guerrillas; en segundo lugar, la creación de fuerzas irregulares dentro de la población bajo la forma de grupos paramilitares que insertos en la población combaten a la guerrilla en sus propias áreas, asesinando a los posibles integrantes o simpatizantes de ésta y participando en las acciones del ejército. La experiencia muestra que en muchos casos esta concepción ha sido exitosa para las fuerzas de la reacción. Es bajo esta concepción que ha creado grupos como los Kaibiles en Guatemala, batallones como los Atlácatl y Ramón Belloso en El Salvador, los GAFES (Grupos Aerotransportados de Fuerzas Especiales) en México.
Si la selva ha sido el refugio del pueblo, ahí se le busca; si la sorpresa y la flexibilidad son su arma, también pueden serlo de quienes lo combaten; si en la población pasan desapercibidos las fuerzas guerrilleras, también lo pueden hacer las antiguerrilleras; si parte de la población protege a unos, la otra parte también puede proteger a los otros. Eso es la GBI. [24]
La GBI opone, al carácter prolongado de la lucha revolucionaria, el carácter prolongado de la lucha contrainsurgente, encaminada a desgastar a las fuerzas populares, a agotarlas hasta aniquilarlas, disminuyendo la ventaja que para el pueblo significaba el desarrollar una guerra prolongada. La experiencia muestra que en muchos casos esta concepción le ha producido éxitos a los reaccionarios, al empantanar a los revolucionarios en conflictos casi eternos y desgastantes, que han llegado a desmoralizar a las fuerzas revolucionarias (aunque más a las direcciones no consecuentes que a sus bases o al pueblo), como ocurrió en los casos de Nicaragua, donde desgastó a los revolucionarios cuando ya se encontraban en el poder y en El Salvador donde desgastó a una guerrilla que había alcanzado una fuerza que no había logrado ninguna otra en América. Desde luego que en caso de que las fuerzas norteamericanas intervengan en un país esa intervención debe ser con una entrada rápida y una acción igualmente rápida y contundente para retirarse de la manera más rápida posible, a fin de no empantanarse en un conflicto prolongado como el de Vietnam. Desde luego que con la GBI la prolongación de la lucha no se busca por sí misma, sino por su efecto desgastante, que se pretende extender a todos los aspectos. Si esto mismo puede lograrse de otras formas más rápidas, desde luego que se aplicarán, por eso en medio de la lucha prolongada se realizan esfuerzos sorpresivos por obtener una solución rápida.
Derrumbar los últimos ánimos para ejercer la defensa justa ante la agresión; llevar al agotamiento de los recursos económicos y materiales de que puede echarse mano; hacer que las fuerzas políticas no puedan ya movilizarse ni crecer más, ni reponer sus fuerzas, ni echar mano de las reservas porque ya no las hay; llevar a considerar que no vale la pena dedicar un esfuerzo más para lograr el cambio porque además de agotador el esfuerzo puede realizar inútil y por ello ya no hay más esperanzas ni alternativa posible; que, en síntesis, ya no es la hora de la lucha sino de la resignación. Así es la GBI.
La GBI opone, al carácter integral de la lucha revolucionaria, el carácter integral de la lucha contrainsurgente, que ahora se realiza en todos los campos posibles. Partiendo que la lucha revolucionaria se desarrolla mediante una combinación de lucha económica, política, social, militar, ideológica y cultural, la GBI la combate mediante un esfuerzo que combina todas esas formas de lucha en un esfuerzo integral, que simplificándolo podríamos explicar así: el componente económico de la lucha popular lo enfrentan mediante medidas económicas mediatizadoras como las concesiones, la entrega limitada de tierras, de créditos para proyectos productivos; el componente político por medio de medidas políticas de mediatización como las reformas superficiales y medidas de represión contra los luchadores radicales; el componente social lo enfrentan mediante "programas de asistencia social" ejecutados muchas veces por el ejército y que tienen como fin crear una base de apoyo para el ejército y formar redes de inteligencia militar; el componente diplomático mediante ofensivas diplomáticas destinadas a justificar la lucha contrainsurgente; el componente ideológico es combatido mediante embestidas cargadas de falso nacionalismo, como las campañas xenofóbicas, o mediante la realización de campañas de desprestigio de lo revolucionarios. De esta manera ha intentado (y en gran parte logrado) fortalecer los puntos débiles de sus estrategias anteriores, defendiendo los frentes que antes se descuidaban. No puede negarse que la experiencia muestra que en muchos casos esta concepción ha producido éxitos, aunque no por ello deja de haber descontento y bases de apoyo para la guerra revolucionaria.
Que ningún flanco quede al descubierto, que dondequiera que los revolucionarios actúen se sientan y sean copados en todos los aspectos; que no encuentren ni un espacio, ni un momento, ni un la más pequeña actividad donde no sean hostigados. Así actúa la GBI.
La GBI pretende oponer, al carácter popular de la lucha revolucionaria, una lucha contrarrevolucionaria de base popular, buscando que sea la población quien combata a los guerrilleros, por medio de la creación de un clima desfavorable a los revolucionarios y de la acción de grupos paramilitares, como las "Rondas campesinas" en Perú; las "Autodefensas Unidas de Colombia"; los "Grupos Antiterrorista de Liberación" en España; los "Defensores de la Mano Roja" en Irlanda; los "Alza Maza", los "Vigilantes" y las "Fuerzas Armadas Civiles" en Filipinas; los "Chinchulines", los "Máscara Roja", los "Paz y Justicia" en Chiapas, que son grupos que tienen cientos de integrantes (y algunos de ellos miles como los de Perú y Filipinas), con los que pretende realizar una guerra contrainsurgente con apoyo popular, pagado, desde luego, pero que no deja de ser efectivo en su labor asesina y que le permite descargar en ellos el peso de la represión más abiertamente cruenta. La experiencia muestra que para el pueblo es mucho más difícil enfrentar una guerra en esas circunstancias que cuando la represión la realiza el ejército fundamentalmente.
Si la guerrilla está en el pueblo como el pez en el agua, la GBI busca y construye un pantano para las alimañas de la contrainsurgencia, donde se puedan mover y actuar libremente los asesinos, donde puedan realizarse las masacres, donde el pez de la guerrilla se asfixie y sea hostilizado por todo el medio para que no sólo no pueda actuar ni desarrollarse sino para que no pueda ni vivir siquiera. Así es la GBI.[25]
La GBI opone a la posibilidad permanente de una lucha revolucionaria, una lucha contrainsurgente permanente. Pese a que públicamente los estrategas de la GBI manejen que la existencia de los movimientos revolucionarios se debe a la acción de agitadores que manipulan al pueblo, en realidad comprenden y toman en cuenta que la posibilidad de una revolución se desprende de las condiciones objetivas existentes en la sociedad donde hay opresión y que, por eso mismo, es posible en cualquier momento la emergencia o el fortalecimiento de las fuerzas revolucionarias. Por eso la GBI se plantea una lucha contrainsurgente permanente, que busca impedir, en todo momento, la existencia de las fuerzas revolucionarias: antes de que nazcan y lo que necesita es impedirlo; cuando ya han surgido y lo que necesita es aniquilarlos; cuando ya han vencido y lo que requiere es derrocar al régimen revolucionario. Prevención, le llamarán, en un caso y los asesinatos selectivos de dirigentes populares serán el resultado; contrainsurgencia, le nombrarán, en el otro y el resultado será también asesinatos, ahora no en forma selectiva solamente, sino también en forma de masacres, que se harán cada vez más comunes; proinsurgencia, le denominarán en el otro, y seguirán los asesinatos, acompañados con el trastorno de la economía, con la introducción de enfermedades que aniquilen a la población y a la producción agrícola y ganadera, con la destrucción de la infraestructura de propiedad social. Tres diferentes nombres y un solo ser: contrainsurgencia permanente o terrorismo de estado permanente. En todo caso no hacen más que aprovechar las dificultades existentes ya de por sí, hacer surgir otras, multiplicarlas, para así hacer que la rueda de la historia marche hacia donde conviene a los intereses del capital y evitar, el menor riesgo posible, de que gire en sentido de los intereses populares.
Lucha a muerte contra la revolución. Que no pueda nacer, que no pueda vivir, que no pueda crecer. Terrorismo de estado permanente. Eso es la GBI.
La GBI opone a la visión de los revolucionarios de que la guerra revolucionaria es la confrontación entre dos proyectos políticos, económicos, culturales, ideológicos, nacionales e internacionales, una visión similar, de la cual concluye que la victoria puede lograrse derrotando no solamente a la fuerza particular sino al proyecto que representa. Por esto es que a los intentos de destrucción física de la fuerza revolucionaria los acompaña siempre con una labor encaminada a la destrucción del proyecto que representan, vale decir, a la descalificación del proyecto revolucionario, lo que significa descalificar a los objetivos, a las bases teóricas e ideológicas, a los dirigentes y a la organización. El objetivo es, en última instancia, que se deje de percibir como una alternativa viable el proyecto revolucionario. A los objetivos revolucionarios los presenta ya sea como falsos, como una pantalla que esconde tras de sí oscuros propósitos de dominio o como inviables, representativos de ideas estatistas o nacionales que han fracasado en la práctica (como dice lo ha mostrado la caída del campo socialista y el predominio de la globalización capitalista neoliberal). A las bases teóricas las presenta como producto de una ideología (cuando dice que la sociedad ha arribado a la era del "fin de las ideologías", donde ya no se requieren ni hay ideologías), y por lo tanto como falsas, como una esperanza utópica que, como tal, con todo y las buenas intenciones es imposible de cumplir y que conduciría en vez de a la liberación, al aumento de la opresión. A los dirigentes revolucionarios los presenta como manipuladores que se aprovechan de las necesidades y de la buena voluntad de la población para engañarla. A la organización la presenta como una banda criminal en la que no se puede confiar, aliada a lo peor que hay en la sociedad. Así, resulta que tratan de imponer la visión de que no habría otra alternativa más que el actual sistema, aunque puede mejorarse, limando los aspectos más evidentemente negativos que tiene (lo cual, desde luego, afirma que no se debe a una mala voluntad o a que el sistema no funcione, sino a circunstancias particulares que se pueden superar, claro que sin un cambio total y con la ayuda de Estados Unidos).
Despojar al pueblo de cualquier esperanza; convencer de que no hay ninguna alternativa posible, de que todo intento de cambio es inútil, que no hay posibilidad más que el sistema que ya existe. La desesperanza total, eso es lo que busca la GBI. [26]
La GBI opone, a la fortaleza ideológica de las fuerzas revolucionarias, lograda mediante la lucha ideológica, una guerra sicológica encaminada a ganar las mentes y los corazones de la población para crear una base de apoyo contrarrevolucionaria. Intenta manipular los miedos, las necesidades y las frustraciones de la población para influir en la mente y en la conducta de la población civil, de los revolucionarios y de su propia fuerza. En cuanto a la población busca alterar y controlar sus valores, sus opiniones y sus ideas; crear dependencia, intimidación e incapacidad de generar o sostener un proyecto autónomo; en cuanto a los revolucionarios trata de dominar su voluntad despojándolos de su voluntad de combatir; en cuanto a sus soldados trata de elevarles la moral. Para ello utiliza la propaganda y el terror como instrumentos de control. Con la propaganda oculta y disfraza la realidad tratando de imponer la verdad oficial que nunca reconoce golpes ni derrotas contundentes o los minimiza. Con el terror trata de crear una apariencia de imposibilidad de su derrota y un sentimiento de impotencia. Además de la guerra sicológica utiliza la penetración de sectas religiosas que buscan despolitizar a la población. La experiencia muestra que la guerra sicológica, aún cuando no logre todos sus fines, sí dificulta la labor revolucionaria. En el caso de Guatemala puede verse en toda su expresión la aplicación de la guerra sicológica, pues mientras los kaibiles funcionaban como cuerpo militar con una alta moral de combate, especializado en combatir a la guerrilla y en aterrorizar, junto a los paramilitares, a la población por medio de asesinatos sádicos y desapariciones (se habla de alrededor de 90 000 desaparecidos y asesinados), desde el gobierno se impulsó una política destinada a ganar a la población por medio de la mediatización y a través de la acción de sectas religiosas pronorteamericanas, cuya penetración era fomentada desde el gobierno.
Un pueblo aterrorizado, un pueblo sin voluntad de combatir, unas mentes y unos corazones sometidos al dominio de los que lo explotan y lo oprimen. Una subjetividad adaptada al dominio, que no se plantee vencer, que no pueda resistir, que no se pueda expresar, que no pueda existir como expresión propia, particular y libre de un pueblo que quiere construir su autonomía. El control absoluto de la subjetividad, eso es lo que quiere lograr la GBI. [27]
La GBI opone, a la omipresencia de las fuerzas revolucionarias, apoyada en el carácter popular de la lucha revolucionaria, la omnipresencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, apoyadas en una inteligencia hiperdesarrollada. De acuerdo a esta concepción se han dedicado grandes recursos a fin de que el ejército pueda contar con informantes en todos los pueblos, en todas las organizaciones económicas, políticas o sociales, en todas las acciones populares; para que los cuerpos represivos puedan infiltrar a las organizaciones armadas y conocer sus planes. La labor de inteligencia ha llegado a tener tanta importancia que se le ha llegado a considerar el equivalente de un arma del ejército, colocándola prácticamente al mismo nivel que la infantería, la artillería o la caballería. Ante esta situación disminuye enormemente la ventaja que antes tenían las luchas revolucionarias, pues la clandestinidad permitía a los revolucionarios estar informados de cada paso, plan o agente enemigo, al mismo tiempo que hacía que el enemigo no supiera nada o casi nada de los de los combatientes del pueblo. Ahora, sin embargo, el enemigo tiene la posibilidad de usar también ese importante recurso que es la información y eso dificulta la lucha revolucionaria mucho más que en otros tiempos, aunque claro que no la impide. Además, ha creado redes de información que permiten que la lucha contra los revolucionarios de cada país pueda realizarse contando con toda la información disponible a nivel mundial, principalmente la información satelital norteamericana y la de sus órganos de inteligencia distribuidos por todo el mundo.
La vida en la familia, en la escuela, en la oficina, en la fábrica, la reunión clandestina, la acción revolucionaria; todo sometido al escrutinio del Estado, para que nada pueda suceder sin que él lo sepa; para que ningún lugar sea seguro para ejercer la crítica, para planificar. Saberlo todo, estar en todo, penetrarlo todo, manipularlo todo: eso es la GBI.
La GBI opone, al carácter patriótico de la lucha revolucionaria, una guerra contrainsurgente de apariencia nacionalista, acusando a los revolucionarios de estar basados en el apoyo extranjero y evitando, en la medida de lo posible, o limitando al máximo, la participación directa de tropas extranjeras en la guerra contrainsurgente. Mediante esta política intenta evitar que la lucha revolucionaria se fortalezca con la fuerza de la defensa de la patria (como sucedía muy claramente al intervenir directamente el imperialismo en los países en lucha) y, al mismo tiempo, intenta fortalecerse él con esa misma fuerza. Este intento parte de que es notorio que el patriotismo es una de las motivaciones más fuertes para la acción de los pueblos, ya que es una fuerza capaz de movilizar a millones de seres humanos en luchas prolongadas y arduas. Por eso es que el imperialismo ha evitado hasta donde le ha sido posible, involucrarse en luchas en las que deba oponerse al patriotismo y en lugar de eso ha tratado de impregnar de ese sentimiento la lucha contra la insurgencia en los países en que aplica la GBI, enmascarando en el nacionalismo la lucha contra la insurgencia. Antes lo hacía bajo el nombre de la "lucha contra el comunismo internacional" como lo hizo en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala y ahora lo hace impulsando la xenofobia como lo ha hecho al gobierno mexicano al hostigar y expulsar a los extranjeros solidarios con el EZLN.
Identificar al revolucionario con el enemigo de la patria, con el otro al que se le puede despojar de todos sus derechos e inclusive de su carácter humano para que contra él se justifiquen todos los excesos, para que no haya derecho que lo defienda, y lo que es peor, para que sea el mismo pueblo quien lo combata. Eso es la GBI.
La GBI opone, al escalamiento del conflicto, impulsado por la fuerza revolucionaria, un contraescalamiento de éste, conteniéndolo primero e intentando reducirlo gradualmente, en lo militar, en lo geográfico, en lo político y en lo social. En lo militar trata de evitar al máximo la actividad militar abierta, partiendo de que ésta puede ser motivante de una mayor participación popular en la lucha revolucionaria (como hizo en El Salvador y Nicaragua, donde evitó, hasta donde pudo, la intervención militar directa de tropas norteamericanas, o como ocurre hoy ante el EZLN, donde el ejército encubre su acción haciendo que los asesinatos los ejecuten los paramilitares y las policías); en lo geográfico, limitando el conflicto militar a una área específica (como hace hoy al tratar de confinar el conflicto a Chiapas, estableciendo un cerco militar y político en torno a ese estado); en lo político, tratando de aislar el movimiento armado de las fuerzas políticas y sectores sociales de importancia nacional (satisfaciendo, en lo posible, las demandas de esos sectores, no por bondad, sino para aislar y tratando de condicionar esas concesiones a la condena de la lucha revolucionaria); en lo social, tratando de limitar los objetivos revolucionarios a demandas que puede mantener bajo control y conceder, para despojar de banderas a los revolucionarios y aislarlos de la población (buscando tratar directamente con las bases de apoyo, para mediatizarlos y apartarlos de la lucha).
Reducir las fuerzas revolucionarias a su mínima expresión, disminuirlas, cercarlas, tenerlas a su merced: eso es la GBI.
La GBI opone, a una guerra revolucionarias desarrollada en tres fases: defensiva estratégica, equilibrio de fuerzas y ofensiva estratégica, una guerra contrainsurgente ofensiva que trata de aniquilar rápidamente en la primera fase, contener y desgastar en la segunda, desgastar y aniquilar en la tercera. El objetivo que se persigue siempre con la GBI es aniquilar a la insurgencia, para lo cual adapta su táctica y sus métodos a cada una de las fases de la guerra revolucionaria. Esta adaptación parte de una visión general, en la que se toman en cuanta varios elementos: la peligrosidad militar de las fuerzas de la revolución en el momento presente, la integración de las fuerzas militares revolucionarias y la población, el dominio del territorio, la peligrosidad de la situación a mediano y largo plazo. Así, en dependencia de esos elementos combinará de diferente manera la acción contra la población y contra la fuerza revolucionaria, porque en cada una de las fases va aumentando la integración entre ambas; de ello dependerá también el que limite o no la intervención extranjera, porque en las fases iniciales podrá combatir con poca ayuda extranjera, mientras que al avanzar la guerra deberá recurrir a la intervención directa; de igual manera en diferentes momentos deberá enfatizar ya sea la aniquilación, la contención, o el desgaste de las fuerzas revolucionarias, porque aunque quisiera aniquilar en todo momento, esto no siempre lo puede hacer a corto plazo. Cuando el movimiento revolucionario se encuentra en la fase de la defensiva estratégica y si la lucha apenas se inicia, trata de aniquilar militarmente el esfuerzo revolucionario rápidamente, antes de que se implante firmemente en el tejido social, lo que intenta hacer sobre todo mediante las fuerzas propias del país, limitando la intervención de las fuerzas extranjeras al papel de asesoría; las acciones militares que realiza son, fundamentalmente, golpes de mano estratégicos contra los mandos revolucionarios en los que juega un papel fundamental el trabajo de inteligencia con el fin de ubicar a los mandos revolucionarios. Dentro de esa misma fase, y cuando el movimiento se encuentra ya implantado, trata de contener su desarrollo aislándolo del tejido social y reduciéndolo gradualmente a dimensiones controlables por medio de un contraescalamiento en todos los aspectos, al mismo tiempo que se le intenta desgastar; las acciones militares que realiza en este momento son, fundamentalmente ofensivas, de búsqueda de choque con las unidades guerrilleras. Cuando el movimiento revolucionario arriba o empieza a llegar a la fase del equilibrio de fuerzas el objetivo gubernamental es contener su crecimiento y desgastarlo, empantanándolo en un esfuerzo agotador para obtener una correlación favorable de fuerzas, a fin de colocarlo a la defensiva; en este momento las acciones militares se realizan sobre todo contra las unidades militares revolucionarias, pero también se realizan muchas acciones contra la población civil insurgente en forma de masacres, sobre todo de las zonas liberadas y en las zonas de control; en esta fase las fuerzas extranjeras intervienen más, pues sus oficiales y especialistas participan ya en acciones militares aunque de manera encubierta. Cuando el movimiento revolucionario se encuentra en la fase de la ofensiva estratégica el esfuerzo fundamental del régimen va encaminado a contener su avance y desgastarlo en un proceso prolongado a fin de colocarlo nuevamente a la defensiva para aniquilarlo a largo plazo; en este momento la acción militar consiste, fundamentalmente en la defensa de las principales ciudades, en la recuperación de las ciudades que se encuentran en manos de los revolucionarios y en los intentos de recuperación de las áreas donde se encuentran las zonas liberadas, para lo cual realizan acciones que tienen como blanco tanto a la población civil como a la fuerza militar revolucionaria; en esta fase las fuerzas extranjeras pueden intervenir abiertamente y cuando lo hacen ingresan rápidamente para realizar una acción masiva y contundente, tratando de reducir al mínimo su estancia en el país agredido y evitando un empantanamiento como el que le ocurrió a Estados Unidos en Vietnam. [28]
Moverse al ritmo de los revolucionarios, pero a la ofensiva, para poderlos aniquilar, adaptarse a su desarrollo, combatirlos en cada momento de la manera precisa para esas y no otras condiciones. Así es la GBI.
La GBI opone, al esfuerzo propagandístico de las fuerzas revolucionarias, una permanente ofensiva propagandística nacional e internacional de su versión de los acontecimientos y el aislamiento informativo de las zonas en conflicto, para poder actuar a sus anchas, sin testigos, limitando el impacto que la información puede ocasionar en la población de zonas y sectores sociales y políticos aliados potenciales de la fuerza revolucionaria. Un ejemplo de tal política es lo ocurrido en la Guerra del Golfo, en la que el gobierno norteamericano hizo uso de su política de guerra ante los medios, evitando, a toda costa, que al público norteamericano llegara información de las atrocidades causadas por los ataques de sus fuerzas contra Irak. [29] De esta manera al público llegaba casi exclusivamente la información oficial y se evitó que dentro de la sociedad norteamericana pudiera formarse una opinión contraria a la guerra. Y cómo iba a formarse si no llegaban a sus oídos y a sus ojos más que las voces que hablaban del carácter justo de la guerra (desde el punto de vista del gobierno norteamericano), de las victorias obtenidas, del carácter "quirúrgico" de las operaciones que supuestamente evitaba el daño a la población civil. Este aislamiento informativo, que se realiza restringiendo el acceso a las zonas en conflicto, se complementa con una censura más efectiva puesto que adopta la forma de autocensura por medio de presiones económicas (rigurosidad o exenciones hacendarias, otorgamiento o negación de subsidios disimulados por medio de inserciones publicitarias, de créditos o estímulos para el crecimiento y la modernización). Por medio de esta censura logra que no tengan acceso a los medios de comunicación las voces de los representantes del pueblo o de los movimientos en lucha.
Que nadie vea, que nadie oiga, que nadie sepa; que las imágenes de los niños y mujeres victimados no conmuevan a nadie, que los gritos de dolor no interpelen a las conciencias sensibles, que el conocimiento de las injusticias no mueva a nadie a actuar. Eso es lo que busca la GBI.
La GBI opone, al carácter justo de la lucha revolucionaria, un esfuerzo permanente por justificar la guerra contrainsurgente, y por hacer parecer como injustificada la lucha revolucionaria, tratando de abanderar consignas que puedan ser consideradas válidas por la población. Ejemplo de estas consignas son las de "la unidad nacional", utilizada para enfrentar la exigencia de autonomía de los pueblos indios, como hoy lo hace el gobierno mexicano ante la rebelión de los indígenas chiapanecos; la "defensa de la nación", usada cuando se pretende explicar las rebeliones como producto de la acción de extranjeros perniciosos; la "defensa de la sociedad", a la que se recurre cuando se acusa a los revolucionarios de ser terroristas, como lo hace Gran Bretaña en Irlanda, o Israel y Estados Unidos en los países de Medio Oriente, o aliados del narcotráfico, como lo hace Estados Unidos en Colombia o en Perú; "la protección de los derechos humanos", utilizada para la intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999; "la ayuda a la población" como lo utilizó en Somalia aparentando preocupación por la hambruna, y en Haití donde intervino supuestamente para evitar los enfrentamientos entre la población. También pretende el gobierno justificar su acción explicando la situación del país y su correspondiente impacto negativo en la población como causadas por la situación internacional para eludir la responsabilidad del gobierno nacional.
Ponerse el lobo la piel de la oveja y a la oveja colocarle la piel de lobo; hacer que nadie confíe en quien puede ayudarle a defenderse, pero sí en quien lo ataca. Eso es la GBI.
La GBI opone, a la vinculación natural de los revolucionarios con los sectores explotados, oprimidos y excluidos y con las personalidades y agrupaciones progresistas, una política de vinculación de esos sectores con el gobierno mediante la cooptación, en una política permanente encaminada a aislar a los revolucionarios de los sectores que son su base potencial y de las fuerzas que son sus aliados naturales. A esto van encaminados la solución a medias de los problemas más urgentes que enfrentan estos sectores, la aculturación y despolitización de los sectores indígenas, campesinos y urbanos humildes por medio de sectas religiosas pronorteamericanas, la cooptación de importantes líderes y los intentos por desprestigiar a los revolucionarios y minimizar los alcances de la lucha por el cambio. A este interés responden los esfuerzos por enfrentar a los revolucionarios armados con los demás sectores de la sociedad acusándolos de ser los causantes de las medidas antipopulares del régimen, las que en realidad forman parte de las políticas neoliberales. [30]
Aislar, dividir para vencer; que las víctimas parezcan responsables de sus propias desdichas y de las de los demás, ¡aparte de agredir, todavía responsabilizar a la víctima! Esto es la GBI.
La GBI opone, a la solidaridad internacional con la lucha revolucionaria, una lucha contrainsurgente globalizada, por la cual se manifiesta la solidaridad oligárquica internacional, en los aspectos económico, político y militar. La visión global lleva a que los estrategas de la GBI consideren que las diversas luchas populares que se desarrollan en diferentes partes del mundo forman parte de una lucha única contra el poder del imperialismo y que por eso deben enfrentarlas mediante una lucha contrainsurgente global. Por eso consideran que los países dominantes deben involucrarse, desde un principio en todas las luchas, aún en aquellas que se desarrollan en él último rincón del mundo. Dentro de esta estrategia consideran que la lucha contrainsurgente se desarrolla mediante líneas de defensa sucesivas en las que van recayendo los esfuerzos principales en cada momento y que se van abandonando conforme a un plan y en dependencia del grado de desarrollo del conflicto. La primera línea de defensa se realiza con las fuerzas del propio país más la asesoría y preparación de las fuerzas locales por parte de las fuerzas externas, mientras que la última cuenta con la intervención directa de las fuerzas militares extranjeras mediante una entrada rápida y una acción fulminante para retirarse lo más pronto posible a fin de no empantanarse en un conflicto prolongado; entre ambas existen otras líneas que implican una participación cada vez mayor de las fuerzas extranjeras pero tratando siempre de evitar llegar a la última línea, considerada el límite extremo. Manifestación de esta solidaridad oligárquica son los préstamos de emergencia que se hacen a los países que enfrentan el surgimiento o el fortalecimiento de los movimientos armados, como ha sucedido en México ya en dos ocasiones (al iniciarse el levantamiento del EZLN y durante el llamado "error de diciembre"). Otro ejemplo es la participación de asesores de diferentes naciones en las luchas contrainsurgentes, como es el caso de la participación de expertos israelíes, franceses, norteamericanos, e ingleses en casi todas los países que enfrentan luchas insurgentes. Una forma más de manifestación de la solidaridad oligárquica es la realización de asesinatos o persecuciones de dirigentes revolucionarios a través de diferentes países y con la colaboración de los aparatos aparatos de inteligencia que se coordinan en un solo esfuerzo como ocurrió con la detención de Abdullah Ocalan, dirigente de los kurdos en cuya captura participaron agentes del Mossad israelí, de la CIA norteamericana y de la inteligencia de Turquía y que contaron con la colaboración del gobierno de Grecia. Al mismo tiempo, intenta aislar a los revolucionarios de todo tipo de solidaridad internacional tanto por medio de campañas propagandísticas como del hostigamiento a los periodistas nacionales y extranjeros, a los defensores de los derechos humanos y a los observadores internacionales.
Concentrar fuerzas en el lugar, en el momento y contra el objetivo preciso. ¡Todo para unos, uno contra todos! como mosqueteros neoliberales; muchos Goliats contra un David. Eso es también la GBI.
La GBI opone a la clandestinidad de los revolucionarios, la clandestinidad de una parte de sus fuerzas represivas, que ya sea como grupos paramilitares formados por civiles, como unidades clandestinas dentro del ejército, o como unidades introducidas directamente desde los países dominantes, desarrollan la guerra sucia contra el pueblo. Por medio de estas unidades desarrolla la guerra sucia contra el pueblo, pues así como los paramilitares, principalmente, realizan la lucha contra la población considerada base de apoyo de la guerrilla, las unidades clandestinas dentro del ejército eliminan selectivamente a los dirigentes populares o a los sospechosos de tener vínculos con la insurgencia o a las personalidades políticas o militares que pudieran romper la homogeneidad de los cuerpos militares o la unidad del régimen, las unidades extranjeras buscan realizar golpes de mano que conduzcan al aniquilamiento de los cuadros más importantes del movimiento revolucionario. Desde luego que esta división del trabajo no es tan literal sino que existe una combinación de tareas en dependencia de las circunstancias concretas. Esta forma de combatir, en una guerra contrainsurgente causa más bajas a la revolución que las que hacen sus fuerzas armadas legales, pues multiplica su fuerza y, les garantiza impunidad a sus ejecutores. Los asesinatos de Ellacuría y de varios otros sacerdotes jesuitas en El Salvador en 1989, de Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de El Salvador, del comandante guerrillero Baca en Guatemala, son algunos de los ejemplos más sonados de la actividad de estos grupos clandestinos del régimen.
Guerra sucia contra el pueblo; asesinatos, como si los que luchan no tuvieran derecho a existir; desapariciones, como si los que fueron llevados vivos nunca hubieran existido; tortura, como si los torturados no tuvieran derechos humanos, o aún peor, como si no fueran humanos, o todavía peor, como si no fueran seres vivos. Nadie se hace responsable; impunidad total. Eso es la GBI.
La GBI opone, al presente de lucha y a la esperanza de una sociedad justa en el futuro, que ofrece la lucha revolucionaria, una oferta de diálogo y paz social inmediata con mejoras sociales. Sabedores de que la motivación de gran parte de la población que se incorpora a la lucha revolucionaria es la conquista de una sociedad justa, los estrategas de la GBI intentan descalificarla, presentando esa aspiración como una utopía y tratando de sensibilizar a la población acerca de las pérdidas que pueden haber de realizarse o incrementarse la guerra popular. Al mismo tiempo impulsan el planteamiento de que, en todo caso, pueden lograrse mejoras sin necesidad de una guerra. Para ello, de manera preventiva, dedican grandes esfuerzos y recursos a atender las zonas marginadas y contraponen el "sombrío futuro de la guerra" al "brillante presente de paz social" para intentar desmovilizar a la base de apoyo de las fuerzas revolucionarias y neutralizar a la sociedad civil. En ese esfuerzo se recurre a mecanismos diversos como los financiamientos de emergencia a los regímenes que enfrentan problemas de insurgencia y a la intervención (bajo la figura de sociedad civil, aunque no lo sean en este caso) de Organizaciones No Gubernamentales financiadas por organismos y fundaciones internacionales en las regiones conflictivas para impulsar proyectos económicos y sociales que tienen como objetivos principales alejar a la población de la lucha por el cambio y forjar liderazgos nuevos, ligados a los planteamientos de esos organismos y fundaciones para que disputen la influencia social a los partidarios de la lucha revolucionaria.[31] A medida que la fuerza revolucionaria crece se le intenta conducir a la mesa de negociaciones para ganarle en la mesa lo que no se le puede ganar en el campo de batalla, para desmovilizarla o, cuando menos, para aprovechar para avanzar en la preparación de un golpe de mano que pueda conducir a la captura o el asesinato de los dirigentes. En realidad, la paz que ofrece es la de los sepulcros. También se llega a ejercer presiones contra los gobiernos reacios a ello, bajo la amenaza de intervención, del retiro de ayuda o del empeoramiento de la situación económica, política.
Diálogo mientras prepara el asesinato. Migajas a cambio de paz; pero una paz sin dignidad. De un lado paz, del otro guerra; indefensión de un lado, impunidad del otro. Esa es la GBI.
La GBI opone a las expectativas democráticas de la lucha revolucionaria, una democracia formal y limitada, a la que se ha dado en llamar Democracia de Baja Intensidad. Por medio de una caricatura de democracia intenta despojar a la lucha popular de una de sus más importantes banderas sin correr el riesgo de un cambio, pues, al mismo tiempo que implementa un sistema formalmente democrático, en realidad niega al pueblo la participación efectiva en la toma de decisiones. Y esto es así, porque lo debatible se limita a un espacio muy reducido y trivial, en tanto que los temas en verdad más importantes sobre la conducción política y económica de la sociedad están fuera de su alcance y en esos aspectos se gobierna por decreto. En este sentido, el concepto de ciudadanía, aunque se exalta ridículamente, pierde todo su contenido: se le acota por todas partes y se le manipula, pues las movilizaciones populares se limitan cada vez más al endurecer la legislación y la acción gubernamental contra los participantes en acciones políticas; las elecciones dejan de ser un medio por el cual el pueblo puede intervenir en la determinación de la política nacional, ya que la práctica de los gobernantes está totalmente alejada de sus promesas de campaña; no son los programas políticos sino la mercadotecnia lo que guía las campañas políticas; éstas se convierten en chismorreo no en confrontación de ideas. Se busca crear una 'ciudadanía' atomizada, que no pueda unirse para actuar socialmente en búsqueda de alternativas. Se trata de crear y aprovechar un clima de delincuencia y degeneración social o introducir y conectar a los grupos más marginales al tráfico de drogas y luego clamar por una mano dura que imponga la "tolerancia cero"; se reducen aparentemente algunos cuerpos de seguridad, pero se les permite que sigan operando de muchas formas clandestina e impunemente; se promueve la delincuencia negando oportunidades para la educación, el empleo y la salud. De este modo se busca romper el tejido social y las relaciones de solidaridad, pues cuando la DBI tiene éxito todos operan bajo la impresión de que los demás son delincuentes y de que sólo el gobierno puede ofrecer orden y de que no es posible relacionarse social y solidariamente con otros. Pero, por las dudas y por las mismas reacciones populares que pueden generar, el Estado atemoriza a todos y anda dando palos cuando y donde pueda, llegando al terrorismo abierto contra los opositores que considera más peligrosos. [32]
Democracia limitada, acotada por todos lados; tejidos sociales rotos, solidaridad cero. Esa es la GBI.
Actualmente y para adaptarse a la revolución en la informática, la GBI, se ha enriquecido con dos nuevas características que influyen enormemente en casi todos los principios que habíamos señalado. Esas dos nueva características son la Guerra Cibernética y la Guerra de Redes. [33]
La GBI opone, a una lucha popular que se basa en la masividad, una nueva forma de la guerra, la Guerra Cibernética (Cyberwar), entendida como una guerra conducida de acuerdo a los principios relacionados con la información y realizada con los últimos adelantos tecnológicos. [34]
Este tipo de guerra parte de que la información y las comunicaciones juegan un papel de la máxima importancia en la guerra, por eso se basa e

